Mientras contesta, mantiene sus ojos siempre fijos hacia adelante: siempre imperturbables, siempre enfocados en el objetivo. Sus ojos obcecados son los de un Girona que, tozudo, tras caer muchas, demasiadas, veces al fango anhela, ansía, volver a los cielos, a Primera. “Es el sueño que tenemos todos los que jugamos al fútbol desde niños y cuando estás tan cerca no te queda otra opción que dejarte la piel los 90 minutos. Eso es lo que haremos. Haremos todo lo posible. Somos conscientes de que es una gran oportunidad, de que es una oportunidad única. Somos conscientes de la responsabilidad de estar en la final del play-off: lucharemos con el corazón y jugaremos con la cabeza para hacer realidad el sueño. La concentración, la ilusión y el optimismo son máximas en el equipo”, empieza Enric Franquesa (Sant Cugat del Vallès, Barcelona; 1997); el veloz e incansable ‘3’ de un Girona que este domingo recibirá al Rayo en Montilivi en el partido de vuelta de la final del play-off de ascenso a Primera, tras vencer por 1-2 en Vallecas con tantos del propio defensa catalán y de Mamadou Sylla para remontar el 1-0 inicial de Isi Palazón.

La brutal dinámica del Girona, que ha sido el mejor equipo de la segunda vuelta en la categoría de plata y que apenas ha encajado una derrota en los últimos 12 partidos y dos en los últimos 21, ha convencido a Montilivi de que este tiene que ser el año, después de los intentos frustrados en las tres finales de play-off anteriores: ante el Almería en la 2012-13, contra Osasuna en la 2015-16 y contra el Elche, en la 2019-20, ya con Francisco Rodríguez en Montilivi. Tras estrenarse en la LFP jugando a préstamo y con nota en el Mirandés, donde coincidió con Andoni Iraola, ahora técnico del Rayo, y donde hizo historia al llegar a las semifinales de la Copa del Rey; Franquesa recaló en Girona, en calidad de cedido por el Villarreal, apenas cuatro días después del aciago e inolvidable 23 de agosto de 2020 y de ese cruel cabezazo de Pere Milla. “Llegué en un momento delicado para el club. Porque venían, veníamos, de un golpe importante. Pero llegué con muchas ganas y me encontré un vestuario con gente humilde, con gente sencilla”, prosigue el jugador rojiblanco de 24 años, imprescindible para Francisco, sobre todo en este tramo final del torneo, y autor de cuatro tantos que le colocan como tercer máximo goleador del Girona del curso, empatado con Yoel Bárcenas (4) y solo por detrás de Cristhian Stuani (10) y de pichichi del equipo, Sylla (11).

 

“La ciudad y la afición son de Primera. Ahora solo falta que el equipo también lo sea. El fútbol existe para dar alegrías a la gente. No lo jugamos para nosotros. Sino para hacer feliz a la gente”

 

“Es innegable que la primera vuelta no fue buena. Desde el principio tuvimos muchas adversidades, con expulsiones y lesiones. Nos pasaba de todo”, apunta Franquesa, reviviendo la frustración y la angustia de unos días en los que Girona llegó incluso a plantearse si su equipo debía priorizar mirar hacia abajo para no sufrir antes que mirar hacia arriba para soñar, pero, a la vez, insiste en remarcar que, “pese a todo, el equipo jamás ha dejado de creer en sí mismo y de competir, como lo demostró en los dos derbis contra el Espanyol o en el partido de la primera vuelta en Almería, logrando un empate con ocho futbolistas. Salgan bien o mal las cosas, aquí la actitud siempre es innegociable. Y poco a poco, trabajando siempre desde la humildad y desde la unidad, hemos demostrado que el Girona continúa siendo un equipo competitivo. Y un equipo preparado para estar en la élite. Hemos tenido la suerte de contar con un vestuario con gente nueva y joven y con gente con experiencia que ha vivido las eliminatorias en las que el Girona ha caído y el resultado de esta combinación es ideal: hay muchísimas ganas de hacer realidad el sueño y a la vez mucha prudencia y concentración”.

