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Mundial de adviento: un reflexión diaria sobre Catar 2022

Que el Mundial se celebre en Catar es una desfachatez. Que se juegue ahora, un bochorno. Este es un calendario de adviento particular. Cada día, una reflexión

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Desde el 20 de noviembre, día de la inauguración, hasta el 18 de diciembre, cuando se juegue la gran final, Sergio V. Jodar y Marcel Beltran, periodistas de Panenka, escribirán sobre el Mundial de Catar. Dada la particularidad de las fechas, sus reflexiones se irán cruzando diariamente en este página bajo la apariencia de un calendario de adviento. Con un ligero matiz: cada mañana, al abrir la ventana correspondiente, en lugar de una chocolatina encontraréis unas palabras sobre el torneo. Un formato diferente para una Copa del Mundo inusual. A todas y a todos: buen provecho.


Ventana 15. 4 de diciembre.

El Dios del fútbol aprieta, pero no ahoga. Se van los uruguayos, pero sigue Messi. Si Messi puede ganar un Mundial, todo es posible. Si Messi puede levantar la copa, a nosotros todavía nos puede tocar la lotería. No es tan importante que Messi gane un Mundial, sino que pueda ganarlo. Es la fe, la esperanza, la ilusión la que nos levanta cada mañana. Y Messi quiso que hoy nos despertáramos pensando que los Reyes existen. Me hablabas de la nostalgia, Beltran. Con Messi no hay nostalgia porque todavía está aquí. Messi es el pasado, sí, pero también el presente, y lo que ya me parece un abuso es que Messi todavía siga siendo el futuro. Algunos dicen que no corre. Joder, ni en 1.000 partidos han entendido que Messi no va lento, son los demás jugadores los que van demasiado deprisa. Messi se para en el césped como un escritor ante el folio en blanco. Estudia los pasillos al gol. Aparece en los partidos como los superhéroes: cuando llueve en un callejón, se funde la luz y la policía no aparece. Queremos que resuelvas nuestros problemas. ¿Estoy triste? Messi, por favor, alégrame un día más. Dicen que otros le hacen el trabajo sucio. Yo también presionaría como un perro igual que De Paul, yo también me desmarcaría sin parar como Julián Álvarez, yo también saltaría en los córneres con los codos afilados como Otamendi. Beltran, yo a Messi le lavaría los dientes. Y te digo por qué: juega su partido 1.000 como si fuera el primero. Marcó el gol que sabíamos que íbamos a marcar. El que tiene copyright. El que ha repetido tantas veces que ya ni chuta, teclea Control C y Control V. Llamarle disparo es un insulto. Messi susurra a la pelota. No me extrañaría que acariciara a su perro con los pies. También volvió a protagonizar esas estampidas en las que tiemblan los vasos de agua y los rivales se ponen debajo de las mesas. Las cabalgatas de Messi son las únicas que derrochan más ilusión que las de Reyes. Este año anuncian que el Mesías no llega el 25, sino el 18. Todo esto para decir que Messi sigue siendo Messi. Tuneando a Marías, Messi es la recuperación semanal de la felicidad. Si Messi marca, mira a cámara y levanta los brazos, el pasado no ha pasado. El Mundial ya es el juego de las sillas, pero cuando para la música Messi siempre está sentado. Cuando Messi se vaya, nos iremos también nosotros. Pero de momento aquí estamos.

S.V.J.


Ventana 14. 3 de diciembre. 

Hay más formas de marcharse de un Mundial que de comprarse una Coca-Cola en un súper. Existen las despedidas light y las despedidas a tope de azúcares. También las despedidas cero reproches y las que pesan como una botella de dos litros. Hay adioses que duran cuatro años y otros que queman para siempre. Uruguay no se va de Catar. Uruguay se va de nuestras vidas. Como hacer una mudanza para no ir a ningún sitio. Suárez, Godín, Cavani o Muslera llevaban tanto tiempo dando guerra que sus nombres se nos habían pegado como un chicle en el paladar. Eran ese jersey viejo y con bolitas que arrastrábamos desde la adolescencia y nos seguíamos poniendo un miércoles para ir a la oficina. El pasado, decía Landero, es eso que nunca acaba de pasar. Abandonarlo es desprenderse de una parte de lo que somos, como si de repente nuestras pisadas ya no dejaran rastro. Un día dejas de comer con la boca abierta y al otro debes acostumbrarte a no ver a esos tipos vestidos de celeste. Un día ya no sales a la calle enseñando los calzoncillos y al otro te dicen que los ‘Charrúas’ no volverán a protestar a un árbitro como si les hubiera quitado la pensión. Se quedan Valverde, Araújo, De Arrascaeta o Darwin Núñez, pero ahora mismo eso no es consuelo. Como dejar el tabaco y andar siempre con un cigarro de plástico entre los dientes. Puedes engañarte, pero en el fondo sabes que estás jodido y que lo tuyo va para largo. Qué hacemos con esta nostalgia, Vázquez. Hay noches que veo un sprint de Mbappé, una croqueta de Pedri o un taconazo de Bellingham y pienso que el futuro es nuestro y lo mejor todavía está por venir. En otras, en cambio, la cámara enfoca al banquillo, no encuentro las muletas de Tabárez por ningún sitio y me siento más perdido que un granjero en un centro comercial. El fútbol es lo mejor que nos ha pasado, compadre. Pero no descarto que también sea lo peor.

