Si hacemos el ejercicio de cerrar los ojos y escuchar el nombre de Neymar Da Silva Santos Junior, posiblemente una chispa recorra nuestra mente con la misma velocidad y electricidad con la que él galopaba sobre el verde. Un nombre asociado al talento, de los de uno entre un millón, que te lleva suavemente de la mano a innumerables controles, regates, pases y goles imposibles y que te hace soñar despierto. También es posible que nos entre un pensamiento cargado de nostalgia. Porque sí, ahora mismo la nostalgia puede que sea la palabra que más nos recuerde a su figura. El máximo goleador de la historia de la selección brasileña parece abocado a tener un final similar al de las últimas grandes figuras de la ‘Canarinha‘ (Ronaldo, Ronaldinho o Kaka), que, tras encandilar con su juego al mundo entero, terminaron teniendo un final poco a la altura de sus legados. Dicen que Dios le da sus batallas más difíciles a sus mejores guerreros; pues ahora parece habérsela dado al jugador que lleva la frase “deus nos abençoe e nos proteja” tatuada en la mente. Neymar está atravesando en el Santos quizá la peor temporada de su carrera y un nuevo escollo acaba de cruzarse en su camino. El ‘10’ vuelve a tener unos problemas en su rodilla que no le permitirán jugar más este año con un equipo decaído que se encuentra a tres jornadas de consumar el segundo descenso de su historia a la Serie B. Ahora, al astro se le presenta en el horizonte un 2026 complicado y lleno de dudas, pero que será determinante para confirmar cómo van a recordarse los últimos coletazos de su trayectoria.
Su vuelta este 2025 al Santos y al Brasileirão poco se parecen a aquella primera aventura en la que levantó varios títulos y donde con su característica cresta y sus tiras nasales comenzó a dar pistas del jugador que acabaría siendo. ‘Ney’ regresó a casa tras su fatal lesión de ligamento cruzado y menisco contra Uruguay en octubre de 2023, que le mantuvo en el dique seco 369 días, y tras ese extraño fichaje por el Al-Hilal, que le bañó en oro, pero que nos los lo arrebató demasiado pronto de la elite mundial. Esta etapa en Brasil ha venido cargada de problemas, irregularidades y un juego, alternando la delantera y la media punta, que poco se asemeja a aquellos años que a muchos nos perduran en la memoria. En total son 1.800 minutos desde marzo repartidos en 25 partidos traducidos en unos paupérrimos siete goles y tres asistencias. Peor se ponen las cosas si hablamos sólo del Brasileirão, donde el ‘10’ ha jugado 17 de los 35 partidos ligueros marcando cuatro goles. Cuatro también han sido las lesiones que lo han alejado de los terrenos de juego, en marzo, abril y septiembre musculares, y esta última en el menisco. Un calvario total.
Peor se ponen las cosas si hablamos sólo del Brasileirão, donde el ‘10’ ha jugado 17 de los 35 partidos ligueros marcando solo cuatro goles
Las tres últimas jornadas que Neymar vistió la camiseta del Santos este mes de noviembre son un resumen fiel de su temporada. Dignas de una película dramática dividida en tres actos, donde el protagonista se asemeja más a un antihéroe que a una superestrella. El primero de estos tuvo lugar en Maracaná, tras perder 3-2 contra Flamengo. El ‘10’ fue sustituido en el 85’ pillándose un cabreo tremendo y momentos antes de que el ‘Peixe’ marcase dos goles y rozara el empate sin su referente sobre el césped. Las críticas llovieron de todos los tipos, con aficionados y ex jugadores calificando de vergonzosa su actuación y su actitud. El segundo acto tuvo lugar frente a Palmeiras en casa y cerrándose con 1-0 en el descuento para salir del descenso. Tras el pitido final todas las cámaras se centraron en un Neymar exhausto que no pudo contener las lágrimas, posiblemente pensando en los fantasmas que no dejaron de sobrevolar su cabeza durante todo el choque. La tercera y definitiva fecha es la del pasado jueves frente al Mirassol, donde el brasileño abrió el marcador tres meses después de su último tanto. Ironías de la vida, mala suerte o simplemente porque las cosas tienen que ser así, el partido acabó 1-1 por culpa de un penalti provocado por el propio Neymar.
