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Un avión llamado Asamoah Gyan

Un futbolista excéntrico, que no dejaba indiferente a nadie. Revivimos la trayectoria a nivel de clubes de uno de los jugadores africanos más recordados a nivel internacional

Gyan

Junto con Camerún, Senegal y Marruecos, Ghana es una de las selecciones africanas que han llegado más lejos en una Copa del Mundo, hasta cuartos de final, habiendo disputado cuatro ediciones del torneo y estando clasificada para el Mundial de 2026. Un combinado que en 2010 elevó las expectativas y desprendió muy buenas sensaciones para llegar a hitos superiores. Y uno de los nombres que explican este crecimiento del combinado ghanés es Asamoah Gyan.

Nacido el 22 de noviembre de 1985 en Acra, la capital de Ghana, Gyan es considerado uno de los mejores atacantes africanos de todos los tiempos: con seis goles, es el máximo goleador africano en la historia de la Copa del Mundo, superando por un tanto al futbolista camerunés Roger Milla, en un torneo que jugó representando a la selección nacional de Ghana en las ediciones de 2006, 2010 y 2014. Además, ostenta el récord de anotador histórico de su país con 51 tantos, en una trayectoria a la que se añaden siete fases finales disputadas de la Copa Africana de Naciones.

Asamoah Gyan es un tipo que nunca pasó inadvertido, ya fuera por sus peinados excéntricos o sus pasos de baile de celebración en el córner. Cada gol lo celebraba con un baile distinto, y así reflejaba su identidad, mostrando su personalidad, su carisma y sus emociones con cada festejo. Muchos recordarán al futbolista por el penalti fallado contra Uruguay en la Copa del Mundo de 2010, pero este no es ni el principio ni el final de su historia. Ni se ajusta a la relevancia de su aparición en el fútbol internacional. En su etapa en la selección juvenil de Ghana y en su debut con la absoluta fue apodado ‘Baby Jet’ por el periodista deportivo Dan Kwaku Yeboah por su increíble velocidad en el campo, asemejándolo a un jet (avión a reacción). Es en este punto de la carrera deportiva de Gyan donde parte la historia de este texto, en el que retrocedemos a los inicios futbolísticos del jugador para explicar su trayectoria a nivel de clubes.

 

Sabía de la responsabilidad que conllevaba representar no solo a su país, sino a un continente entero: “Sentimos el apoyo de toda África. Este triunfo es para vosotros. Gracias por estar siempre ahí”

 

En su comienzo en el fútbol profesional ya apuntaba maneras. Ingresó en 2003 en el Liberty Professionals Football Club de la Premier League de Ghana, y anotó diez goles en 16 partidos. Un promedio de 0,6 tantos por duelo. Nada mal para un debutante. Estas cifras llamaron la atención de algunos clubes europeos, como el Udinese, que fichó al futbolista para llevárselo a la Serie A italiana. El club italiano, a raíz de su juventud, decidió cederlo al Módena de la Serie B al cabo de una temporada para que tuviera los minutos necesarios para adaptarse al fútbol europeo. En el Módena empezó a carburar, marcando 15 goles en dos temporadas, de la 2004-05 a la 2005-06. Justo a tiempo para el Mundial de 2006, donde marcó el primer gol de Ghana en la historia del torneo en la victoria por 0-2 contra la República Checa.

Ya asentado en el fútbol italiano, el Udinese lo recuperó e hizo dos buenas campañas con once goles. Su paso por Italia le proporcionó las bases para prepararse para subir su nivel. En la temporada 2008-09 fichó por el Stade Rennais francés, con una primera temporada sin destacar, pero con una segunda donde despegó en su oficio de killer: 13 goles en 30 partidos. Es decir, un promedio de 0,43 dianas por choque. Ya empezaba el jugador a acercarse a sus mejores números. Al final de su última temporada en el Rennes, tuvo lugar la cita mundialista de Sudáfrica, donde volvió a florecer la mejor versión del ariete, anotando tres goles en cinco partidos. El jugador sabía de la responsabilidad que conllevaba representar no solo a su país, sino a un continente entero: “Sentimos el apoyo de toda África. Este triunfo es para vosotros. Gracias por estar siempre ahí”, expresó Gyan tras la victoria ante Serbia por 0-1. A ese partido le sucedió el duelo contra Australia en el que marcó el tanto del empate, celebrándolo con una coreografía que ya es un momento icónico de la memoria de las Copas del Mundo.

 

En 2015 puso rumbo al Shanghai SIPG, donde se convirtió en el octavo futbolista mejor pagado del mundo, ganando más dinero que estrellas como Neymar, Luis Suárez o Gareth Bale

 

Gyan era puro festejo, anarquía, contagiaba alegría, era un tipo que se expresaba con mucha naturalidad y personalidad sobre el césped. Su paso por el Mundial fue un trampolín para su cotización: pasó de tener un valor de mercado de 6,20 millones de euros en diciembre de 2009 a costar 12 millones al acabarse el torneo. Es decir, se duplicó su valoración. El Sunderland llegó a pagar por él aquel agosto 15 millones para hacerse con sus servicios. En el club inglés hizo once goles en 33 jornadas. 0,33 tantos por partido. Cifras cercanas a las de su temporada anterior en el Stade Rennes, aunque un poco por debajo. Sin duda, con las ‘Estrellas Negras’ era cuando el atacante daba su mejor versión.

La particularidad en la siguiente destinación del jugador, que se fue al Al-Ain de Emiratos Árabes en 2011, fue que se convirtió en uno de los futbolistas mejores pagados del mundo, abonando el club por él 193.000 euros semanales. El ariete devolvió la confianza haciendo lo que mejor se le daba: celebrando 128 goles en 123 partidos, del 2011 al 2015. 1,04 dianas por encuentro. Menudas vacaciones.

Cuando ya podía uno pensar que bajaría el nivel en el Mundial de 2014, allí hizo dos goles en tres partidos. Una actuación que volvió a revalorizar al jugador, que en 2015 puso rumbo al Shanghai SIPG donde se convirtió en el octavo futbolista mejor pagado del mundo, ganando más dinero que estrellas como Neymar, Luis Suárez o Gareth Bale. Asamoah Gyan no dejaba a nadie indiferente. Era un futbolista que se salía de los moldes. Nunca se sabía en qué momento podía despegar el avión, y cuando lo hacía, era imparable, porque no se puede detener a un avión en marcha, te arrolla.