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Campo do Val, Coruxo, Vigo. Corre el minuto 90 cuando el equipo local, el Coruxo, de Segunda B, está a escasos minutos de lograr la clasificación para la siguiente ronda de la Copa del Rey, para meterse en los treintaidosavos de final. El marcador ilumina un 4-3. Pero pronto se convertirá en un 4-4 cuando, desde los once metros, Álvaro Rey alarga la vida del Mirandés durante, al menos, media hora más. “Esto es lo bonito del fútbol, en un instante puede cambiar todo. Estábamos prácticamente fuera”, recuerda a Panenka un Enric Franquesa (Sant Cugat del Vallès, 1997) que, recién llegado al conjunto ‘rojillo’, poco tiempo ha necesitado para entender, comprender, la esencia del Mirandés, un equipo muy dado a estas hazañas, un club que “siempre ha vivido grandes noches”.

Grandes noches como la del Coruxo, sentenciada con el 4-5 en el 119’, obra de Martín Merquelanz; o como la de la siguiente ronda del torneo del KO, frente al UCAM Murcia, también de Segunda B, también lejos de Anduva, con otro tanto de Álvaro Rey, esta vez para darle la victoria al Mirandés (2-3) a falta de solo cinco minutos para que la suerte de los penaltis decidiera el vencedor de la eliminatoria en una Copa del Rey que se ha tornado, con su nuevo formato, en espectáculo, emoción y suspense allá por donde ha rodado el balón a lo largo del territorio español. “Es más justo para todos. Los equipos de menos categoría tienen más posibilidades de dar la sorpresa. Nuestro fútbol está muy avanzado, hay muy buenos jugadores, y la diferencia entre categorías es mínima. Vas al campo de un Segunda B y tienes que competir, tienes que hacerlo bien”, apunta Franquesa.

Tras doblegar a Coruxo y UCAM, el Mirandés ya estaba en dieciseisavos. El plan, la estrategia de los burgaleses, salió tal y como ellos deseaban: “Desde el primer partido, enfocamos la Copa conscientes de que si éramos capaces de competir bien contra dos Segundas B, si nos nos relajábamos, tendríamos la oportunidad de jugar contra un Primera”. Dicho y hecho. El Celta de Iago Aspas, Rafinha, Sisto y compañía debía presentarse en Anduva, “un estadio bastante diferente a los demás, un campo donde quizás el césped es más pesado y la afición está muy encima. Tiene una fuerza especial, sentimos el calor de la gente. Y esto nos ayuda muchísimo. Nos sentimos muy fuertes ahí”. Muy rápido pudo comprobarlo en sus propias carnes el Celta. Antes de la media hora de juego, un penalti transformado por Matheus Barrozo ponía cuesta arriba la clasificación para los vigueses y solo un destello de calidad de Pione Sisto en el segundo tiempo, con un sensacional disparo desde más allá del balcón del área, permitió que los ‘celestes’ permanecieran con vida hasta el minuto 114, cuando Antonio Sánchez sentenció el duelo con el definitivo 2-1. “Le dimos una intensidad al juego muy alta y eso nos permitió que el Celta llegara a los últimos minutos muy cansado. Forzamos la prórroga y provocamos la expulsión de Rafinha. A partir de ahí pudimos llevarnos la eliminatoria”, explica el lateral zurdo catalán antes de aclarar que “en partidos así, la mentalidad es totalmente diferente a la de la liga. Es una experiencia que quizás nunca vuelva a pasar. Hay poco que perder y mucho que ganar”.

 

“Hay ganas de hacer que la gente sea más feliz, que se lo pasen bien con nosotros”

 

Seguían vivos en la Copa. Se habían cargado a un Primera. Pero la liga, “la competición que te da de comer”, no frena, no se detiene, y continua su curso. “Estamos en una buena situación [undécima posición, 35 puntos]. Tenemos un partido menos, y con una victoria podríamos entrar en el play-off. Al final, la Copa es un foco mediático que nos está dando confianza para afrontar la liga”. Unas sensaciones, magníficas, inesperadas, que distan mucho de lo que se palpaba al principio de temporada. El Mirandés llevaba consigo la etiqueta de novel, de ser el equipo con el presupuesto más bajo de la categoría, de ser un recién llegado al que pocos temían. La etiqueta, medio año después, se ha esfumado por completo, ya nadie la recuerda. “Ahora es un poco al revés, los equipos lo enfocan diferente. Antes de empezar el partido ya sentimos esa sensación de que el rival nos respeta más”.