M.B.


Ventana 13. 2 de diciembre.

Se ve que un Vladimir es gol de Morata y a dormir. Cuando España juega al fútbol es la leche, pero cuando juega al balonmano roza el pasivo. No da pases, da puntos suspensivos. De tanto blablablá, se sobó. Sabíamos que los japoneses lo dejan todo recogido en las gradas, pero no que lo ponen todo perdido sobre el césped. Yo no me lo creía, y es lo mejor que se puede decir del fútbol. Hemos vivido pandemias y volcanes. Si un día vemos a un extraterrestre comprando aguacates, no nos sorprenderíamos. Pero el fútbol aún nos deja con la boca abierta. El fútbol nunca cae en la rutina. El fútbol siempre ganaría el Óscar a mejor guion original. En una España de recortes, nos arrodillamos ante Alemania y nos rescató. Rajoy y Merkel saben de qué va. Niños no sé, pero muchos perros en España se llamarán Havertz. Havertz debe de ser el nuevo crush de la princesa Leonor, que ya está forrando la carpeta con sus fotos. En fin, que disimulamos de lujo lo de querer ser segundos. Una pena, porque a Croacia la hubieran descalificado por alineación indebida en cuanto se hubieran dado cuenta de que los tres Modrics que juegan nacieron en 2002. Por cierto, a Croacia le anularon un penalti por un fuera de juego milimétrico. En el fútbol posmoderno no puedes perder cita con el peluquero, debes cortarte las uñas cada día y es mejor calzar un 39 que un 45. Eso sí, aún no sabemos si la pelota de Japón salió. Como si la FIFA a veces hiciera raíces cuadradas con la calculadora y otras de cabeza. A todo esto, qué mal ha envejecido Bélgica. Son Pepa y Avelino, todo el día tirándose los trastos a la cabeza. A Lukaku le sonaban las tripas y le empezaron a tirar balones como le tiraban vacas al tiranosaurio. Pero al pobre Lukaku le habían cambiado las partes del cuerpo, como a Míster Potato. Delante estaba Gvardiol, capaz de disolver una manifestación él solo. No todos los héroes llevan capa, pero sí máscara. Ahora que Spotify recuerda lo que escuchamos, Gvardiol le puso a Bélgica canciones de Álex Ubago en la cabeza. Yo también estoy triste. Hoy termina la fase de grupos con un Uruguay-Ghana. Hay partidos que nunca terminan, y ese se lleva jugando doce años. ¿Doce años, ya? Joder, Beltran. Cómo pasa tan lento un día y tan rápida la vida. Este año ni han avisado de que diciembre venía después de agosto.

S.V.J.


Ventana 12. 1 de diciembre. 

Lo de ayer fue pura supervivencia. Cada vez que alguien me preguntaba si entendía por qué Polonia estaba en octavos y México eliminada, le decía “por supuesto” y me ponía a silbar. Una cosa es ser imbécil y otra, mucho peor, parecerlo. En mi cabeza caben pocas certezas, y la mayoría tampoco las pillo. Lewandowski lloró el día que marcó y sonrió el día que perdió. Para comprender el cierre de la fase de grupos de un Mundial necesitas un intérprete. O que alguien te deje su calculadora. Llevo once años huyendo de las matemáticas. Desde que acabé el instituto. Se ve que todavía no lo he conseguido. Todo bien, Vázquez. Dicen que cuando Borges escribía sus cuentos, se le escuchaba reír en el despacho. Al leerlos, yo lo que no me explico es cómo no le estalló la cabeza. Escribir es dificilísimo, pero no mucho más que echar cuentas en la tercera jornada de una Copa del Mundo. Fallas en un número y estás fuera. Argentina odia las clases de aritmética, así que salió antes al patio. Los pibes de Scaloni empiezan a jugar como si les importara más la pelota que la nota del examen. Buen síntoma. El seleccionador, que ya es mayor de edad y se pone las camisas por debajo del pantalón, entró al bar y pidió un Mac Allister; en lugar de un whisky, le sirvieron un centrocampista con llegada al área. Deberes hechos y entregados a tiempo. A punto estuvo de evitarlo Szczęsny, que en Plástica saca dieces. Mientras tú solo sabes dibujar casitas con árboles, el portero polaco hace jarrones preciosos con las manos. Lo jodido es cuando te tiras toda la noche estudiando y no te da ni para el aprobado raspado. México se fue del aula con lágrimas en los ojos después de superar a los saudíes. Respondió a todas las preguntas con cinco párrafos, pero no fue suficiente para subir la media. Ni siquiera valió la joya de Luis Chávez, que marcó el gol de su vida con una falta imparable. Ese balón da en un rascacielos de Doha y lo arranca del suelo. El ‘Tata’ Martino, que siempre parece que le acaben de dar un susto, ponía la misma cara que tú cuando le reclamabas a la profesora un 4’75. Esa lección sí que te la sabías: pedir clemencia casi nunca sirve para nada.

