La RAE define ‘serendipia’ como un hallazgo valioso que se produce de forma casual o incluso accidental. Así apareció el Huesca en la vida de muchos de nosotros: sin buscarlo, sin esperarlo, sin ni siquiera verlo llegar. Y así apareció en mi vida la inefable Un lugar en el mundo (1992), una película, una oda a la sencillez tan hermosa como humilde, tan emocionante como realista, que narra la triste historia de una colectividad que habita en una marginada región de Argentina, la de unos perdedores, de unos utópicos, idealistas e ingenuos perdedores, que rememoran un tiempo preñado de esperanzas, como sintetizaba Luis Martínez a la hora de valorar, en las páginas de El País, una obra de arte que, según argumenta, se erige en una sobria, diáfana e intensa crónica de la derrota, que pone en valor la dignidad de la inevitable derrota del débil frente al poderoso, de los ideales, de la ilusión, frente al dinero; que realza la belleza de los finales infelices. “A lo mejor vine para acordarme de todo lo que pasó aquel invierno. Algunas cosas las viví. Otras las escuché o las espié. A lo mejor vine porque me di cuenta de que se me estaban olvidando y me dio bronca. No se puede ser tan imbécil. Hay cosas de las que uno no puede olvidarse, de las que uno no tiene que olvidarse. Aunque duelan”, acentúa Gastón Batyi, uno de los protagonistas de la película, cuando, ocho años más tarde, decide volver al lugar de los hechos para reencontrarse con su pasado, con su infancia.

Y uno no puede dejar de imaginarse a un aficionado del Huesca recordando, con estas mismas palabras, la apasionante aventura que han vivido a lo largo de esta histórica temporada, la primera en la que el equipo, que hace cinco años malvivía en Segunda B, ha vivido entre gigantes. “Este año quedará para la historia. Nadie lo olvidará jamás. Todo lo que hemos vivido no nos lo va a poder quitar nunca nadie. Lo veremos en libros, en reportajes, y podremos decir que estuvimos ahí. Este año lo recordaremos siempre. Nos quedará en el corazón. Hemos hecho realidad un sueño. Hemos vivido un sueño”, afirma, convencido, Juanjo Camacho, el gran capitán, el hombre que ha lucido la camiseta del Huesca en más ocasiones (415, según BDFutbol). “Sabíamos que salvarnos era prácticamente imposible, pero cuando llega el momento en el que se confirma el descenso lo pasas mal. La decepción es grande para todos. Porque la ilusión era enorme. No es un fracaso, pero todos podríamos haberlo hecho mejor. Nos vamos con la sensación de que podríamos haber hecho más. Las derrotas nos han ido minando la confianza. Y no se ha cumplido el objetivo que nos habíamos marcado antes de empezar la temporada. Tenemos que hacer autocrítica porque no hemos estado a la altura. Pero nos vamos con la cabeza alta. Orgullosos de nuestro equipo, de nuestro escudo. De haberlo intentado hasta el final”, añade el veterano ‘10’ del Huesca, que, a pesar de que tan solo ha podido jugar cinco minutos en la Liga, jamás ha abandonado el barco, que siempre ha estado ahí, luchando, poniendo su experiencia al servicio de un equipo que el 19 de agosto del 2018 se estrenó en la máxima categoría del balompié español derrotando al Eibar en un partido histórico, mágico e inolvidable (1-2).

 

“Este año quedará para la historia. Nadie lo olvidará jamás. Todo lo que hemos vivido no nos lo va a poder quitar nunca nadie. Nos queda en el corazón. Hemos hecho realidad un sueño. Hemos vivido un sueño”, afirma Juanjo Camacho

 

El conjunto de Leo Franco ratificó las brillantes sensaciones que ofreció en Ipurua empatando en San Mamés (2-2), pero justo después empezó la debacle. “No supimos cómo reaccionar al 8-2 del Camp Nou. La primera vuelta nos ha penalizado mucho”, admite Camacho, el capitán de un Huesca que no volvió a ganar hasta que batió al Betis en la 18ª jornada (2-1), ya con Francisco Rodríguez en el banquillo. Los once puntos que sumó en la primera vuelta han sido una losa infranqueable para el conjunto de El Alcoraz; demasiado lastrado por la falta de experiencia, que le hizo perder muchos puntos que merecía, o por el rendimiento de algunas apuestas fallidas, como las de Axel Werner, Rubén Semedo, Serdar Gürler o Samuele Longo. La triste realidad les obligaba a protagonizar una proeza irrealizable, pero, ajenos a ella, los futbolistas oscenses, conscientes de todo lo que han tenido que sufrir, pelear, llorar, para conquistar la élite, se rebelaron contra las campanas que ya anunciaban su muerte, contra los números, contra la sensación de que el sueño se iba esfumando lentamente. Contra la lógica. Contra la historia. Todos les dimos por muertos mucho antes de que los cuchillos empezaran a afilarse, pero rechazaron rendirse. “Batallaremos hasta el final. No dejaremos de creer en nosotros. No regalaremos ningún punto. Mientras las matemáticas digan que es posible, creeremos en la salvación. Competiremos. Perderemos o ganaremos. Pero competiremos. Daremos la cara hasta el último partido”, afirmaba Álex Gallar en una entrevista en la que insistía en la necesidad de disfrutar del viaje, de la aventura del Huesca en Primera División.

