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Los hermanos Bohr, entre balones, átomos y Oppenheimer

La juventud de Niels Bohr, premio Nobel de física, y de su hermano Harald, reputado matemático, transitó en sus inicios entre la investigación y el fútbol. Acabarían inspirando al padre de la bomba atómica

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Es imposible calcular las veces que se habrá comparado a nuestro planeta con un balón. Esa esfericidad engañosa de la Tierra parece querer explicar su compleja naturaleza, movimientos y secretos a través de algo tan simple y cercano como la trayectoria del esencial elemento balompédico. Y es que, a menudo, la pelota puede parecer un mundo. Por su importancia a la hora de acercar el juego a quien desea jugar. Quién no ha imaginado alguna vez la trayectoria terrestre en torno al Sol a través de la dudosa escala de dos balones transitando el uno en torno al otro. Ese viaje imaginario pudo ser uno de los elementos que desencadenaron la unión más caprichosa de la más profunda ciencia y ese juego al que llamamos fútbol.

Solemos sentirnos ridículos cuando nos vemos reflejados en los logros que consiguen algunos futbolistas a tal o cual edad, mientras nosotros probablemente estuviéramos peleándonos con el carnet de conducir. Que Messi ganara una Champions League a la misma edad que algunos intentaban no liarla demasiado tratando de aprobar alguna asignatura en la universidad es bastante tétrico. Y, aun así, como dejó bastante claro Albert Einstein, todo es relativo.

Supongo que Messi en la actualidad podría pensar en que, en 1922, un reputado físico y padre de algunas de las más modernas teorías en torno al átomo y el campo del conocimiento cuántico, ganaba el premio Nobel a la edad de 37 años. No sé si se sentirá igual que nosotros, pero prefiero pensar que sí. A pesar de todo, aunque parezca complicado, Messi tiene algún tiempo por delante para ponerse las pilas y ganar un Nobel como lo hiciera el físico danés Niels Bohr cuando no había cumplido todavía los 40 años. Y eso que aún le quedaba ser parte fundamental de la inspiración de un tal Oppenheimer en su recorrido vital en torno a la investigación sobre la bomba atómica.

 

Niels Bohr, que abrazó el fútbol en su infancia, ganaría el Nobel de Física antes de cumplir los 40 años. Aún le quedaba ser parte fundamental de la inspiración de un tal Oppenheimer, el padre de la bomba atómica

 

Se cree que el fútbol comenzó a conquistar Dinamarca en torno a 1876. Para cuando Niels Bohr nació, el fútbol apenas llevaba diez años tratando de hacerse con el público danés. Segundo hijo de una familia de fuerte tradición educativa, Niels Bohr creció junto a su hermana mayor, Jenny, y a su hermano pequeño, Harald, en un hogar en el que la curiosidad y la investigación eran una forma de vida. Hijos de Christian y Ellen, ambos profesores, parece lógico que el camino que tomaran los tres vástagos Bohr fuera el de la enseñanza. Tanto Niels como Harald, a los que separaban sólo dos años, fueron alumnos brillantes de la escuela Gammelholm de Copenhague.

Paralelamente al crecimiento social del nuevo deporte que los marineros ingleses habían llevado a las costas danesas, Niels y Harald vivieron pues una infancia en la que sus estudios dentro de la escuela conllevaban la práctica deportiva del fútbol, con Niels como portero y Harald como defensa. La potencia de Niels Bohr a la hora de patear el esférico y su corta delicadeza le llevaron a ser cancerbero. Se cuenta que su habilidad más destacada antes de llegar a la portería era encajar balones en zanjas y tejados, pero cuidar del arco no se le daba nada mal. Aun así, aunque Niels pudo hacer carrera como guardameta, su cabeza estaba siempre en otro lugar. Cuenta la leyenda que, en un partido especialmente aburrido, empezó a hacer cálculos ayudándose de un lapicero en uno de los postes de la meta que le tocaba proteger. Su atracción por la ciencia y posteriormente por el átomo era mucho más potente que la pasión por el balón.

 

Los hermanos Niels y Harald fueron capaces, como alquimistas aventurados a unir metales preciosos, de juntar fútbol y ciencia. Dos pasiones que alimentaron las sutiles conexiones de cada uno con el deporte que décadas después dominaría ampliamente no solo Dinamarca sino también el mundo

 

Harald Bohr también conseguiría, como Jenny y Niels, destacar en el campo de la educación, especializándose en ciencias, específicamente en el estudio de las matemáticas. Pero al contrario que a Niels, su nivel a la hora de jugar al fútbol parecía invitar al optimismo. Aunque fueron ambos los que llegaron a jugar en el histórico Akademisk Boldklub en 1905, fue el pequeño de los Bohr quien llegó a destacar de verdad en el desempeño como futbolista. Aguerrido y con buen toque, Harald llegó a representar a Dinamarca en los Juegos Olímpicos de 1908, marcando dos goles y siendo medalla de plata en el torneo internacional tras caer en la final contra la aún incontestable Gran Bretaña.

Los hermanos Niels y Harald fueron capaces, como alquimistas aventurados a unir metales preciosos, de juntar fútbol y ciencia. Dos pasiones que alimentaron las sutiles conexiones de cada uno con el deporte que décadas después dominaría ampliamente no sólo en Dinamarca sino en el mundo. El viaje de Niels es muestra inequívoca del error que comete quien cree ciegamente que el fútbol no es cosa de listos. Un camino irrefutable que nos muestra que un balón puede llegar a ser parte vital en el devenir de todo un planeta. Parte esencial de la infancia de un actor protagonista en algunos de los hechos más importantes del siglo XX. Unos cálculos de Niels Bohr a escondidas en el poste de una portería perdida en los viejos campos de Dinamarca pudieron llevar a un genio hasta los laboratorios que le abrirían las puertas del premio Nobel.

 


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Fotografía de Getty Images