La convivencia entre los jóvenes que miran hacia adelante para soñar, propulsados por el hambre de la juventud y con la mente libre de desilusiones pasadas, y los que miran hacia atrás para no olvidar lo mucho que se ha llorado en Montilivi ha impulsado al equipo; liberado y emancipado de las losas, las presiones y las obligaciones que tanto le atormentaron y le martirizaron la temporada pasada. Y fiel al orgull gironí que proclama, y transformando los errores y los hándicaps en oportunidades y en abono para ir alimentando sus opciones, ha ido ganando velocidad hasta situarse a un paso, a un solo paso, de conquistar la luna y de poner la guinda a unos años increíbles, los mejores, sin lugar a dudas, de la nonagenaria historia del club: en las últimas siete temporadas ha jugado cuatro veces el play-off, con tres finales, ha logrado un ascenso –en la 2016-17, de manera directa tras acabar segundo– y ha militado dos cursos en Primera.

Pese a que todo indica que lo es, y más después del 1 a 2 del pasado domingo, el Girona rehuye la etiqueta de favorito al billete hacia Primera División. “No lo siento así. Antes se decía que el Girona no era ni candidato al play-off y ahora se dice que es el favorito. Los extremos no son buenos. El Rayo es un gran equipo ha estado toda la temporada en play-off. Tenemos la ventaja del partido de ida y somos conscientes de que estamos haciendo bien las cosas, en una buena dinámica, pero no somos favoritos”, subraya Franquesa. No quiere imaginarse lo que sería subir. Quiere hacerlo: “No pienso en el lunes. Girona ya ha vivido muchas experiencias duras con ascensos frustrados. No se ha logrado nada. No hay nada hecho todavía, no sirve de nada pensar en el lunes o en el martes ahora. Hoy no toca. Si subimos ya lo celebraremos. Pero antes habrá que trabajar mucho. Solo podemos y debemos pensar en el domingo. En prepararnos de la mejor forma posible, en hacer las cosas de la mejor forma posible”, añade; feliz en Girona y en el Girona, como evidenció e ilustró el domingo al besar el escudo en la celebración del gol que, al filo del entretiempo, cambió el signo de la final del play-off.

La naturaleza del Girona, un equipo acostumbrado a levantarse tras cada caída, enamora, acentúa Franquesa. “El fútbol es presente. Y lo que único que importa ahora mismo es que el Girona juegue el año que viene en Primera. A partir de aquí ya se verá qué pasa, porque soy propiedad del Villarreal y no todo depende de mí, pero aquí me siento muy querido y muy valorado. Y muy identificado con el Girona. Cuando te dedicas a la que es la mejor profesión del mundo y lo haces con tu gente, y en tu casa, el placer es todavía más grande. Ese beso es un reflejo más de que estoy disfrutando mucho, muchísimo, aquí. El Girona está haciendo muy bien las cosas en los últimos años. Es un equipo grande que está hecho para tener éxito, para hacer grandes cosas, y es un club con mucho carisma que ha ido ganando masa social y aficionados: que los niños y las niñas de Girona ya no sean del Barça, del Madrid o del Espanyol, sino del Girona, tiene mucho mérito, y ahora queremos dar continuidad a todo este proceso subiendo a Primera”. Franquesa y el Girona quieren regalarles un nuevo ascenso a todos los aficionados del Girona, desde los más mayores hasta los más jóvenes, desde los históricos hasta los que se han ido acercando a Montilivi, atraídos por la esencia de un club con una historia única, y particularmente dolorosa: “La ciudad y la afición son de Primera. Ahora solo falta que el equipo también lo sea. El fútbol existe para dar alegrías a la gente. No lo jugamos para nosotros. Sino para hacer feliz a la gente. Ahora queremos que Girona sea feliz y disfrute. Se lo merece”.

 


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Fotografías cedidas por el Girona FC.