Lucas Moura tiene licencia para resucitar y Ámsterdam fue el escenario elegido para decirles a todos aquellos que lo veían ya perdido, lejos de lo que prometía aquel joven de Sao Paulo, que el talento es inagotable. Moura siempre fue un jugador especial, no era uno más de esos cientos de futbolistas brasileños prometedores que salen cada año. Lleva casi una década en el fútbol de élite, pero su gran noche quizá haya tardado más en llegar de lo que debería. Es evidente que fácil no lo ha tenido nunca, ya que siempre ha dado la impresión de ser un futbolista de complemento allí donde iba y jamás en ese papel de ser el cabeza de cartel de un equipo.

En la selección brasileña que no logró el oro olímpico en Londres estaba por detrás de Neymar, Ganso y Óscar, era la tercera pata de la mesa. Pero lo que sucede es que si hablamos de talento, del puro talento natural, Lucas no estaba lejos de estos tres; excepto Ganso, los otros dos han tenido una mejor trayectoria en Europa que él. Cuando firmó por el PSG sucedió lo mismo. En lugar de ser un fichaje situado para ser el emblema y futuro de París, jamás fue considerado con ese rango. Moura al fin y al cabo fue tratado como un complemento de lujo, aunque era demasiado bueno para ser el futbolista número 12 o 13 dentro de una plantilla. Casualidad, o no, cuando llegaron sus mejores números anotando 12 goles en liga, el PSG tuvo que prescindir de él ante las llegadas de Neymar y Mbappé.

 

A sus 26 años, a Lucas Moura no se le puede seguir tachando como complemento de nadie, tiene el talento y el oficio necesarios como para ser una de las piezas clave en cualquiera de los mejores clubes del continente

 

El valor de Moura ya no era el mismo. De los 40 millones que pagó el PSG años atrás, ahora era el Tottenham quien se lo iba a llevar a Londres por 28. Los ‘Spurs’ estuvieron muy inteligentes en su fichaje, aunque pocos han sido los brasileños que han logrado hacer una buena trayectoria en Inglaterra. Pochettino necesitaba a Lucas y Lucas a Pochettino. El técnico argentino tiene magníficos futbolistas que saben jugar por dentro, pero a la hora de abrir el campo por fuera para nutrir a Kane tan solo disponía de Son. Moura es precisamente eso, un talento innato por banda, con gol y la capacidad de combinar también por dentro. Sus primeros meses, ya que llegó en enero de 2018, fueron bastante residuales, con pocos minutos y escasa aportación.

Lucas necesitaba partidos y confianza para explotar en el Tottenham lo que demostró en su último año en el PSG o en las categorías inferiores de Brasil. La oportunidad llegó con una ausencia: la de Son en la Copa Asia. El brasileño aprovechó esa oportunidad con la titularidad y con goles, debemos recordar un doblete suyo en Old Trafford frente al Manchester United en el mes de agosto. Sus tres goles frente al Ajax han llenado portadas y resaltado su gran importancia, es lógico ya que se trata de un hecho histórico para el Tottenham, pero para que los ‘Spurs’ estuvieran en la final de Madrid el propio Lucas tuvo que anotar un gol en el 85’ en el Camp Nou en la última jornada de la fase de grupos. Sin ese gol, y la cagada del Inter, todo lo que estamos hablando ahora carecería de sentido.

Lo que sí está claro es que, a sus 26 años, a Lucas Moura no se le puede seguir tachando como complemento de nadie, tiene el talento y el oficio necesarios como para ser una de las piezas clave en cualquiera de los mejores clubes del continente. Sus tres goles en Ámsterdam le encumbran, ya que ante los focos puestos sobre Kane, Son o Eriksen ha sido el extremo brasileño quien ha llevado al Tottenham a una final europea histórica. Fue la noche que antes le habían robado y que por fin le llegó. Daba la impresión por momentos que él era el único que creía en la gesta, el balón le pertenecía y buscaba la portería de Onana con total agresividad. Sus lágrimas tras el partido al ver su agónico gol son las del trabajo hecho, las de quien ha peleado hasta lograr su objetivo.