M.B.


Ventana 11. 30 de noviembre.

El Mundial habla como Mr. Wonderful: “No habrá sueño que se te resista”. “Vamos a exprimir la vida”. “Rumbo a mi nuevo lugar favorito”. La pelota recompensa a los valientes. Salir a empatar es salir a perder, como cuando te decían que suspenderías si ibas a por el cinco. Me flipa la tercera jornada. Hay equipos que juegan para vivir y equipos que juegan para no morir. Si estás vivo puedes perderlo todo y si estás muerto no tienes nada que perder. Los que necesitan ganar juegan con la casa en llamas, les queda un 2% de batería y escuchan los pasos de su verdugo al final del pasillo. Quieren seguir con vida, como aquel condenado a muerte que marcó la página del libro en la que se había quedado cuando lo llevaron a ejecutar. A ti también te habrán dicho que compres un piso, y si no pues lo alquilas o lo revendes. Pues al Mundial no le gusta que especules. Que lo sepas. A ver si aprenden la lección y dejan de defender apiñaditos como los Ferrero Rocher de la Preysler. Por cierto, menuda anfitriona ha sido Catar. Organizó la fiesta pero en Spotify le salió el villancico de Leticia Sabater en lugar del de Mariah Carey. Le han quemado las cortinas, le han roto el jarrón de las cenizas del abuelo y ha venido la policía. Ni con vuvuzelas lo ha arreglado. En fin, que unos van para adelante, como la Senegal de Koulibaly. Sabíamos que tenía las llaves de su área, pero no que fuera el conserje. Para casa Ecuador y el ‘Lechuga’, el mejor apodo. Tú podrías ser Marcel el ‘Pitillo’ Beltran. Entiendo lo que dices del tabaco. Mira, lo confieso: si no fumaras tú, yo sería adicto a la nicotina. Pero nos va bien cada uno en su papel. Como a De Jong y a Gakpo. De Jong conduce la pelota con la ventanilla bajada y el codo apoyado. Es el prota del nuevo anuncio de BMW. De copiloto lleva a Gakpo, encargado de atracar los bancos con escopeta y gafas de aviador. Ríete de Thelma y Louise. Hay más tipos de delantero que de tomates. Fíjate en Harry Kane. Es un tiburón vegetariano. Inglaterra lleva nueve goles y él no para de repartir asistencias. Ya te digo yo que este Mundial premia a los tarados. Que se entere Southgate. No hace falta jugar al Cluedo para sospechar que Foden es un asesino con una pelota en un estadio. Otro ejemplo es Pulisic. En el Chelsea es un jugador de cinco tenedores y en el Mundial metería la cabeza en una pecera de pirañas.

S.V.J.


Ventana 10. 29 de noviembre. 

