Tantas cosas negativas que es tremendamente difícil decantarse por una sola, incluso más que jugar a ser seleccionador e intentar confeccionar una lista de 23 futbolistas para el Mundial. Quizás, uno de los hechos más desoladores de los últimos meses (y más reveladores del triste presente que vive el país) ha sido el constatar que Cristina Cifuentes no acabó dimitiendo de su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid por las escrupulosas investigaciones periodísticas que desvelaron que había conseguido un máster en la Universidad Rey Juan Carlos de forma fraudulenta; sino por un vídeo de 2011 distribuido, de manera interesada, por un conocido periódico digital en el que se podía ver a la política madrileña, vicepresidenta primera de la Asamblea de Madrid por aquel entonces, en un cuarto de seguridad de un centro comercial tras ser descubierta por el personal al intentar sustraer unas cremas anti-edad.

En 2010, cuando España celebró la consecución de su primer título de la Copa del Mundo con una rúa multitudinaria por las calles de Madrid, Esperanza Aguirre e Ignacio González, los dos polémicos predecesores de Cristina Cifuentes en la presidencia de la Comunidad de Madrid, festejaron el triunfo desde un balcón de la Gran Vía adornado con una gran rojigualda junto a Francisco Granados, que en aquel momento era el secretario general del Partido Popular (PP) de Madrid. Ocho años después de aquel feliz verano de 2010, con los cuatro políticos mencionados desposeídos de sus cargos por la sombra de la corrupción, si la selección española es capaz de alzar el trofeo de campeona del mundo al cielo de Moscú habrá que estar atentos a quién trata de utilizar el éxito deportivo para esconder sus miserias.

 

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