Para Enrique Macaya Márquez, histórico periodista deportivo argentino que este verano ha cubierto su 18º Mundial de Fútbol, fue el número uno. Y si las calles de Madrid o las generaciones más adultas de Europa tuvieran que elegir su futbolista preferido de todas las épocas, también podrían ubicarlo en el máximo pedestal.
Este 4 de julio de 2026, el protagonista en cuestión, Alfredo Di Stéfano, hubiera cumplido 100 años. Detrás de este centenario, independientemente de las comparaciones y el capricho de saber si fue el mejor, el segundo o el décimo, la ‘Saeta Rubia’ dejó una huella imborrable, una carrera que significó un antes y un después, por ejemplo, para el Real Madrid.
A partir de Don Alfredo, los ‘merengues’ no sólo ganaron cinco Copas de Europa de manera consecutiva, sino que el club madrileño se transformó en la Casa Blanca del fútbol.
Se puede decir, sin menospreciar a leyendas anteriores, que Di Stéfano fue el primer Beatle del fútbol. Luego vinieron Pelé, Johan Cruyff, Diego Maradona, Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, pero la ‘Saeta’ fue el primero de esa lista de elegidos.
Los títulos mencionados, su comienzo en River, un breve paso por Huracán, el éxodo a Colombia y su marca en Millonarios, la apoteosis en el Madrid y el retiro en Catalunya, pero no en el Barcelona, sino en el Espanyol. “Era un jugador de toda la cancha”, aseguran todos los que le vieron y todavía le recuerdan. Tal fue esa virtud, que hasta llegó a jugar de arquero -un puñado de minutos- en un Superclásico entre River y Boca en 1949. Pero hay mucho más contar.
“Era un jugador de toda la cancha”, aseguran todos los que le vieron y todavía le recuerdan. Tal fue esa virtud, que hasta llegó a jugar de portero en un Superclásico entre River y Boca
Tres de 300
Con tres libros dedicados exclusivamente a Di Stéfano –Alfredo Di Stefano en Chamartín La Verdad, “Saeta Rubia Volumen 1 y “Saeta Rubia Volumen 2– José Antonio Ariza Gálvez es el biógrafo oficial del exdelantero.
Ariza cuenta que Di Stéfano ingresaría junto a otros dos jóvenes a las inferiores del Club Atlético River Plate en abril de 1944 luego de superar una prueba para 300 jugadores. Su progreso fue tan rápido, que el 7 de agosto de ese año disputaría un amistoso con la primera plantilla frente a Huracán en el viejo Gasómetro. Aquel duelo terminó 2-2 y con una lesión de Di Stéfano. Posteriormente, jugaría un par de amistosos más hasta que el 15 de julio de 1945, también frente al Globo y en el Gasómetro con derrota por 1-2, haría su debut oficial en primera división. En este punto, Ariza hace hincapié, porque “si te fijas en historias que se publican sobre Alfredo, solo toman el campeonato de 1947 con River, y eso no es verdad. Él debutó el 15 de julio de 1945 en la liga con el primer equipo y, como tal, hace honor a ser campeón de liga con River ese año”.
Apodos y apellido confuso
La ‘Saeta Rubia’ es la manera más popular de referirse a Di Stéfano. Así quedó inmortalizado. Sin embargo, Ariza revela que en sus inicios al astro argentino le dirían ‘Minellita’ por José María Minella, “su primer gran ídolo y también porque se parecían un poco en la forma de jugar”.
Otro mote sería el ‘Alemán’, por sus ojos claros y su cabello rubio, pero en el contexto del año 1944 “ese apelativo le molestaba muchísimo por las atrocidades que oía que estaba cometiendo la Alemania nazi contra los judíos en Europa”, afirma Ariza.
El biógrafo asegura que el apellido también le traería algunos inconvenientes: “Muchas veces le llamaban ‘Distefano’, todo junto, o ‘Di Estefano’, y fue bien entrado el año 1945 cuando ya por fin se dieron cuenta de que su apellido era Di Stéfano”.
“Muchas veces le llamaban ‘Distefano’, todo junto, o ‘Di Estefano’, y fue bien entrado el año 1945 cuando ya por fin se dieron cuenta de que su apellido era Di Stéfano”
Los 22 escalones de Huracán
1946 sería un año de cambio para Don Alfredo. Sin lugar en la ‘Máquina’ de River, el crack aterrizaría en Huracán, donde compartiría plantel con jugadores de la talla de Norberto Tucho Méndez, Juan Carlos Salvini o Llamil Simes.