Ya van dos personas en los últimos días que me han preguntado por qué estoy viendo este Mundial. En mi vida, dos personas son multitud, Vázquez. Así que he empezado a preocuparme. Está bastante feo eso de señalarle a un adicto las contradicciones que encierran sus vicios. Como esos amigos que cada vez que te enciendes un cigarro te indican, por si además de adicto eres imbécil, que eso te está matando. Hay cosas que solo se las permites a la familia, y gracias. No se dan cuenta de que en el fondo te están dando más trabajo: primero tendrás que perderlos de tu vista y luego dejar el puto tabaco. Una Copa del Mundo en la que la mejor jugada, después de diez días de competición, es la carrera por el césped de un espontáneo con varias proclamas, es una Copa del Mundo lúgubre, asfixiante. No podemos cerrar los ojos. Como tampoco esquivar todas las tentaciones, a ver si vais a pensar que somos los sobrinos perfectos, a lo Peter Parker. Un Mundial te pela el cable y extrae de ti comportamientos impensables. Serías capaz de decirle a tu madre que te has roto la pierna huyendo de un Demogorgon por la Gran Vía con tal de aplazar la visita y zamparte un Camerún-Serbia. Nunca nos importó tan poco perder los papeles. La vida es breve, el mundo está podrido, y nosotros elegimos enamorarnos salvajemente de Kudus, porque ya todo nos da igual. El extremo ghanés es uno de esos talentos crudos, broncos, que se te pegan a los ojos. Cada vez que irrumpe en el área en Catar, tiemblan las farolas de una base científica en el Ártico. Demasiado carisma. Todo lo contrario que Bruno Fernandes y Bernardo Silva, sin los que Portugal no estaría en octavos. Bernardo y Bruno tienen cara de comer ensalada todas las noches y nombre de haber coincidido contigo en el parvulario. Como rivales, sin embargo, cuestan más de digerir que una Triple Cheeseburger. Demasiada clase. Aunque para contradicciones, la de Casemiro. Kase.O te canta un bolero y lo bailas; Case se viste de ‘9’ y te salva el partido. No entiendo nada, amigo. Ni falta que hace.

M.B.


Ventana 9. 28 de noviembre.

Empatar es posponer la alarma un lunes: eres feliz, pero enseguida tendrás que enfrentarte a la vida. Me cae bien Morata, Beltran. La bondad tiene mala prensa en el área, donde convalidan los años en prisión. Acostumbrados a delanteros que muerden, me gusta ver a uno que se peina con Nenuco. Morata es un personaje de Disney con el primer toque de un jugador de futbolín. Lo que hace aparentar en la vida, Beltran. De Paul parece mucho más futbolista que Pedri, como si un tatuaje importara más que cien entrenos. Pero luego entra en juego la pelota y para robársela a Pedri hay que pedir cita en el SEPE. Enfrente estaba Musiala. Desde el velociraptor nadie mezclaba elegancia y potencia como él. Lo veo capaz de hundirte la vida, pero antes te lo pediría por favor. Nos había marcado otro de mis favoritos: Rüdiger. Rüdiger se cabrea si se le quema la tortilla. Rüdiger hace un perfect y lo celebra. Rüdiger, te quiero. Se lo anuló el VAR, que es como que te regalen algo y después digan que no es para ti. Ah, para Navidad quiero las Converse rojas del seleccionador de Costa Rica o la felicidad de Marruecos. Para ellos no fue domingo, ese día de la semana en el que están todos los demás. Quién nos iba a decir que el Mundial iba a enloquecer un domingo. Lo hizo gracias a Canadá, que ha ido al Mundial como si fuera a las fiestas patronales. Más equipos así. Canadá es la abuela que en las comidas familiares escupe los huesos de oliva y alterna el sintrón con la cerveza. Encima el gol más rápido del Mundial lo marcó el tío más rápido del Mundial. Y hay más: Davies anotó el primer tanto de Canadá en un Mundial y en tenis Canadá ganó su primera Davis. Son las estadísticas que necesito, como esa que circula por Twitter: Kubo es el jugador con apellido geométrico más joven en un Mundial, por delante de Redondo y Cuadrado. A Canadá se la ventiló Croacia, la selección que juega con un mantel porque engulle al rival. En fin, Beltran, que un domingo puedes envejecer. Es lo normal, pensé cuando vi a los belgas. Pero antes había visto a Borges, Keylor Navas y Campbell, que fichan a las ocho de la mañana y por la noche protegen la ciudad. Yo creo que a los belgas se les metió el lunes en el cuerpo. Encima dicen que hoy es Cyber Monday. Solo hay una cosa mejor hecha que el Mundial: el capitalismo. Del Black Friday al Cyber Monday. Pero mira, han fallado. Qué voy a comprar si con Brasil lo tengo todo. Cómo va a ser lunes si hay un Uruguay-Portugal. Si hay Mundial, los lunes no existen.

S.V.J.


Ventana 8. 27 de noviembre.

