La selección galesa de fútbol se convirtió el pasado verano en el centro de atención de medio mundo cuando en su primera participación en la fase final de una Eurocopa lograba alcanzar un increíble tercer puesto que destrozaba todos los pronósticos. El combinado que lidera el espigado Gareth Bale, que tiene un papel más estelar que nunca cuando representa a su país, superaba a las grandes potencias continentales y gritaba a los cuatro vientos aquello de “cuando no se teme soñar, tampoco asusta fallar”.

Desde aquel momento Gales es otra cosa. Se ha ganado la simpatía y el respeto del mundo del fútbol hasta tal punto que las apuestas la sitúan como favorita en su grupo de clasificación para el mundial de Rusia 2018, y eso a pesar de que solo en una ocasión ha alcanzado el logro de estar en un mundial, algo que consiguió hace casi 60 años. ¿Quién lo iba a decir?

Detrás de todo el esfuerzo y la ilusión de este equipo se adivinaba la silueta de un hombre al que el éxito le ha llegado a los 46 años. Chris Coleman, un central que en ocasiones fue reconvertido a delantero, no logró ser leyenda cuando vestía de corto a pesar de haber disfrutado de una respetable carrera en el fútbol inglés. Aquella aventura terminó cuando tenía 30 años y era capitán del Fulham. Su pasión por la velocidad le pasó factura de forma cruel, cuando un siniestro a bordo de su Jaguar le provocó las suficientes fracturas en una de sus piernas como para tener que colgar las botas.

Tras sacar su título de entrenador, y ayudado por los servicios prestados al Fulham en la cancha, el millonario y dueño del club, Mohamed Al-Fayed, le brindó la oportunidad de dirigir al equipo tras la destitución del francés Jean Tigana. Aquella precoz aventura comenzó de forma ilusionante, con Coleman llevando a su grupo hasta la novena plaza final de la Premier League. Sin embargo, los tiempos de bonanza no suelen ser prolongados en su profesión y después de dos discretas temporadas fue cesado.

Tras la salida del que había sido el club de sus amores, Coleman es requerido por la Real Sociedad de Sebastián, donde iba a vivir uno de los peores episodios de su carrera como técnico. El galés se presentaba una hora y media tarde a la rueda de prensa previa a un partido, lo que le costaba un expediente disciplinario. Pese a que en un primer momento se excusó achacando el retraso a un problema doméstico, posteriormente y en un arranque de sinceridad reconocía que “había tenido problemas con el txakolíla noche anterior.

La salida de la Real Sociedad

1440607694_170764_1440607826_noticia_grandeCuriosamente, las cosas no marchaban del todo mal en el aspecto deportivo y el equipo donostiarra, que por aquel entonces militaba en la Segunda División, se encontraba a un solo punto del ascenso, algo que el técnico había logrado dando cancha a un buen número de jugadores de la cantera. Sin embargo, desavenencias con el recién llegado presidente Iñaki Badiola en relación a los fichajes provocaron su salida prematura del equipo.

Su carrera como técnico vivió entonces sus peores momentos tras el paso por clubes como el Coventry City o el AE Larissa de la Segunda División griega, pero fue justo tras esos fiascos cuando le llegó una oportunidad que iba a cambiar su carrera de forma radical. El que fuera su compañero en la selección galesa Gary Andrew Speed, que en ese momento ejercía de seleccionador de Gales, lo reclamó como ayudante para la selección nacional. Poco tiempo después, en enero de 2012, su amigo Speed era encontrado muerto en su domicilio de Chester, y Coleman se veía obligado a ponerse al frente del equipo nacional. Con el paso de los años, Coleman llegó a reconocer, concretamente en el libro “Together Stronger”, que en aquel difícil momento llegó a sentir que estaba traicionando a uno de sus mejores amigos mientras se sentaba en su sitio, algo que hizo mucho más difícil su adaptación al puesto.

untitled-article-1465476712-body-image-1465477255

De hecho, sus comienzos como seleccionador fueron tan complicados que, tras su segundo partido, en el que su equipo perdió 6-1 contra Serbia, Coleman estaba totalmente decidido a dimitir. Más tarde desvelaría que su padre fue quien evitó que lo hiciera y le obligó a levantarse. Aquello supuso un antes y un después en su trayectoria como técnico. Como en otras ocasiones decidió dar su confianza a los jóvenes, y entregó el brazalete de capitán a un Aaron Ramsey que por aquel entonces tenía tan solo 21 años, y el liderazgo del equipo a un jovencísimo Gareth Bale.

Gales hizo historia clasificándose por vez primera para disputar una fase final en la Euro 2016 tras imponerse a selecciones como Bélgica, Bosnia Herzegovina, Israel, Chipre y Andorra. Llegados a ese punto, se trataba solo de disfrutar el momento y llegar lo más lejos posible. Tan lejos llegó el equipo de Coleman, que maravilló a toda Europa y, pese a la irremplazable baja de Ramsey y a las molestias físicas de Bale, luchó con uñas y dientes contra Portugal en semifinales para tratar de jugar la final en su primera participación en una Euro. No lo logró, pero tanto el equipo como los aficionados se despidieron de la competición como triunfadores. Durante ese campeonato, muchos se han sentido “dragones” y han disfrutado con la canción de Catatonia, un tema que ya se ha convertido en un himno. “Cada mañana, cuando despierto, doy gracias a Dios por ser galés”.

El triunfo de Gales era además la gloria para un entrenador como Coleman que, pese a sus errores de juventud, siempre trabajó duro para alcanzar el éxito. Un Chris Coleman que durante su recorrido en Francia no se cansaría de repetir una y otra vez que “no hay un solo día que no piense en Gary Speed”. Sin duda ese fue el mejor homenaje hacia su gran amigo.