“¿Cómo le explicas a tu hija que por mucho que tenga el mismo talento o entrene igual de duro, siempre va a ser menos valorada que su hermano?”.

Hace un par de días la mitad del país se paralizó para reclamar una serie de mejoras, entre ellas la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Miles salieron a las calles para exigir unos derechos que deberían estar más que implementados. Si ambos sexos desempeñan el mismo trabajo y en cantidades equivalentes, ¿por qué unos reciben más por ello que otros? Esta no es la única lucha por una sociedad más justa e igualitaria, pero sí la protagonista de nuestra historia, donde la reivindicación se ha convertido en algo imprescindible en sociedades que se niegan a escuchar y a poner fin a una lacra que afecta a todos.

Como mujer interesada en un deporte tradicionalmente masculino, todavía queda mucho camino por recorrer y mucho rincón por ocupar. Es frustrante tener asimilada la idea de que, aunque sepamos lo mismo que hombres que conducen programas de radio, de televisión o que lideran las redacciones de deportes en medios, nuestro lugar será casi siempre otro. Mi padre ha sangrado fútbol desde que nací, ya sea viéndolo por la televisión, escuchándolo por la radio, jugándolo cuando era joven o entrenando ahora. Recuerdo cuando me sentaba en el banquillo como si fuera un jugador más, pero yo no entendía nada de lo que veía. Tuve que odiar el fútbol para amarlo. Tuve que aborrecerlo para apreciarlo.

Cuando crecí nunca tuve una inspiración femenina a la que idolatrar. Recuerdo a muchos hombres, pero no había casi mujeres hablando de fútbol. ¿Para qué? Para eso ya estaban ellos. Fue en ese momento cuando decidí ser mi propia motivación para hablar de algo que siempre ha formado parte de mi vida, con o sin quererlo. Por suerte, en la actualidad ya hay muchas mujeres que hablan, quieren y se dedican a este deporte, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Esta situación se traslada a todas las profesiones, pero parece que la esfera del fútbol sigue reticente a la entrada, o al protagonismo, de algo que no sea lo histórica y clásicamente establecido.

Las futbolistas profesionales también sufren una lacra de desigualdad. Aunque presenten las mismas características, trabajen igual de duro, tengan el mismo talento, y obtengan los mismos resultados, su deporte va a ser siempre distinto al de los hombres. Y su sueldo, por supuesto, infinitamente inferior al de ellos. A pesar de que queda mucho por avanzar, el Lewes FC ha plantado cara a la diferenciación salarial y ha establecido el mismo sueldo para todos sus futbolistas, sean hombres o mujeres, convirtiéndose así en el primer club profesional o semi-profesional en dar este gran salto hacia la igualdad.

“Ambos equipos juegan un partido a la semana y tienen dos sesiones de entrenamiento. Ambos equipos son completamente profesionales en su trabajo y presencia. Ambos equipos juegan en el mismo estadio local, el Dripping Pan. Por eso pensamos que ambos equipos merecen tener los mismos recursos”.

Bajo la campaña Equality FC, el humilde Lewes se ha propuesto cambiar el mundo del fútbol y mostrar que es posible equiparar salarios sin dañar el orgullo de nadie. Su equipo femenino juega en la Premier League Southern, y el masculino en la Isthmian League South, la octava categoría en el sistema nacional de Inglaterra. Fundado en 1885, desde 2010 el club forma parte de sus aficionados y locales con el objetivo de convertirlo en algo más que jugadores y jugadoras corriendo detrás de un balón. Además de ayudar a la comunidad local, el Lewes se propuso cambiar el mundo, aunque solo fuera un poquito. Pero una gota puede derramar un vaso, ¿no?

El objetivo del Lewes FC no es solo mostrar que las excusas se quedan cortas, sino allanar el terreno para el futuro. Muchas veces se justifica la desigualdad entre ambos sexos por la falta de competitividad, de calidad, de patrocinadores e incluso de público que la competición femenina presenta con respecto a la masculina. El fútbol de mujeres nunca será como el de los hombres, ¿para qué cambiar nada? Precisamente para cambiarlo todo.

“Algún día no seremos el único club de fútbol en el mundo en pagar lo mismo tanto a hombres como mujeres”.

Tanto me sorprendió la campaña como su falta de visualización. Otros clubes del país como el Manchester City han sido alabados por iniciativas como fusionar las cuentas de Twitter de ambos equipos o por cambiar su nombre por Womanchester City el pasado 8 de marzo, sin embargo, el Lewes apenas ha recibido espacio en las redes o en los medios más convencionales. ¿Por qué? Obviamente, no es el todopoderoso City de Pep Guardiola, pero su iniciativa tiene más ánimo de sinceridad que de publicidad. Que un club con dueños de un país donde la mujer es una ciudadana de segunda en muchos aspectos de la esfera social y privada lleve a cabo dichas campañas en redes no es sino una hipocresía absoluta. Y que éstas reciban un mayor aclamo de la crítica y más publicidad si cabe es una injusticia hecha y derecha.

Fusionar unas simples cuentas de Twitter no va a mejorar la situación del fútbol femenino con respecto al de los hombres, solo agrandar una brecha que debería ir disminuyendo. Son pequeños detalles que, aunque está bien que se visualicen entre el aficionado, deberían ser el complemento de algo mayor. Quizá el Lewes no sea uno de los grandes de la Premier League, no participe en las principales competiciones del país o no tenga estrellas renombradas en sus filas, pero ha mostrado que no hay calidad sin igualdad. Porque el fútbol también es nuestro, también es de ellas.