Y esa sensación, aplicada también con convencimiento en la Copa del Rey, catapultó al Mirandés a una nueva ronda. Otro Primera visitaba Anduva. Esta vez, el Sevilla de Julen Lopetegui. “Es un equipo prácticamente de Champions y, hostia, se notaba en el ritmo, en la velocidad del juego”. Se notaba, pero no fue suficiente para superar a un Mirandés con la directa puesta hacia los cuartos de final después de un partido colosal del equipo dirigido por Andoni Iraola. Un imponente 3-1 (Matheus Barrozo, por partida doble, Álvaro Rey; Nolito) iluminaba el electrónico al término de un encuentro que, según Franquesa, “es más fácil enfocarlo desde el lado del Mirandés”. “La mentalidad es: ‘¿Te imaginas que soy capaz de robarle el balón a Navas, regateármelo, eliminar al Sevilla?’. Te haces estas preguntas. Todas positivas”. Y así, con esa mentalidad, hasta el último suspiro, hasta sentir “un alivio y un placer brutal” cuando el colegiado Jaime Latre hizo sonar su silbato para decretar el fin del encuentro. Otro equipo de Primera División al que dejaban en la lona. Estaban en cuartos de final de la Copa del Rey.

Ahora, a solo 90 minutos de plantarse en las semifinales del torneo del KO, las miradas vuelan directas a 2012. Hace ocho años, el Mirandés, por entonces en Segunda B, se plantó a un paso de la final copera después de barrer de su camino a tres conjuntos de Primera División -Racing, Villarreal y Espanyol-. El Athletic, el último escollo para plantarse en el duelo decisivo, no permitió que aquel equipo liderado por un inolvidable Pablo Infante escribiera con letras aún más gigantes una historia al alcance de muy pocos. Quizá por ello, o quizá por otros episodios vividos antaño, Enric Franquesa asegura que “en Miranda de Ebro la Copa del Rey hace especial ilusión. Cuando vas eliminando al Celta, al Sevilla, la gente va recordando lo que pasó hace años con la generación de Pablo Infante, que llegó a semifinales. Yo llevo en el Mirandés apenas siete meses y noto la pasión que me transmiten con todo lo vivido aquí en la Copa del Rey. Entonces, tenemos esta ambición de decir: ‘Imagínate que lo volvemos a repetir’”. Una pasión, una ilusión, que recorre todas las calles de un Miranda de Ebro que solo respira el color rojo de la camiseta del club de la ciudad, de ‘su’ club. “Es muy pequeña, prácticamente un pueblo. Cuando vas por la calle te reconocen; el día a día de la ciudad es el club. La gente no es ni del Madrid ni del Barça, es del Mirandés. Todos están muy unidos al equipo”. Así, con una localidad de apenas 35.000 habitantes, pero tan mimetizados con el equipo, la conexión que se respira entre jugadores y aficionados es lo que ha llevado al Mirandés y a su gente a soñar con repetir, o incluso, por qué no, superar, la gesta de 2012.

Un partido dista al Mirandés de replicar lo acontecido hace ocho años. Enfrente, el Villarreal, precisamente el mismo equipo del que procede Enric Franquesa en calidad de cedido. Un cruce que, quizá, por sentimientos encontrados, no es el que hubiera querido el excanterano del FC Barcelona. “Preferiría que ambos llegáramos a las semifinales. Uno de los dos quedará eliminado y no es ninguna alegría”, sentencia antes de señalar que, a su vez, será también “un día especial”. “Tengo ganas e ilusión, pero también la obligación y la responsabilidad de hacerlo bien; estar a la altura porque el Villarreal tiene que llevarse una buena impresión de mí”. Para lograr sus objetivos, tanto individuales como colectivos, Franquesa tiene muy claro cómo debe encarar el partido el Mirandés. Imagina “un escenario bastante parecido” a lo vivido en las dos anteriores eliminatorias ante Celta de Vigo y Sevilla. “El Villarreal, con su propuesta ofensiva, tendrá más el balón. Y nosotros, como somos valientes, seguiremos con el mismo papel: jugar adelantados, presionar arriba y, en cuanto recuperemos la pelota, atacar rápido”, analiza con vistas al partido de este miércoles.

Coruxo, UCAM Murcia, Celta y Sevilla han vivido en esta 19-20 lo que ya presenciaron ocho cursos atrás Amorebieta, Linense, Logroñés, Villarreal, Racing y Espanyol; el poder de una ciudad que lleva en volandas a su equipo por la competición del KO. Ahora, a un paso de igualar la mejor experiencia del Mirandés en la Copa del Rey, Enric Franquesa tiene claros sus deseos: “Hay ganas de hacer que la gente sea más feliz, que se lo pasen bien con nosotros”. Tan simple como eso. Salir al campo, disfrutar y hacer que disfrutemos.