Por si los frentes abiertos fuesen pocos -no va a tener la oportunidad de ayudar al Santos a lograr la salvación y deberá iniciar el enésimo proceso de recuperación- este año hay Mundial. Una ‘Canarinha’ falta de una figura que la lidere afronta estos meses previos con la duda de quién será esa voz que se alce para intentar guiarla hacia su sexta corona. Neymar lo ha dejado claro, quiere estar y posiblemente deba estar por todo lo que representa en la selección, pero, como es evidente, Carlo Ancelotti tendrá la última palabra. El seleccionador italiano lanzó un aviso en rueda de prensa que deja abierta la puerta a la esperanza: “Tiene seis meses para llegar a la lista final”. Sería la cita y el lugar perfectos, una competición en la que el ‘10’ siempre ha tirado del carro como el que más y un combinado nacional del que sin duda es el héroe más destacado. En enero ‘Ney’ termina contrato y su decisión de si seguir en Brasil o no puede que empiece a despejar muchas incógnitas. De momento todos los caminos y rumores apuntan hacia Europa, pero como todo en el fútbol, nada está escrito.
La pregunta que ahora debemos plantearnos no es si Neymar tendrá la capacidad mental de llegar a punto a la cita mundialista, más bien debería ser si su cuerpo le dejará ni siquiera intentarlo
La pregunta que ahora debemos plantearnos no es si Neymar tendrá la capacidad mental de llegar a punto a la cita mundialista, más bien debería ser si su cuerpo le dejará ni siquiera intentarlo. Cuando uno piensa en un jugador al que las lesiones le privaron de hacer algo grande, por lo general no le suele venir a la menta Neymar, porque sí que conseguimos ver ese potencial y ese talento generacional que parecía que podía ganar más de un Balón de Oro. Lo cierto es que las lesiones y los problemas físicos le han mermado infinitamente más que todo aquello que la gente criticó a lo largo de su carrera, como su falta de ganas y compromiso o los tan sonados cumpleaños de su hermana. Será recordado por esa dichosa frase de “el príncipe que no quiso ser rey”, pero también por ser ese jugador que tantos y tantos niños alguna vez han soñado imitar y que peleó con Crisitiano y Messi de tú a tú por escalar la montaña más alta del planeta fútbol. Este último, su amigo y fiel compañero, le ‘obligó’ a hacer las maletas hacia París, abandonando una Barcelona de la que seguramente nunca debería haberse marchado.
Se conoce que, cuando una estrella está a punto de apagarse, brilla como nunca. Quizás este último destello ya haya ocurrido y nosotros, ilusos, hayamos pensado que no tenía nada que ver con este final. También puede ser que esa filosofía del “1% de chance, 99% de fe” que él nos enseñó, sea la que debamos aplicar en este caso práctico. Si esa ocasión de brillar termina llegando, será el broche, la última bala del cargador de su partida de Counter Strike y su última gran función. Entonces, se bajará el telón y sólo podremos aplaudirle por todas esas noches que nos ha brindado. Cuando ese día llegue, ya no nos quedará nada. Tendremos que refugiarnos en los edits de sus mejores jugadas con canciones nostálgicas de fondo como The Nights de Avicci o Of Monsters And Men de Little Talks, con los que pueda que brote alguna de esas lágrimas de macho de las que hablaba Homer. Al final, el fútbol muchas veces son estas cosas, sentimientos encontrados por personas que vemos en el campo y la televisión, que solo queremos que se queden un rato más para seguir soñando despiertos con ellas.
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Fotografía de Getty Images.


