La distancia que separa en el fútbol la sonrisa del disgusto es igual de reducida que la que existe entre la victoria y la derrota. Bien lo sabe Lukasz Josef Podolski, nacido en la ciudad polonesa de Gilwice hace 27 años y que a raíz de la antecedencia germana de sus abuelos acabó fraguando los primeros pasos de su trayectoria futbolística en Alemania, donde se trasladó siendo aún un niño junto a su familia y obtuvo una nueva nacionalidad. La vida de Prinz Poldi, el pequeño príncipe, cambió de un día para otro en los campos de entrenamiento de la Säbener Straße. Mark Van Bommel, entonces mediocentro del Bayern de Múnich, decidió emplearse a fondo igual que en los partidos en una de las sesiones preparatorias de su equipo e infringió una dura entrada sobre el tobillo de uno de sus nuevos compañeros, que cayó estrepitosamente contra el suelo retorciéndose de dolor. Podolski apenas llevaba unas semanas en el club de Baviera, pero esa acción le mantendría apartado de los terrenos de juego durante casi dos meses. El sueño de su vida empezaba mal, pero no acabaría mejor.

El novicio atacante completó la temporada de su debut anotando siete dianas, aunque todavía se esperaba mucho de ese cachorro con pies de seda que había revolucionado las expectativas del fútbol teutón con su maravillosa carta de presentación en el modesto Colonia y sobre todo con su premio a Mejor Jugador Joven en el Mundial celebrado precisamente en Alemania en el 2006. Pero cuando el temor a los problemas físicos desapareció, esta vez el obstáculo se presentó encarnado en una dupla ofensiva inamovible: Luca Toni y Miroslav Klose llegaban para apuntalar el plantel y contaron con la entera confianza de Otmmar Hitzfeld desde el primer día. La suplencia caería como una losa sobre los hombros de Podolski, y con ella, sus consecuentes dosis de frustración. Sólo las llamadas del seleccionador nacional calmaron la impotencia del muchacho.

[frame_center src=”http://www.ubicuostudio.com/pkproves/wp-content/uploads/2013/02/podolskinterior.jpg” href=”/example/slide/1.jpg”]La ‘Mannshaft’ ha sido para Podolski una liberación a su irregular trayectoria a nivel de clubes[/frame_center]

Las concentraciones con la selección germana se convirtieron en un intermitente bálsamo de confianza para el jugador, que seguía sumergido en su particular vía crucis muniquesa. Aupado por las dulces sensaciones que había despertado su etapa juvenil, Podolski se convirtió en abanderado de un nuevo trazo técnico y habilidoso en el combinado nacional que rompía el paradigma germánico, y que hoy Joachim Löw ha convertido en esencia de un estilo de la mano de los Mesut Özil, Toni Kroos o Mario Götze. Quizás esas dosis de entusiasmo a la larga abrieron los ojos del delantero, que se fortaleció en su voluntad de jugar a fútbol por encima de todo y rompió relaciones con la directiva del Bayern, a la que pidió un traspaso aunque fuera a costa de bajar sus pretensiones económicas y deportivas.

Volver a Colonia fue su decisión final. Pocos entendían que un jugador de su edad y con uno de los porcentajes de anotación más elevados de la ‘Mannshaft’ de los últimos tiempos ingresara en las filas de un plantel que incluso dos temporadas después acabaría descendiendo. Pero la jugarreta de Podolski, una vez más, tenía truco. En ese último curso, acabó con 18 goles en su casillero. Y Arsène Wenger, un entrenador más dado a acudir al mercado en búsqueda de jóvenes diamantes por pulir, apostó por él. El Arsenal, otro de los grandes del viejo continente, le brindaba una nueva oportunidad de triunfar en el limbo.

[quote]Rompió relaciones con la directiva del Bayern, a la que pidió un traspaso aunque fuera a costa de bajar sus pretensiones económicas [/quote]

Y ‘Poldi’, esta vez, no está defraudando. Su encaje en el laborioso y exquisito entramado táctico del longevo entrenador francés ha cuajado. En un plantel que aún no sabe muy bien como tapar la ausencia de Robin Van Persie, su último jugador referencia, y que no es que cuente con grandes alternativas en su frente ofensivo, el teutón ha irrumpido pegado al flanco zurdo.

Sus diagonales y llegadas desde segunda línea parecen haber reinventado las convicciones del jugador, que incluso está desarrollando notablemente su capacidad asociativa, algo que la escuela ‘gunner’ lleva de fábrica, con jugadores del perfil de Wilshere, Cazorla o Arteta copando la línea de medios.

Uli Honess declaró antes de que Lukasz hiciera las maletas rumbo a la capital anglosajona que él nunca podría imaginarse viéndolo jugar fuera de Alemania. Y resulta que, por suerte o por capricho, la parábola del destino permitirá al presidente del Bayern comprobar la proeza bien de cerca. Arsenal y Bayern se enfrentan en los octavos de final de la Champions League. Y con ello lo hará Podolski, con su pasado más amargo, con su sombra. No dudó en dar dos pasos atrás para escapar de la idiosincrasia robusta de un club que no encajaba en su espíritu libre. Pero ahora otra vez puede mirarlo a los ojos.