Blatter es parte de la solución, afirma usted frente a quienes alinean al dirigente suizo entre los problemas.
Para reformar un sistema como el de la FIFA necesitas a alguien que conozca todos sus recovecos. Además, tiene a mucho  inmovilista en su contra: puede parecer una batalla entre personas, pero en realidad se trata de una guerra entre conceptos opuestos sobre el fútbol. Históricamente el balompié se desarrolló sobre dos piernas: la europea y la sudamericana. En las últimas décadas el fútbol ha crecido muchísimo, se ha universalizado, pero también se está volviendo elitista. Vivimos una era de globalización, desregulación, declive de los mecanismos de solidaridad… Y por lo tanto, los más ricos aumentan su poder, la clase media se contrae y los pobres se multiplican.

¿Sigue hablando de fútbol? Porque parece resumir los males que aquejan a la economía mundial…
Es que los sistemas de gobierno internacionales no saben cómo hacer frente a los retos medioambentales, financieros, alimentarios… La globalización sin regulación conduce a un hipercapitalismo. Y también en el fútbol: aumentan las desigualdades entre continentes, entre países, y entre equipos de un mismo país. Que el último equipo de la Premier cobre más por televisión que el tercero de España (¡y que el campeón de Francia!) no ayuda a la igualdad. La ventaja de la competición es la incertidumbre en torno al vencedor. Y asistimos a una correlación cada vez más directa entre el presupuesto y el resultado. Transitamos un camino elitista que asoma al fútbol al espejo del baloncesto: una única competición de interés mundial entre franquicias comerciales. ¿Qué modelo queremos?

¿Qué opciones contempla?
Si aceptamos que Premier y Champions capitalicen el interés mundial; que un boliviano vea más fútbol europeo que de su país; que un aficionado de Bangkok sólo compre camisetas del United; que la liga sudafricana compita contra los partidos televisados que la Premier regala en abierto… entonces no precisamos una FIFA fuerte. Basta algo simbólico como la FIBA, con poder jurídico pero sin dientes. 25 clubes europeos controlan los mejores jugadores, los derechos y el dinero. Y la FIFA maneja algo fundamental: la Copa del Mundo y los reglamentos.

¿Cuándo arrancó esta pugna?
Cuando Blatter multiplicó por diez los ingresos televisivos del Mundial en 2002. Entonces  los europeos exigieron repartirse ese pastel, pero Blatter optó por revertir un tercio a los países más humildes. La visión eurocéntrica trata de controlar el papel regulador de la FIFA.

¿Se puede frenar la concentración del fútbol mundial en unos pocos clubes?
Fíjate, los peruanos tienen que pagar por ver su liga pero en cambio acceden en abierto a las emisiones de las competiciones europeas. Asistimos a un proceso de concentración, no solamente deportiva y económica sino también cultural. Se trata de un sistema explotador, hipercapitalista, que no coincide con los valores del fútbol. ¿Qué sería del Sporting de Lisboa si hubiera podido mantener a  Cristiano Ronaldo o Nani? Los equipos formadores se ven obligados a vender su futuro para no sucumbir en el presente. Por no hablar de los jugadores africanos o sudamericanos, que llegan a Europa siendo adolescentes.

Por sus palabras parecería que Blatter  acaba de llegar… y acumula tres lustros en el poder.
El problema es que el presidente de la FIFA no puede elegir su gobierno: es como si Obama tuviera que gobernar con gente de Nixon, Reagan, Bush padre… El Comité Ejecutivo no es el gobierno de la FIFA, es solamente una bolsa donde se  intercambian votos por intereses personales. Blatter podría haber luchado más contra esa voluntad de la UEFA y de las otras confederaciones para impedir que la FIFA creciera y se reformara, es cierto. Pero a la vez es parte de la solución.

¿Quiénes se oponen a sus reformas?
Por un lado, los que metieron la mano en la caja. Antes, cuando había una investigación no salía adelante porque requería el visto bueno del secretario general. Ahora existe una comisión de ética independiente. Y, por otro, el grupo de las confederaciones. La FIFA pertenece a las asociaciones nacionales, pero está en manos de los burócratas continentales. Actualmente solo siete de los 24 miembros de su Comité Ejecutivo tienen cargos en sus federaciones. Las confederaciones bloquean las reformas: la UEFA propone limitar el mandato de FIFA a 12 años pero no se aplica a sí misma esa medida. ¿Quién engorda el calendario?  ¿Quién aumenta la Euro, quien centraliza los derechos televisivos? Es la UEFA. No defiendo   Blatter, pero sus reformas están bien orientadas.

Pues Michel Platini está activando su maquinaria para sembrar dudas.
La UEFA dice que no hay que debatir sobre la composición del Comité Ejecutivo. ¡Si es un gobierno que refleja el mundo  tal y como estaba en 1945! Hay que darle al presidente la posibilidad de elegir su gobierno; luchar contra las desigualdades; reflejar la universalidad del fútbol y no sólo sus lobbies continentales; contar con los clubes y los futbolistas. Y mejorar algunas prácticas, como gestionar los acuerdos comerciales al margen del Comité para evitar conflictos de intereses. Cada contrato superior a 200.000 dólares debería convocarse bajo los criterios internacionales de licitación.