Hasta hace unos días, Francia olía horrible, a Mundial 2002. Al peso de defender corona se sumaba el goteo incansable de lesiones, que redujeron su plantilla a un trozo de queso emmental, con agujeros por todas partes. Sucede que Deschamps, cuando tiene el Ferrari en el taller, coge el Porsche para salir a dar una vuelta: los ‘Bleus’ son una carta que solo ofrece platos buenos. También ocurre que Mbappé sigue siendo la estrella. No me cae especialmente bien el del PSG, al que a veces maldigo en voz baja para que falle los tiros. Tampoco es que le vea muy preocupado con eso. Mbappé juega al fútbol como Miles Davis tocaba la trompeta en muchos de sus conciertos: de espaldas al público. Su misión no es caerle bien a la gente, es caerle bien al marcador. Si el primer requerimiento para triunfar fuera ser un tipo guay, este Mundial lo ganarían los australianos. Irvine, Rowles, McGree, Duke: la pasta que soltaría para que fueran mis amigos y me llevaran con ellos cada finde al lago a pescar y a beber Budweiser mejor no la digo, porque es indecente. Tampoco dispongo de ella. Me gusta la Navidad, Vázquez; lo que no me gusta es no tener ni un puto duro. Creo que este año tendré que regalarte una papiroflexia. ¿Prefieres un pájaro o un barquito? Lo que habría que regalarle a Pablo Aimar es un bypass. A él y al 90% de sus compatriotas. Un país que mira el fútbol como si en realidad estuviera viendo a un niño a punto de caer por el balcón: con el corazón en la boca. Julian Ross no podría haber sido argentino. La única pastilla que salva a la ‘Albiceleste’ del infarto lleva el ’10’ y hubo un día que, como ya se había pasado el juego de los mejores goles, decidió apuntarse al de las mejores celebraciones. Lluís Inarejos puso en Twitter que los highlights de los argentinos son los abrazos. Ninguno los da como Leo. Descarga el latigazo desde la frontal, manda el balón a la cama y empieza su carrera hacia el Nirvana. Cuando Messi abre los brazos desaparecen las arrugas de las sábanas, las puertas dejan de chirriar y todos los relojes se ponen en hora. Es como si el mundo entregara las armas, sonara clic, y todo, por un segundo, volviera a estar en orden.

M.B.


Ventana 7. 26 de noviembre.

El Mundial es el Black Friday: ves cosas que no necesitas. Como un Irán-Gales por la mañana. Amazon sería Catar. Pero al final resulta que lo necesitabas. Estaba siendo un 0-0 bonito, no como el 0-0 de Inglaterra y Estados Unidos. Hay tipos de 0-0 igual que hay pizzas en Nápoles y pizzas en un super. En este Mundial, los equipos se preguntan si estudian o trabajan y al momento se meten la lengua hasta la campanilla. Y así, de repente, marcó Irán, y saltaron todos al campo. En la segunda jornada, como si en una boda la peña se pusiera la corbata en la cabeza en la misa. Van a empezar a caer equipos como granos reventados en el espejo del baño. La victoria de Irán la necesitábamos sobre todo por lo de fuera. Porque el fútbol a veces da revancha de la vida. Si la vida es el partido de ida, el fútbol es el partido de vuelta. La vida no es justa, pero el fútbol a veces sí. Y entonces parece que la vida lo sea. Puedes perder en la vida y ganar en el fútbol. Es un espejismo, pero parece que le ganemos al poder, que triunfen los buenos. Es poquísimo, casi nada, como llevarse el juego del programa, pero al menos durante un minuto sonríes. ¿Cuántos días de mierda te ha arreglado el fútbol? Nos dicen que los futbolistas no son héroes, pero qué difícil es no ponerle la capa a Azmoun. Luego están otros héroes, como Mateu: hola, me llamo Mateu y esto es Jackass. Puestos a robar, que sea a Catar. Muy a favor. Tanto como tu reivindicación de los narradores. De los periodistas en general, tan necesarios en este Mundial. En fin, que tú y yo hemos durado más que Catar. Ojalá seamos como Enner Valencia: firmita y cuando se va lo hace de una forma cada vez más dramática. De momento se han encendido las luces de Navidad y aquí estamos. ¿A ti te gusta la Navidad, Beltran? A mí no me gusta, pero sí me gusta. Las luces de Navidad me ilusionan nada más verlas, como algunos jugadores. Gakpo, por ejemplo, ya oposita a jugador ‘Luces de Navidad’. Bellingham, Musiala y Kudus también. En estas competiciones siempre se encienden luces nuevas: Ribéry duró como un led, Özil nos regaló chispazos y Arshavin, en una Eurocopa, se apagó enseguida. Pero cómo brillaba. No importa el tiempo que se mantengan encendidas. Por ahora somos felices. Y eso es lo que cuenta.

S.V.J. 


Ventana 6. 25 de noviembre.

