El éxito es relativo. ¿Qué significa triunfar en el mundo del fútbol? ¿Es más triunfador el Bayern de Múnich que el Unión Berlín? A nivel de títulos la respuesta es evidente, pero qué le importa eso a los hinchas del equipo berlinés. ¿Alguna vez les importó vivir a la sombra del Dynamo Berlín durante República Democrática Alemana? Jamás. Ellos no miraban las diez ligas consecutivas que lograron sus vecinos. Mientras el Dynamo se lleva todo los éxitos siempre será recordado como el club de la Stasi (el ministerio para la seguridad del estado), el Unión Berlín gritaba a los cuatro vientos que ellos eran libres. Perdedores, sí, pero libres.

El Unión siempre fue cercano a la clase obrera, cercano a los trabajadores metalúrgicos. Nada de ejército, policía o estado. Desde la unificación de Alemania los clubes que pertenecían a la RDA apenas han tenido protagonismo, su paso por la Bundesliga ha sido efímero y en muchos casos ni han tenido esa oportunidad. En pleno 2019, el Unión Berlín está en la segunda división alemana mientras que el Dynamo está en la cuarta, cómo cambian las cosas. Las últimas temporadas han podido acercar al Unión a la máxima categoría del fútbol alemán hasta que esta temporada, por fin, lo ha conseguido por primera vez en su historia.

Parece que las aspiraciones del club han cambiado con el paso de los años pero sin olvidar quiénes son y de dónde vienen. Hasta 2012 tenían una política de no gasto en fichajes, los refuerzos que llegaban al club de la capital lo hacían mediante la carta de libertad. A partir de ese año comenzó el aperturismo aunque no os penséis que desde entonces se han vuelto locos. El fichaje más caro en la historia del Unión es Sebastian Polter, por el cual pagaron 1,6 millones al QPR y el segundo se ha producido este año al incorporar al georgiano Akaki Gogia por un millón procedente del Dynamo Dresden. Respecto a las ventas el balance es parecido, su mayor ingreso han sido los cuatro millones que pagó el Hamburgo por Bobby Wood y el segundo los 3,2 ‘kilos’ que ha soltado este curso el Schalke por el extremo alemán Steven Skrzybski. Es evidente que desde esa apertura económica los resultados han mejorado, aunque están muy lejos del nivel de gastos que se maneja en el fútbol actual.

El último título al que aspiró el equipo de la capital fue la copa alemana de la cual fueron finalistas en 2001, nada pudieron hacer ante el Schalke. Todavía están encontrando su camino en el libre mercado, capitalismo y ferocidad económica. Pero los que siempre estarán ahí son sus hinchas. Aquellos que trabajaron durante 14.000 horas en 2008 para la remodelación de su nuevo estadio, 300 días tardaron en finalizar la obra. Unos aficionados que no cobraron un euro y que quisieron ser partícipes de un hecho tan significativo para un club como es el tener un nuevo hogar. En 2004 el club también rozó la bancarrota y fueron ellos quienes rescataron al equipo de su vida. Cuando el Unión pide ayuda allí están ellos sin pedir nada a cambio. Incluso quedan todas las navidades para recitar canciones navideñas.  Su estadio está situado en medio de un bosque, siguiendo la tradición de molestar poco, ser libres y que el pueblo disfrute de sus colores.