Suena a programa electoral.
No descarto presentarme. Voy a defender mis ideas, por las que también luchaba desde dentro. 20 clubes controlan la Champions, y aspiran a controlar la UEFA contra la FIFA. Hasta ahora, se han topado con su presidente. »Dudo que Platini se vaya a mantener en la misma línea», ha dicho Blatter.

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En realidad, ¿por qué salió de la FIFA?
Tenía una posición peligrosa y la gente que quería golpear a Blatter me utilizaba como cabeza de turco. Algún día explicaré quién estuvo detrás de mi salida. Adelanto que uno de ellos fue Bin Hammam, uno de estos presidentes continentales que querían minimizar el contacto de la FIFA con las federaciones.

Usted desconfía del fair-play financiero que pregona la UEFA.
Se trata de una buena idea, pero si hubiera una regulación para frenar la especulación bursátil y los traders de Nueva York aplaudieran, ¿no extrañaría un poco?

Quizá porque ciertos clubes ya están generando los mecanismos para esquivar esta medida… Como el grupo catarí del París Saint Germain, con ayuda del hijo de Platini.
Esa es una buena pregunta que habría que plantear en la UEFA.

Maradona decía que la pelota no se mancha.
Me gustaría compartir esa opinión pero no puedo. El fútbol es el deporte del pueblo pero existe una duda sobre su honestidad, sobre su autenticidad, sobre ese capitalismo salvaje… Estoy a favor de la economía y de que los jugadores ganen una buena cantidad: el problema no es el salario de Messi o Cristiano, sino el alto porcentaje de futbolistas mundiales que no cobran su sueldo y son presionados para aceptar los sobornos de las mafias. Existe un sentimiento difuso de dopaje, amaños, corrupción… hay que reconciliar el fútbol consigo mismo. Y la FIFA tiene que ser más democrática.

Su discurso evoca un fútbol más a la izquierda, si es que eso existe.
El curso pasado las ganancias de los clubes británicos llegaron a los 150 millones de libras, pero sólo pagaron tres en impuestos. Incluso el Papa ha manifestado que el capitalismo puro y salvaje no coincide con una sociedad humana. Y el fútbol profesional ha perdido parte de sus valores solidarios. Hasta 1983, las taquillas inglesas se repartían equitativamente entre el equipo local y el visitante. Por eso había más rotación de campeones. Entonces, lo que contaba era la cantera de cada club. Ahora el Shaktar Donetsk parece brasileño; el Newcastle, francés… ¿Sabes que el Manchester United quiere mudar su sede fiscal a las islas Caimán? No soy comunista, estoy a favor del mercado, pero el capitalismo salvaje no es la solución. Ni para el mundo, ni para el fútbol.

¿Y la FIFA modera ese capitalismo?
La FIFA dedica un tercio de su presupuesto a planes de desarrollo internacionales; la Premier o la Champions no comparten nada de su enorme pastel con otras ligas menores, que sufren la competencia televisiva de Europa. La Premier genera más de 1.000 millones de libras en derechos mundiales y se puede permitir ciertas licencias. Para facilitar un ambiente fantástico en sus estadios, en Inglaterra no se emite ningún partido en abierto durante el fin de semana; en cambio, la televisión sudafricana recibe casi gratis cuatro encuentros que vampirizan su competición local: neocolonialismo.

La UEFA propone que no se puedan presentar dos candidatos de un mismo país. Eso bloquearía su hipotética candidatura frente a la de ‘Platoche’.
Cuando todos hablamos de una organización más democrática, algunos buscan restringir las elecciones y el debate. Una votación no es una coronación. Como reducir los mandatos: nunca fue una prioridad.

Bueno, pero coincidirá en que dos presidentes en casi medio siglo no supone un ideal de democracia.
Coincido, pero no sé si eso lo arregla única y exclusivamente la limitación del mandato. En Estados Unidos existe, y por su culpa en lugar de un tercer mandato de Clinton apareció Bush. En México existe y la corrupción campa a sus anchas. En Rusia existe y un tipo encontró la manera para esquivarlo [Vladimir Putin]. Hay que debatirlo mejor.

¿Cómo son las relaciones entre Blatter y Platini?
No hablo con ninguno de los dos, así que sólo sé lo que se publica.

¿Pondría la mano en el fuego por Blatter?
Estoy convencido de su honestidad, hasta que se demuestre lo contrario.

¿Eso quiere decir que no ha robado o que no sabía que otros robaban?
Que no ha robado. Te explicaré una cosa sobre la FIFA. Que el presidente no tenga una mayoría estable para sacar adelante su programa le obliga a compromisos. Y a veces hay que girar la cabeza para otro lado.

¿Es eso habitual en la FIFA?
Es habitual en la vida.

Transparencia, apertura… ¿es normal que no se sepa cuánto cobra Blatter?
Él lo dijo una vez.

No, lo ha dicho muchas. Pero siempre de forma aproximada y lo que es más extraño: ofrece la misma cifra desde hace más de una década.
Bueno, pues que se sepa. El dinero de la FIFA es el dinero público del fútbol. Un administrador electo debe dar a conocer su sueldo. Pero a veces la prensa se concentra demasiado en Blatter y no en aquellos que, desde las confederaciones, no quieren reformas para mantener el parapeto mediático de la FIFA. Ellos son los auténticos enemigos de la reforma del fútbol.