Jugando en la calle, con sus hermanos y con niños mayores que él: así perdió el miedo a los balonazos y así se hizo portero. España dejaba atrás el blanco y negro: imposible imaginar entonces que Ramón, ese muchacho del barrio de La Pastora de San Fernando (Cádiz), impulsaría a otra dimensión a uno de los grandes clubes de España. Pero vayamos por partes: su primera ficha se guarda en el CD Águila, de donde pasó al CD San Fernando. Se hizo un nombre y pese a ser juvenil, se adueñó de la portería del primer equipo. Llegaron ojeadores del Real Madrid, pero Pablo Blanco -eterno cazatalentos- lo reclutó para el Sevilla. Era el verano de 1988. Ramón Rodríguez Verdejo ya era Monchi: portero del filial del Sevilla y estudiante de Derecho. Dos años después, Cantatore lo ascendió al primer equipo.

Fue entonces cuando se hizo popular en toda España, pero no por sus partidos (nueve entre 1990 y 1995) sino por una imitación televisiva que nació de casualidad. “Hacíamos el Força Barça en TVE-Catalunya y nos faltaba un minuto y medio para llenar el programa”, recuerda Sergi Mas, su imitador. “Ese fin de semana se había tragado un gol; a mí me parecía raro que hubiese un portero que se llamase Monchi, propuse la imitación y me dijeron que adelante”. Mas se puso una gorra roja y forzó el acento andaluz. El personaje que había nacido como “adalid de la mala suerte”

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se hizo gigante cuando el programa – llamado Al ataque– pasó a emitirse en toda España.

Cualquier otro se hubiese dejado amargar por la caricatura, pero Monchi regateó las bromas: entre 1995 y 1999 fue habitual verlo bajo los palos del Sevilla y una vez retirado, ahí siguió, primero como delegado y más tarde como director deportivo. En 2000, el presidente Roberto Alés le propuso el cargo: fue quizá la mejor decisión de la historia del club. Devoto de la Semana Santa, su pasión cofrade nació en su barrio. “Yo era un ‘jartible’ [cansino], de niño estaba dos horas antes sentado en la plaza esperando que saliera el Nazareno”. Ahora es el rey Midas del fútbol. Presume de haber vivido en las dos ciudades más bonitas de Europa, Sevilla y Roma, y sigue siendo embajador del CD San Fernando. Solo el tiempo le hará justicia: con Monchi, el Sevilla pasó de ser un equipo aspiracionista por el que desfilaban buenos jugadores a convertirse en un conjunto competitivo, temible y ganador.

 


Este artículo, correspondiente a la sección de ‘El último cromo’, está extraído del interior del #Panenka102, un número que puedes conseguir aquí.