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Leicester City: el triunfo de la gente común

El Leicester City que contra todo pronóstico levantó la Premier en 2016 era un equipo con clase. Concretamente, con clase obrera. Cómo olvidarlo

Leicester
during the Leicester City Barclays Premier League winners bus parade on May 16, 2016 in Leicester, England.

Este es el editorial con el que arranca el nuevo #Panenka162, dedicado a la hazaña de los ‘foxes’ en 2016

 

Pedir pizza. Abrir una bolsa de patatas. Cenar tarde. El cajón que se encalla. El abrigo al que le falta un botón. El paraguas que no abre. El paraguas que no cierra. Salir a trabajar cuando aún es de noche y volver de trabajar cuando ya es de noche. El cling del microondas. El mec del interfono. Demasiado plástico en la cocina. Quitarse los zapatos al llegar. Poner la tele. Aquí no hay quien viva. Visitar a la abuela. Que te cuide la abuela. Que te críe la abuela. Un pastel de cumpleaños. Una playa llena de gente. Niños chillando, jugando, salpicando. Bien de crema solar. Ganarse una cerveza. Beberte dos. La tortilla de patatas. Los tuppers. Croquetas. Pedir cita previa. La camiseta que solo te pones para andar por casa. Iron Maiden. Spice Girls. Los amigos a los que ya no ves. Un centro comercial cuando llueve. Un centro comercial cuando hace frío.

 

Las gafas de Ranieri. El nervio de Vardy. Los pulmones de Kanté. El apellido de Drinkwater. Los garabatos de Mahrez

 

El Leicester ganando la Premier League. Un equipo con clase. Con clase obrera. El triunfo de la gente común. Common People de Pulp y La Bomba de King África. El autobús. El metro. El atasco. La fábrica. La oficina. El instituto. El viernes por la tarde. El sábado al mediodía. Unas flores en el balcón. Quitar el polvo. Endulzar y sacar brillo a una vida amarga y gris. El sol cuando calienta en invierno. Abrir para airear. Madrugadas tórridas. Una piscina que huele a lejía. Martes y miércoles de Champions League. Las gafas de Ranieri. El nervio de Vardy. Los pulmones de Kanté. El apellido de Drinkwater. Los garabatos de Mahrez. Bajar a segunda. Bajar a tercera.

Estos diez años en los que todo ha dado un vuelco: tú, yo, nosotros y ellos. La versión anterior de ese juego llamado fútbol. Qué moderno nos parecía. Un tiempo tan poco lejano en el que aún podíamos abrazar la imperfección como algo propio, genuino. Sin pasar por el VAR. Sin preguntarle al chat. El error del sistema nos podía llevar al desastre, pero también podía llegar a convertirse en un motivo de celebración: la posibilidad de un resquicio, una grieta, una puerta mal cerrada por la que se cuela un poco de luz, una esperanza. Un mañana. Una opción entre 5.000 de que suceda un milagro.

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