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SINOPSIS DEL LIBRO

 

Todos tenemos una obsesión, cuando no varias. En cierto sentido, las obsesiones te ayudan a levantarte cada día de la cama. A veces incluso te ayudan a hacerla. Por supuesto, hay mañanas que piensas que mejor sería no tener obsesiones para no saber qué es lo que más te apetece realmente en la vida, y que de pronto pueda hacerlo casi cualquier cosa. Pesarías menos, la existencia sería más liviana, a lo mejor las cosas importantes y complejas se atendrían a cierta ligereza. Pero, en el fondo, son las obsesiones las que te tienen a ti. Careces de margen de maniobra. ¿Qué crees que podrías hacer contra ellas? ¿Sustituirlas por otras, como si fuesen camisas, libros, móviles? ¿O matarlas? Eso no valdría de nada. No hay defensa posible contra tus obsesiones. Si matas una obsesión, y la sepultas a varios metros bajo tierra con una pala, por así decir, al rato está fuera, pavoneándose ante ti, tal vez reprochándote que ni matar sabes, y, en última instancia, obsesionándote con más insistencia que antes.

Por eso mucha gente prefiere cultivarlas, arroparlas, y sentirse así más concernido por la vida que si todo le diese más o menos lo mismo. Obsesionarse es una forma de amor, deduces, y este es más fructífero que la indiferencia. Quién te dice que el lugar de las obsesiones, después de deshacerte de ellas, no es ocupado por algo mucho peor, o por nada, y se te queda cerca, para siempre, ese agujero que deja su ausencia. “¡Obsesiónate, sé alguien!”, le aconsejarías a esa gente que se mantiene a cierta distancia incluso de las cosas que le gustan para que no se conviertan en manías, y mucho menos en obsesiones, como si les desagradase sentirse demasiado bien.

David García, Marcel Beltran y Miguel Ángel Ortiz se obsesionaron un día con el fútbol. Cuando te gusta mucho, te sometes a él sin condiciones. Quizá un disgusto puntual te haga dudar y desees alejarte. Pero enseguida vuelves a las andadas. La pasión que despierta ejerce una irreductible fuerza de gravedad. No tienes salida. Quién te iba a decir que interesarte por un equipo, como quién pregunta solo la hora, acabaría así, en incurable obsesión. Te pasó como con aquellos relojes regalados contra los que alertaba Julio Cortázar. El día que la familia o una amistad le regalaban a alguien un reloj, en el fondo le entregaban la obsesión por atender la hora exacta, el miedo a que se cayese, a compararlo con otro, de modo que, a la hora de la verdad, no le regalaban un reloj, sino que uno era el regalado, lo ofrecían para el cumpleaños del reloj.

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Pero qué pasa cuando te obsesiona el fútbol y al mismo tiempo lo hace también la literatura. Porque puede pasar. De hecho, es lo que les pasa –qué casualidad– a David, Marcel y Miguel Ángel. Acechados por estas dos obsesiones, hicieron lo más audaz: acercarlas. Genialidad táctica. No siempre es posible, claro. Dos obsesiones pueden en muchísimas circunstancias no ser compatibles y repelerse, hasta el extremo que solo una consiga sobrevivir a la otra. Hay que saber elegirlas. Ahora bien, cuando encajan, y se escucha algo parecido a un clic, la persona obsesionada alucina, seguramente hasta el punto de creer que si la vida le arrebatase cuanto le gusta, menos el fútbol y la literatura, se sentiría la persona más afortunada del mundo por tenerlo todo.

Literatura y fútbol parecen dos obsesiones en paralelo, armónicas, hasta que a uno se le ocurre la genial y arriesgada idea de escribir sobre fútbol. En ese locuaz instante, dos obsesiones se convirtieron en una sola, más grande, más poderosa, más kamikaze. Y todo porque te pareció que el fútbol, a la postre, es para contar. Nadie se conforma con asistir a él. Al acabar se transforma en relato. No se conforma con ser un deporte. Es una forma de belleza, y como tal, se escribe, para que perdure.

Pero las obsesiones no serían nada si no se complicasen la vida. Es su naturaleza. Se mueven como una bola de nieve. Viven, en cierto sentido, en pendiente. Por eso duran. Y de ahí que los autores de este libro diesen un paso más allá hasta convertir a sus escritores preferidos, autores de sus mejores lecturas, en los personajes protagonistas de estos noventa relatos sobre el fútbol, o con el fútbol, o en el futbol, o para el fútbol, o entre el fútbol o –como si fuese una cuestión de preposiciones– durante el fútbol, que van a hacer muy felices a quienes compartimos sus obsesiones y creemos que si hay fútbol y libros todo lo demás sobra.


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Fotografías de Getty Images y Mariona Font.