En el Globo disputaría 25 partidos del torneo anual, y marcaría diez goles. Su etapa en Parque Patricios dejaría una anécdota que Pablo Viviani, historiador del club, relata en detalle: “Un colega mío, periodista partidario, se lo cruzó a Di Stéfano antes de que falleciera y le dijo: ‘Yo soy periodista de Huracán’. ‘Ah, Huracán, 22 escalones…’, respondió la ‘Saeta’”. La duda del periodista pasaba por esa particular frase porque el Palacio Tomás Adolfo Ducó, el estadio Quemero, tiene alrededor de 50. Entonces, Viviani explica que Di Stéfano le diría al cronista que los famosos 22 escalones “eran los que tenía la escalerita de la sede del club para entrar al despacho de Ducó -Tomás Adolfo, por entonces el dirigente con mayor poder de Huracán- y denunciar que nunca cobrabas; ibas a reclamarle, no te pagaba y 22 escalones eran los que tenías que bajar”.
Frente al Papa Francisco
El año que Di Stéfano jugaría para Huracán coincidiría con un gran año del clásico rival del Globo: San Lorenzo. El Ciclón ganaría el campeonato con el recordado ‘Trío de Oro¡ formado por René Pontoni, Rinaldo Martino y Armando Farro.
En una entrevista brindada años atrás, el Papa Francisco, confeso hincha de San Lorenzo, aseguraría haber ido a ver a ese equipo campeón durante toda la temporada de local y de visitante en cancha de Ferro.
De esta manera, el joven Jorge Bergoglio habría estado presente el 2 de junio en la derrota por 3-2 ante Huracán en el viejo Gasómetro. Di Stéfano destacaría en aquel encuentro con dos tantos -el segundo y el tercero-. “Ahí se hace popular”, confiesa Viviani.
“Su llegada a Sarrià fue un auténtico acontecimiento mediático. La imagen de su firma como nuevo jugador del Espanyol, acompañado por Kubala y Zamora, simbolizaba la reunión de tres leyendas”
Periquito en el cierre
Pese a vivir once temporadas repletas de éxito y gloria en el Real Madrid, la carrera de Di Stéfano no tendría su final feliz en la capital española. Su última parada sería el Espanyol de Barcelona.
David Tolo, historiador del club catalán, narra que “su llegada a Sarrià fue un auténtico acontecimiento mediático en España. La imagen de su firma como nuevo jugador blanquiazul, acompañado por Ladislao Kubala y Ricardo Zamora, simbolizaba la reunión de tres de las mayores leyendas que había conocido el fútbol español hasta ese momento”.
Tolo cuenta que el principal impulsor de aquella célebre operación fue Juan Vilá Reyes, entonces vicepresidente del Espanyol. “Aunque el Milan parecía partir con ventaja en la carrera por ficharlo, la intervención de Kubala y la del exmadridista y secretario técnico espanyolista, Emil Osterreicher, resultó decisiva”. Finalmente, firmó por el club el 19 de agosto de 1964, y su debut en liga fue, justamente, ante el Madrid, con derrota de los catalanes por 2-1.
El momento más recordado de su etapa blanquiazul, según Tolo, sucedió durante la Copa de Ferias 1965-66. “Frente al Sporting de Lisboa, vigente campeón de la Recopa de Europa, el Espanyol parecía eliminado cuando llegó a verse con un 0-3 en contra en Sarrià. Sin embargo, liderado por Di Stéfano, el equipo protagonizó una remontada memorable con cuatro goles en apenas veinte minutos, forzando un partido de desempate que posteriormente ganaría. Aquella noche quedó grabada para siempre en la memoria del espanyolismo y suele considerarse una de las grandes gestas europeas de la historia del club”, resume Tolo.
Cabe recordar que Di Stéfano también fue figura en el fútbol colombiano. Allí jugó de 1949 a 1953 para el Millonarios de Bogotá. 101 partidos con 86 goles, 4 campeonatos (1949-1951 y 1952) y una Copa Colombia (1952-1953) fueron sus exitosos registros.
El pasado 4 de julio, el Mundial 2026 seguía su marcha, pero el mundo de la pelota se detuvo por un momento para recordar el centenario de uno los personajes que más vida le dio al verde césped.
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Fotografía de Getty Images.


