Luis Rioja: “Yo no era futbolista, yo era camarero en el Bar Conejo”

Quizás es por casualidad. O quizás, que Luis Rioja (Las Cabezas de San Juan, Sevilla; 1993) salga de espaldas en su foto de perfil de Twitter, es porque para él el apellido que representa es más importante que su cara. Porque, en medio de este fútbol de extraterrestres, de semidioses, Luis es un tío normal que comparte las stories de Instagram en las que lo etiquetan, como mis amigos futbolistas que ansían tocar la élite a la que él ya ha llegado, y que en sus primeras fotos colgadas en Instagram sale con la L del carné de conducir, como yo, como tantos de nosotros. [Puedes seguir leyendo aquí]

Aimar nos lo advirtió

¿Veremos partidos a cámara rápida en el futuro? Asusta imaginarlo, pero la creciente obsesión por no perderse nada podría llevarnos a un punto en que ‘hacernos una idea’ del juego sea suficiente. Aunque por ahora el directo conserve su atractivo (no intacto), hace tiempo que la dictadura del highlight gana terreno a los 90 minutos. Pablo Aimar, un genio que habla como jugaba, ya advirtió que “somos la última generación que ve partidos completos”. [Puedes seguir leyendo aquí]

El Calderón que pervivirá

Como tantas otras veces, me he bajado en el metro de Pirámides. He subido a la superficie, Paseo de las Acacias. Mis pasos se han encaminado a la glorieta de los dos obeliscos, junto al Puente de Toledo. Veo personas que van a trabajar, otras haciendo deporte, niños pequeños con sus abuelos, los comercios que acaban de abrir sus puertas. Me esfuerzo por encontrar alguna camiseta rojiblanca, algún pantalón con el escudo del Atleti, alguna gorra. No veo nada. Me entristezco. [Puedes seguir leyendo aquí]

Yo quiero perder como Aguirre

Nunca he conocido a nadie que le guste perder. Y lo gracioso es que nos pasamos la vida perdiendo. Desde lo más banal hasta lo más trascendental. Todo, absolutamente todo, se va despidiendo como el agua por el desagüe y nunca vuelve. El tren, familiares que nos dejan, amigos que toman diferentes vidas, un juego de cartas, el dinero, unas partidas a la Play, una vacante para un puesto de trabajo, la pareja. Lo que sea. Todo lo perdemos. Vivimos perdiendo. Y entonces, ¿por qué nos atrae tan poco la derrota si al fin y al cabo forma parte de nuestro estilo de vida? ¿No nos estaremos olvidando de leer entre líneas el concepto? [Puedes seguir leyendo aquí]

Kike Barja: “Osasuna es mi vida”

Es un ejemplo de resiliencia. De humildad. De constancia. De perseverancia. De superación. Pero Kike Barja (Noáin, Navarra; 1997) lo niega. Lo niega todo, como Joaquín Sabina. Y durante los más de 140 minutos que dura la conversación, repite una infinidad de veces, cerca de 50, que él solo es un afortunado y un privilegiado. Se le caen de los bolsillos, también, los joder; como a todas aquellas personas a las que cuando les salen bien las cosas son incapaces de contener la alegría que sienten y el entusiasmo que corre por sus venas. [Puedes seguir leyendo aquí]

“En Inglaterra eres del equipo de la ciudad en la que naces”

Es capaz de reírse de sí mismo, trabaja muchas horas, sus palabras transmiten su pasión, creó un proyecto que llevaba imantado en los huesos y que tiene una comunidad que es una enorme familia y que es el gran pulmón del medio. Desde su casa en Madrid, mientras el sol ya lleva unos días alargando sus horas y en las calles paradas reina una rara calma, Ilie Oleart (Barcelona, 1974) repasa su vida, algunos de sus trabajos y habla de ese libro que tanto le piden. [Puedes seguir leyendo aquí]

Bienvenidos a la Revolución Gallardista

Así es Gallardo en la intimidad. Exige a todos y controla todo. “Está en todo y es muy demandante”, asegura más de uno. “En todos los detalles, te diría, desde la ropa hasta la comida pasando por los viajes. Cómo vamos hasta tal o cual ciudad, a qué hora, por qué ruta, donde nos alojamos”, cuenta Eduardo Barrionuevo, el dirigente que más tiempo comparte con el plantel y en quien más confía Gallardo en el día a día, una especie de jefe de equipo. Marcelo se detiene en cuestiones mínimas que, para otros, serían ridículas. [Puedes seguir leyendo aquí]

Nadie cree a Neymar

Queda poco más de un mes para que se cumplan tres años de aquella remontada histórica del Fútbol Club Barcelona ante el Paris Saint-Germain. Tres años de aquella épica foto que se llevó Leo Messi pero que pertenecía a Neymar Junior. En este tiempo el brasileño no sólo no se ha acercado a ese número uno que parecía perseguir cuando cambió Barcelona por París, sino que de hecho, para la opinión pública, que es juez pero que también siempre es parte, éste ya no está a su alcance. [Puedes seguir leyendo aquí]

Y ahora, ¿dónde me destrozo la rodilla?

Ni retorno glorioso. Ni portadas rimbombantes sobre la dura travesía. Ni camisetas con el nombre y un “vuelve pronto” el sábado siguiente.

Esto no va de cracks. O sí, pero de rodilla.

Cuando uno escucha el chasquido sobre la pista de moqueta y caucho de un campo para amateurs de Fútbol 7, puede esperar, como mucho, una bolsita de hielo del bar, el consuelo del rival (“suerte que no me tocó a mí”, piensa uno para sus adentros) y la lenta llegada de una ambulancia. [Puedes seguir leyendo aquí]

Real Avilés Industrial, 30 años después

Lo peor que le puede pasar a un adolescente es mirar a su alrededor y ver solo vacío. Pensar que sus referentes, si algún día los tuvo, están demasiado lejos. O que simplemente no existen. Que se lo pregunten a Holden Caulfield.

Traducido a lo que nos ocupa: lo peor que le puede pasar a un adolescente es no ser de ningún equipo porque los equipos grandes son demasiado grandes –y están demasiado lejos- y el equipo de tu pueblo es sencillamente eso, un equipo de pueblo. A ver con qué fotos forramos ahora las carpetas. [Puedes seguir leyendo aquí]