Este artículo es un añadido de los autores al extenso reportaje sobre la etapa del ‘Pelusa’ en la Ciudad Condal que puede leerse en el interior del #Panenka112, nuestro nuevo número, un especial de Maradona


 

“Si Maradona no hubiera contraído la hepatitis y Goikoetxea no le hubiera roto el tobillo, el Barça habría ganado dos Ligas y Diego habría estado diez años en el club”. Sin ánimo de reescribir la historia, pero con una contundencia inusitada, el agente Josep Maria Minguella, pionero en la intermediación futbolística en España, tiene bastante claro que Diego no tuvo suerte en Barcelona. Curiosamente, él fue el artífice de su llegada y él lo acabó ‘empujando’ fuera del Camp Nou.

El Nápoles sabía de la precaria situación económica que atravesaba Maradona a las puertas de vencer su segunda temporada como azulgrana. En dos años en Can Barça la gestión del dinero por parte del crack argentino había brillado por su ausencia, con inversiones exageradas, caprichos innecesarios y oportunidades desperdiciadas, además de un entorno inmaduro, vanidoso y tremendamente derrochador. “Diego necesitaba un agente con poder y dominio sobre él. ¿Y qué tenía él a su alrededor? A una banda”, razona Minguella. Corrado Ferlaino, presidente del club partenopeo, le ofreció una prima de traspaso y un nuevo contrato con el que paliar deudas y despilfarros y viajó a la capital catalana junto a su director deportivo, Antonio Juliano, para cerrar el traspaso. Nuñez, orgulloso, dijo que el jugador no se vendía. “Los dirigentes -recuerda Minguella- cogieron un cabreo de narices y se marcharon a Italia. Todos menos Juliano, que decidió quedarse unos días en España para ir a ver al Atlético el fin de semana y tantear el fichaje de Hugo Sánchez”. Empezó la cadena de errores, según el agente. “Al día siguiente, me fui al al Hotel Princesa Sofía a despedirme de él. A fin de cuentas había hecho todo el trabajo y en el último momento se había llevado una bofetada. En el fondo empatizaba con su figura. En mitad de la charla, se me acercó el director del hotel y me dijo que Joan Gaspart estaba al teléfono. Quería hablar conmigo”.

– Josep Maria, ¿cómo está esta gente?

– Joan, esta gente se ha ido.

– Bueno, ya… ¿Pero no podrían volver?

– Hombre, aquí está todavía Juliano.

“Si el primer error había sido estar en un hotel propiedad de Gaspart, el segundo fue decirle que el director deportivo napolitano seguía en la ciudad”, asume el agente. “No tardó Gaspart en rogarme que se lo pasara, y de esa charla salió una invitación a su casa de Llavaneras, donde el vicepresidente le preparó una paella y lo tuvo todo el día a su lado. A las 12 de la noche, desde una oficina inmunda del aeropuerto de Barcelona, y tras llegar en vuelo urgente Corrado Ferlaino desde Nápoles, se acabaría firmando el traspaso de Diego al Nápoles”

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, explica Minguella.

¿Qué ocurrió para que el Barça se arrepintiera tan rápido de su negativa a vender a Diego? ¿Acaso actuó Gaspart por libre? “Nunca, Gaspart no iba a orinar sin que lo supiera Núñez”, responde Minguella. Entonces, ¿por qué el presidente azulgrana cambió de postura repentinamente? Miguel Rico, periodista muy cercano a Maradona y su entorno durante su estancia en Barcelona, contaba con información de primera mano. Mientras se cocía la reunión Barça-Nápoles, el plumilla del Sport tenía al protagonista de la operación justo al lado. “Muchos días me acercaba a comer a la sede de Maradona Producciones [la estructura creada para gestionar la imagen y publicidad de Diego cuya sede se encontraba en una planta de los edificios Trade] y, casi siempre, la tele estaba encendida. Aquel viernes estábamos Maradona, Jorge Cyterszpiler [su agente], Guillermo Blanco [su jefe de prensa] y yo. De repente salió Gaspart en el informativo diciendo que era absolutamente imposible vender a Diego. Se quedaron todos petrificados. Entonces me miraron a mí y yo, por decir algo, les dije: ‘Hombre, a ver… Si Gaspart dice que no, mañana os vais a Nápoles'”, recuerda con humor.

“Tiene todo el sentido del mundo que Maradona se calentara cuando escuchó aquellas palabras”, completa Minguella, protagonista horas después cuando en lugar de dedicar la mañana a jugar a tenis decidió ir a despedirse de Juliano. “Al parecer, Cyterszpiler llamó inmediatamente a Nuñez y lo amenazó con regresar a Argentina si no accedía a traspasar a su representado”, razona. La presión por parte del jugador y su entorno había sido asfixiante los días previos pero empezaba a intensificarse. No es difícil deducir que Nuñez levantó el teléfono e instó a Gaspart a retomar las conversaciones con la comitiva napolitana cuanto antes. No había mucho tiempo, pues el plazo para inscribir a jugadores extranjeros en Italia vencía en escasas horas. “Pero yo contribuí a que fuera posible”, se fustiga Minguella. “Y mientras viva, siempre tendré clavados estos dos errores en el corazón”, concluye el agente, seriamente dolido a pesar del tiempo transcurrido. El sábado 30 de junio de 1984, el ‘Pelusa’ cerraba su etapa azulgrana.

 


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