Nunca sé qué responder cuando me preguntan si me siento joven. Depende del momento. Hay días de colores, en los que me atrevería a ir al cumpleaños de mi suegro con la camiseta de Camerún, y días grises, en los que pienso que un soplido de Fede Valverde bastaría para mandarme directo al medio del Pacífico. Me gustan los disparos del uruguayo: el balón sale de su pie derrapando, como si el semáforo se hubiera puesto en verde y tuviera prisa para llegar a destino. No me gustan, en cambio, los empates a cero. En Catar, ya llevamos cuatro. Nunca hubo tantos en la primera jornada de una Copa del Mundo. Un 0-0 es la representación gráfica de un bostezo. Lo dijo Maradona. A Maradona, ya lo sabes, Vázquez, siempre hay que escucharle; y si te preocupa tu salud, hacer lo contrario. A un Mundial debes exigirle todo: golazos, remontadas, prórrogas, penaltis. Si no, te sientes como si hubieras ido a ver a los Rolling y en el último momento hubiera aparecido tu primo tocando el saxofón. Sobre todo a este, con todos los motivos que nos ha dado para odiarle. Un Mundial es sentarse en un restaurante y pedir incluso lo que está fuera de carta. Ya tendrás otros cuatro años para ahorrar y hacer dieta. A un Mundial hay que reclamarle más partidos como el Portugal-Ghana, que pasó de funeral a fiestón con barra libre con un simple chasquido de dedos. Y más delanteros como Richarlison, sin miedo a las alturas. Algún día imitaré su escorzo inverosímil en el aire para batir al portero serbio y tendrá que venir una grúa a recogerme. Su remate fue el de un marciano, solo superado por la narración de José Sanchis en Gol Mundial, que alguna compañía de telefonía convertiría en politono si aún estuvieran de moda. Imagina que coges el móvil y cae sobre ti esa cascada de palabras precisas y rimbombantes. Cómo no venirse arriba. Me hubiera encantado ser jugador de fútbol, socio, solo para que alguna vez un narrador me hubiera llamado “titán”. No hay otro ámbito en la vida en el que puedas ganarte ese apelativo. Pero eso nunca pudo suceder. Como escribió en una ocasión Manuel Vicent, haciendo un salto al cine, “ser un buen actor o una buena actriz o es muy fácil o es imposible”.

M.B.


Ventana 5. 24 de noviembre. 

La Selección no estaba borracha, claramente jugaba así. Cuesta abajo y sin frenos. Lo mejor de un equipo es que se parezca al entrenador. Y la ‘Roja’ es clavada a Luis Enrique: sin complejos, juega con la vena hinchada y va en patinete. Luis Enrique no ha construido un equipo, ha construido una secta. Yo le agradezco a Luis Enrique que desespere a los cuñaos y a los señoros como ellos nos desesperan a nosotros. Decían que la plantilla era demasiado joven. Pedri mañana cumple 20. Pedri es el Riquelme que come quinoa, Pedri es el Riquelme que se apunta al gimnasio, Pedri es el Riquelme que va a misa. ¿Y Gavi? Yo con 18 años me creía maduro por ir en tren a la universidad y él ya ha marcado en un Mundial. Y tú, Beltran, ¿te consideras joven? Yo no sé si ya tengo 30 años o todavía tengo 30 años. Si fuéramos futbolistas, encararíamos el final. Como queremos ser escritores, acabamos de empezar. Nos queda toda la vida por publicar, incluso después de muerto alguien puede rescatar esto y publicarlo. Ah, también se decía que nos faltaba gol. Es verdad que no tenemos a un ariete tan guapo como Giroud. Contradice mi teoría de que los mejores delanteros son más feos que un gentilicio. Lo veremos hoy con Uruguay. ¿Suárez y Giroud comparten oficio y posición? Como si un cisne y un cocodrilo fueran hermanos. En fin, Beltran, que me enrollo. Me está gustando el Mundial. Parece que va a ser un mojón de empates a cero y Japón le remonta a Alemania. Los asiáticos hicieron mucho ruido ante las bocas tapadas de Alemania. Si te das cuenta, los mejores gestos del Mundial han sido callarse y taparse la boca, una lección para la escritura. Está siendo un Mundial de porteros, también. Gonda cometió un penalti de Grand Prix y después salvó a su equipo. Qué oficio el de los porteros, intercalando aciertos y errores. Como leer una frase de Leila Guerriero y después otra de Paulo Coelho. Hablando de frases: Rajoy escribe sobre el Mundial. Y muy bien. Dice que Arabia Saudí es Arabia Saudí y Alemania es Alemania. A M. Rajoy se le daban bien los números y a su hermano político, las letras. Quizás debería sustituirnos. Por si acaso, me despido como Batshuayi, con un chute que rebota en el palo y me parte la cara. Ya me cobraré la revancha y marcaré en un Mundial.

S.V.J.


Ventana 4. 23 de noviembre. 