“Vivo en un sueño del que no quiero despertar. Haremos todo lo posible para mantenernos. Tenemos que dejarnos la vida en intentar conseguir la salvación. Tenemos que hacer lo imposible, lo que no está escrito, para seguir disfrutando de todo esto. Porque estar en Primera o en Segunda te cambia la vida. Yo vine aquí con la ilusión de ayudar, de aportar mi granito de arena, para conseguir la permanencia”, remarcaba, en las páginas de El Periódico, Enric Gallego, que se incorporó al Huesca en el mercado de invierno. Espoleado por el ‘Sí se puede’ de una afición entregada a sus héroes, liderado por el artillero catalán y por el eléctrico ‘Chimy’ Ávila, el cuadro de El Alcoraz ha mejorado en esta segunda vuelta de la Liga, pero la tibia reacción no ha sido suficiente. Y no, no se ha podido. La cruel goleada encajada contra el Valencia (2-6) puso el último clavo en el ataúd del Huesca, certificando su adiós, su regreso a Segunda. “Me duele que nos vayamos así. Es injusto. Creo que no nos lo merecíamos. Es un momento complicado, jodido. Pero toca levantarse”, enfatizaba Francisco, emocionado, desde la sala de prensa de El Alcoraz. El Huesca no merecía una despedida, un final, así. Pero a veces uno se pregunta qué más da el final. Así se lo demostró su hinchada, que, consciente del “no hay que llorar cuando se pierde. Hay que llorar cuando se traiciona el compromiso” que suele repetir César Luis Menotti, premió la entrega de sus futbolistas con una emotiva ovación.

Juanjo Camacho (10), Àlex Gallar (11), Luisinho y Damián Musto (23), sobre el césped de El Alcoraz.

Lloraron juntos. Y se derrumbaron juntos al son de un inequívoco “Volveremos. Volveremos. Volveremos otra vez. Volveremos a Primera. Volveremos otra vez”. Y esto es lo más bello que el Huesca, abanderado del balompié humilde, ha conseguido durante el presente curso, además de evidenciar que la grandeza no se mide ni en categorías ni en títulos. “Hemos ilusionado a la gente. Estamos orgullosísimos de que la gente se siente representada e identificada con el Huesca. Toda la provincia se ha volcado con el club. Y esta es nuestra principal victoria. La provincia necesitaba algo que la uniera. Y nosotros lo hemos conseguido a través del fútbol. Vamos a intentar volver a Primera cuanto antes, pero lo más importante es tratar de mantener la masa social. Lo de la afición ha sido espectacular esta temporada. Y lo que más pena nos da es no haber podido responderles como se merecían”, lamenta un Camacho que aterrizó en El Alcoraz en 2006, cuando el Huesca todavía no podía permitirse soñar con asaltar los cielos. “Hemos conseguido estar a un pasito de la máxima categoría”, remarcaba el ’10’ del Huesca en 2014, ilustrando que lo que ha logrado el equipo al alcanzar la élite del fútbol estatal resultaba inimaginable. El sueño, efímero, apenas habrá durado una temporada, pero la lección del Huesca perdurará años. Lo más lógico era que descendieran, y así ha acabado siendo. Pero como proclama Federico Luppi en la extraordinaria Un lugar en el mundo, “al final todos estamos en el mismo bando: en el de los que perdieron. No somos de los que dicen: ‘Perdimos una batalla, pero no la guerra’. Somos de los que dicen: ‘La guerra se ha perdido, pero nos queda el lujo de haber ganado una batalla'”. Nos queda, a todos los que nos hemos enamorado del Huesca, un lema con el que afrontar la vida: ‘Fieles siempre, sin reblar’.

 

– Gracias por la luz.

– A ti por el viaje.

Diálogo entre Gastón Batyi y José Sacristán, en Un lugar en el mundo.