“Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pena; no se despertaría
mi corazón a la alegría con el mismo tono;
y todo lo que quise, lo quise solo”

Edgar Allan Poe, en Solo.

 

Muchos estadounidenses han tenido un gran impacto en Europa. No solo por su trabajo en estas tierras, sino por su influencia y su manera de cautivar a miles de personas con su talento. Hasta los autores más grandes europeos han tenido entre sus referentes a alguien de la otra orilla del Atlántico. Entre estos maestros, destaca la figura de Edgar Allan Poe, uno de los escritores románticos por excelencia. Y cuando me refiero a ‘romántico’ no hablo del género del amor, que también trató, sino del movimiento cultural iniciado a finales del siglo XVIII. Poe, de ascendencia británica -su padre, de antepasados irlandeses y su madre, de padres ingleses- maravilló a Europa con su estilo macabro y sirvió de inspiración para muchos autores del viejo continente como Arthur Conan Doyle, Jules Verne o Charles Baudelaire.

European way of life

Y es que, durante años, en Europa hemos querido asemejarnos a nuestros amigos norteamericanos; intentado copiar su moda, sus aficiones y hasta su manera de vivir. Pero en Estados Unidos también han tratado de acercarse, cada vez más, a uno de los símbolos europeos por excelencia: el fútbol. En 2007 la MLS, la principal liga del país, tomó la decisión de potenciar el sistema de academias de fútbol; no solo mejorando las instalaciones o los profesionales, sino modificando el tipo de entrenamiento y el desarrollo del jugador joven. Como lo explica Fred Lipka, director técnico del programa para jóvenes talentos de la MLS, en The New York Times: “Invertimos en la formación de los entrenadores, de los directores de las academias… Para tratar de asegurar que hubiera más intercambio con Europa y Sudamérica, y para importar las mejores prácticas”. Y añade: “Se pone mucho más énfasis en el entrenamiento técnico y táctico, no solo en el desarrollo atlético. Para construir un avión, es necesario contar con ingenieros que sepan cómo construir el avión“.

Texas, el epicentro de la migración

Buena prueba de ello es la academia del Dallas FC, uno de los equipos punteros en Estados Unidos que, en los últimos años, ha sido la encargada de exportar a sus mejores talentos hacia Europa. Uno de los artífices de este logro es el director deportivo del club André Zanotta, exvicepresidente del Santos durante la época en la que Neymar dejó impresionado a todo el mundo, y que en poco tiempo ha vivido la expansión de su proyecto a las principales ligas en Europa. Primero en el 2016 con el hoy futbolista de la Juventus Weston McKennie, seguido de Chris Richards en 2019 que se fue rumbo al segundo equipo del Bayern de Múnich y, en el pasado mercado de fichajes de invierno, con Justin Che, cedido también al club bávaro. O una de las grandes promesas estadounidenses, Bryan Reynolds, jugador por el cual la Roma puede llegar a pagar once millones de euros. Aparte de los licenciados en Dallas, el mercado de invierno de 2021 nos dejó otras migraciones de los Estados Unidos a Europa. Como por ejemplo el fichaje de Mark McKenzie del Philadelphia Union por el Genk belga, o el de Brenden Aaronson, también desde Filadelfia hacia el Red Bull Salzburg.

 

En este fútbol moderno basado, muchas veces, en la moda, si un fichaje sale bien se tiende a pensar que todos los futbolistas del mismo mercado van a ser igual de buenos. Pero esto no siempre es así

 

Todos ellos son solo algunos de los ejemplos más recientes de futbolistas que han abandonado el continente americano para aventurarse a la carrera de sus sueños. Algunos van a triunfar, otros se van a estrellar contra la antagónica cultura futbolística europea, pero seguro que nadie les va a recriminar no haberlo intentado.

Dar el primer paso

El mercado invernal supuso un punto y aparte en la visión europea sobre el fútbol en Norteamérica y parece que la tendencia en la ventana veraniega sigue el mismo rumbo. Y buena causa de ello es que la inversión que los propietarios de los clubes de la MLS ha hecho que, de rebote, ha supuesto que la calidad de los jugadores crezca. Pero uno de los factores más determinantes, sin duda, ha sido el fenómeno Christian Pulisic. Y es que en este fútbol moderno basado, muchas veces, en la moda, si un fichaje sale bien se tiende a pensar que todos los futbolistas del mismo mercado van a ser igual de buenos. Pero esto no siempre es así. Se pensó cuando Neymar puso rumbo a Barcelona, pues luego se convirtió en tendencia fichar a jugadores brasileños, como en el caso de Vinicius y Rodrygo. También es cierto que, como en el caso de Neymar, cuando un jugador lo hace bien en un club grande, es fácil fijarse en el sitio del que proviene. Yace aquí la importancia de dar el primer paso, como en todo de la vida, el coger las riendas de tu destino y ser el pionero. Y esto es lo que hizo Pulisic, ser el primer norteamericano en triunfar, de verdad, en Europa. Sino que se lo pregunten a los aficionados del Borussia Dortmund, que vieron, durante años, como la joven promesa hacía diabluras en la banda del Signal Iduna Park, o a los del Chelsea que ahora lo disfrutan cada fin de semana en Stamford Bridge.

 

En Europa hemos querido asemejarnos a nuestros amigos norteamericanos; intentado copiar su moda, sus aficiones y hasta su manera de vivir. Pero en Estados Unidos también han tratado de acercarse a uno de los símbolos europeos por excelencia: el fútbol

 

Sigue sus pasos, muy de cerca, la última joya de la corona en Dortmund, Giovanni Reyna, el hijo de Claudio Reyna, que ya tuvo una buena carrera en el viejo continente, sin embargo, incomparable con lo que le auguran al joven de los Reyna. O el inesperado Matthew Hoppe, del Schalke, autor de un hat-trick en su debut con el conjunto alemán. Y los nombres no acaban aquí, un séquito de estadounidenses inunda Europa a la espera de convertirse en el nuevo Pulisic. La gran mayoría de ellos comparten una característica: su desembarco en tierras alemanas. Aparte de los ya mencionados, Tyler Adams del Red Bull Leipzig o Josh Sargent del Werder Bremen, también se fueron a Alemania a probar suerte y, de momento, no les está yendo nada mal. Camino que querrá seguir el nuevo fichaje del RB Leipzig Caden Clark, procedente del New York Red Bull y formado en la Barça Academy en Estados Unidos.

Orgullo nacional

Hace unos años, tampoco muchos, Estados Unidos era un mercado futbolístico marginado, apartado de la realidad. Si algún jugador ponía rumbo a una gran liga era flor de un día, debido a su correcta actuación en un Mundial o por la buena relación entre los entrenadores de dos clubes. Los años han pasado y esta tendencia se ha revertido, ahora el soccer, como les gusta llamar a ellos el fútbol para diferenciarlo del football (el fútbol americano), goza de un puesto de privilegio en el panorama. Lejos de poder competir con las tradicionales grandes potencias mundiales, como Alemania, España, Francia, Brasil o Argentina, los Estados Unidos se han ganado el poder codearse con otros países por lo que se refiere al desarrollo de sus promesas. Este hecho, como explica Fred Lipka en The New York Times, es un motivo de orgullo para un país que ya de por sí tiende a estar muy orgulloso de sus actos: Solía ser una carga ser un joven jugador estadounidense; ahora, es un buen momento“. Porque tan importante es tener o ser, como estar en el momento indicado y encontrar el contexto idóneo para brillar en aquello que haces. Sino que se lo pregunten a Edgar Allan Poe.

 


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Fotografía de Imago.