Sabemos que Bale tiene tres prioridades. Las mías son: fumar menos, comprarme una bufanda que no acabe odiando y tratar de no ofender a un argentino. Todos a cubierto: han vuelto los insultos de los aficionados de la ‘Albiceleste’. Cada vez que pierde Argentina, gana la literatura. Se trata de una victoria pasajera. Raquítica, si quieres. Pero que vale su peso en oro. El insulto tiene mala fama. En ningún caso, peor que la de los libros. En el fondo, no son tan diferentes a nosotros, Vázquez: personas tratando de hacerse entender con las palabras. La derrota, si trae un “arquero sos un cabeza de termo” debajo del brazo, se vuelve adictiva. A Josep Pla le encantaba el Martini porque era amargo, “que es el gusto de la existencia”. Quiero un trago de eso. A poder ser, que me lo sirvan dentro de muchos años, mientras leo en un bar las célebres memorias de Dahmen y Al-Owais, los porteros de Túnez y Arabia Saudí, a los que el Mundial de 2022 convirtió en leyendas. A la Copa del Mundo se le va la pinza. La Copa del Mundo se divierte encumbrando a tipos con caras corrientes y apellidos que no sabes pronunciar. Aunque no nos engañemos: en dos meses ya no nos acordaremos de ellos. El fútbol se come a sus héroes y luego escupe los huesos. Pero algunos se le atragantan. Otamendi. Kjaer. Héctor Moreno. Krychowiak. Por qué tengo la impresión de que cuando jugaba Garrincha esa gente ya andaba por ahí metiendo la pierna. El ‘Memo’ Ochoa es otra de esas caras que la marea del tiempo insiste en devolver a la orilla. Algunas noches me doy la vuelta en la cama y temo encontrármelo al otro lado, con el balón caliente en el pecho después de haber parado otro penalti. O Giroud, que ante Australia igualó a Henry como máximo goleador de su selección. En una entrevista reciente de El País, el biógrafo de Elon Musk describía al nuevo propietario de Twitter de la siguiente manera: “Para él, el caos es el procedimiento operativo estándar”. Sin comentarios. Podríamos concluir que el procedimiento operativo estándar de Giroud es instalarse en el área como quien se apalanca en una playa en verano, colocar la sombrilla, la toalla y la neverita en su puesto, y dedicarse a completar sudokus mientras espera ese centro quirúrgico que lo lleve a hacer historia con Francia.

M.B.


Ventana 3. 22 de noviembre.

DJ Koopmeiners. DJ Gakpo. DJ Bergwijn. Me hablaste de nombres y jugó Países Bajos, cuyos futbolistas parecen pinchadiscos de un festival alternativo. Y Van Gaal es el segurata de todas las ediciones. Cuando tú y yo gateábamos en esto, Van Gaal ya estaba por aquí. Lleva tanto tiempo que ha cambiado de país: era de Holanda y ahora es de Países Bajos. El tiempo pasa para todos: más de 70 años cantando God Save the Queen y de repente te cambian la letra. Pero Van Gaal sobrevive al tiempo. El primer jingle futbolístico que se me metió en la cabeza fue el “siempre negatifo, nunca positifo”. Ninguna frase nuestra pasará a la posteridad como esa. Además, es un tipo valiente que denuncia las costuras del Mundial. Aunque para valientes los iranís, que parece que en el vestuario escucharon los versos de Pablo Milanés: “La vida no vale nada / cuando otros se están matando / y yo sigo aquí cantando / cual si no pasara nada”.  Ellos no cantaron, se callaron durante su himno y demostraron, una vez más, que el silencio hace mucho ruido, Beltran. O debería llamarte Broncano, porque me preguntas por mis ahorros. No tengo lo suficiente para fichar a Bellingham y echo el Euromillón semanalmente. Hazte una idea. Hablando de pronósticos, ¿has hecho porra del Mundial? Estuve un rato jugueteando con el simulador, con posibles finales. Era como estar en el aeropuerto delante de la pantalla, con todos los vuelos por coger y la ilusión por embarcar. Qué bonito todo cuando nada ha sucedido. Es el poder de la previa: el amor fracasa con el conocimiento. Hoy, debut de Argentina, el campeón según mi porra. Scaloni dijo que Messi es el más terrestre de todos. Te voy a decir una cosa: No sé si Messi querría ser Dios, pero seguro que Dios querría ser Messi. Y qué me dices de Bale. Chutó el penalti como se golpea en el golf. Demostró el orden de sus tres prioridades. ¿Cuáles serían las tuyas? Ah, Beltran, deja de elogiarme o empezaré yo. Si la escritura es entrenamiento, esto es como verte marcar goles sin parar mientras yo ni me acerco al palo. Suerte que la única forma de aprender es leyendo a los mejores.

S.V.J.


Ventana 2. 21 de noviembre.

Vázquez de mi vida. Llámame como quieras. Christopher Moltisanti. Jon Nieve. DeMar DeRozan. Pervis Estupiñán. Sabes que los nombres son una de mis debilidades. Me pasa un poco como con los textos. Me gustan todos menos si son míos. Durante este mes, si tú eres Messi, yo seré tu Rodrigo de Paul. Voy a quitarte a los fans de encima, voy a cebarte el mate, voy a pasarte el balón hasta en la ducha. Será como hacerte la cama todas las mañanas. Todo por agradecerte la propuesta de compartir calendario de adviento mientras dure la Copa del Mundo. Ahora me doy cuenta de que acepté antes de que acabaras la frase, con una reacción seca, automática. Yo a ti no te digo que ‘no’ ni a una cena en La Tagliatella (mucho obsesionarnos con el éxito y a veces es tan fácil como llamar rigatoni a unos macarrones, menudos genios). Pero es imposible escribir de este Mundial y no sentirse en fuera de juego. Enner Valencia todavía podía quejarse y no quedar como un ridículo. Tú no. Tienes el marcador a diez metros. Cantas más que una almeja. Cómo comentar la defensa de Suiza, las transiciones de Costa Rica o las alternativas ofensivas de Senegal y no verte como un cómplice de esos cuatro jeques con las manos manchadas de sangre. Se parece a cuando sales de casa sin lavarte los dientes o con los calzoncillos del día anterior: quizá nadie lo perciba, pero tú te notas sucio. Te haré caso, sin embargo: las culpas a Gianni Infantino. Qué nombre, por cierto. Es imposible llamarse así y no acabar gobernando el fútbol. Suena a marca de trajes de El Corte Inglés. A perfume regalado. Si fuera escritor, ya habría ganado el Nobel. No como tú y yo, que parecemos dos comerciales de Tecnocasa. No hay más opción que remar. Y rezar para que esto no acabe como el partido de inauguración, con la gente yéndose a casa antes de que termine la fiesta. A todo esto, ¿cómo vas de ahorros? Es triste pagar para que te aplaudan, pero más triste es que no te aplaudan. No es un proverbio chino. Pero casi.

M.B.


 

Ventana 1. 20 de noviembre.

No me gusta el chocolate, Beltran.

No sé si es la mejor frase para empezar nuestro intercambio de pases, pero fue lo primero que me vino a la cabeza cuando cocinamos la idea de comparar el Mundial con un calendario de adviento. Fechas parecidas y, sobre todo, la ilusión de abrir cada día una casilla y comerse un chocolatito. No me gusta el chocolate, te decía, pero sí que me comía todos los días el chocolatito del calendario. Fue como si gracias a la Navidad me olvidara de que no me gustaba el chocolate. Ahora gracias al fútbol y al Mundial escondo que no me gusta dónde se celebra. Pero ahí va mi confesión: me hace ilusión que empiece el Mundial. Y quiero explicarte por qué. Porque celebro goles de defraudadores de Hacienda. Porque yo no soy perfecto. Porque el fútbol no es perfecto: Beltran, si el fútbol nos permite olvidarnos de nuestros problemas, cómo nosotros no vamos a olvidar los problemas del fútbol. Y sobre todo lo voy a ver porque no es culpa nuestra que el Mundial se juegue en Catar. Me da asco que se le otorgara el Mundial a un país que no respeta los derechos humanos. Pero una cosa es que veamos el Mundial con pinzas en la nariz y guantes de látex como si tuviéramos que manipular a un muerto, y otra que seamos los asesinos. Manchan el fútbol y nos culpan. Manchan nuestro tesoro y quieren que lo limpiemos nosotros. Manchan el Mundial y recae en nosotros la responsabilidad. Me recuerda a cuando en la pandemia nos dejaron juntarnos en Navidad y luego nos echaron la bronca por juntarnos en Navidad. ¿Tengo que quedarme sin verlo o verlo con remordimientos? Sabes que digo pocos tacos, pero mira: y una mierda. Y a ti, ¿te hace ilusión abrir la siguiente ventana? Yo sobre todo tengo ganas de abrirla contigo, Beltran. En este toma y daca, por cierto, voy a llamarte así. Espero que no te moleste. Te he dicho muchas veces que me fascina tu apellido. Lo mejor que le puede pasar a un apellido es que sea un nombre. Y además no lleva tilde, como si se la hubieras soplado.

Que aproveche tu chocolatito.

S.V.J.