“Caerse está permitido, levantarse es obligatorio”. En 2016, tan solo unos meses antes de desembarcar en el balompié europeo de la mano del Paris Saint-Germain, Giovani Lo Celso (Rosario, 09.04.1996) reconocía en las páginas de El Gráfico que esta es su frase de cabecera; un lema que el joven jugador argentino, lejos de interiorizarlo como un eslogan vacío, ha honrado al pie de la letra al sobreponerse con éxito del contundente revés que supusieron para él los octavos de final de la Champions League de la temporada pasada contra el Real Madrid, una eliminatoria que bien pudo dejar su carrera futbolística señalada para siempre.

 

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Como todo buen rosarino, como Leo Messi, Ángel Di María, Éver Banega, Ángel Correa, ‘El Flaco’ Menotti o ‘El Trinche’ Carlovich (a quien El Gráfico describió como “un volante central elegante, virtuoso y algo displicente”, como “el máximo exponente del arco lírico del fútbol argentino”, una definición que glosa las grandes virtudes que comparten todos los grandes futbolistas que ha dado la ciudad santafesina), Giovani nació con un apasionado amor por el balompié, con una técnica exquisita y con una extraterrestre habilidad para el gambeteo; tres cualidades que, en 2008, le sirvieron de credenciales para unirse a la prestigiosa academia de Jorge Griffa, un exfutbolista del Atlético y del Espanyol que contribuyó a moldear a jugadores de la categoría de Gabriel Batistuta, Carlos Tévez o Maxi Rodríguez y que comparaba al joven Lo Celso con leyendas como Zinédine Zidane, Juan Román Riquelme o Pablo Aimar.

En 2010, llegó por fin la llamada con la que Giovani fantaseaba desde que decidió entregar su vida al balompié, la de un Rosario Central que lo incorporó a las categorías inferiores del club cuando tenía 14 años. El Everton quiso llevárselo al Reino Unido tan solo un año después, pero su padre declinó la propuesta toffee. “Siempre quise que Giovani debutara con Rosario Central porque aquí es feliz”, remarcaba hace unos años Juan Lo Celso, el mismo que en 2013 volvió a rechazar las ofertas de dos grandes clubes del continente. Finalmente, El Monito cumplió el sueño de debutar con el primer equipo a los 19 años, en un encuentro contra Vélez Sarsfield (19.07.2015, 0-0) en el que empezó a demostrar el talento que acabaría convirtiéndolo en una pieza imprescindible en los esquemas de Eduardo Coudet y en un referente para la parroquia canalla, de la que él mismo formaba parte desde que nació. “Vivía a cinco cuadras de la cancha. Cuando empecé a ir al Gigante de Arroyito, me quedé encantado. Jugar con el primer equipo de Rosario Central es un orgullo, un sueño, porque soy hincha del Canalla. Soy muy feliz”, proclamaba un imberbe Lo Celso en la mencionada entrevista en El Gráfico, un texto que le presentaba como “el nuevo rubí del fútbol argentino” y que apremiaba a “disfrutarlo de cerca mientras dure”, advirtiendo que el extraordinario nivel de Giovani no tardaría en volver a despertar el insaciable interés del Viejo Continente.

Los cantos de sirena llegaron desde el Parque de los Príncipes. Y es que, en julio de 2016, el Paris Saint-Germain de Nasser Al-Khelaifi, avanzándose a otros clubes como el Sevilla o la Roma, ni siquiera pestañeó a la hora de desembolsar unos diez millones de euros para hacerse con los servicios de un futbolista, una de las últimas perlas salidas de la cantera canalla, que acabaría aterrizando en la Ville lumière en enero de 2017, con el aval de haber firmado tres tantos y once asistencias en 45 encuentros oficiales con el primer equipo de Rosario Central.

La enorme competencia con la que se encontró a las orillas del Sena (Marco Verratti, Lucas Moura, Blaise Matuidi, Adrien Rabiot, Julian Draxler, Javier Pastore, Hatem Ben Arfa, Gonçalo Guedes o Ángel Di María, el gran ídolo de un Lo Celso que el día que debutó en primera división con la camiseta de Rosario Central recibió la llamada de El Fideo y, “creyendo que era una broma, se encerró en el baño sin contárselo a nadie”, como rememoraba la citada entrevista de El Gráfico) dificultó la integración del joven Giovani, que tan solo pudo participar en seis partidos en sus primeros seis meses en París (107′). Pero la situación cambió radicalmente en la segunda temporada de Lo Celso en el Parque de los Príncipes; cuando Unai Emery, seducido por el enorme talento de El Monito (“Lo Celso es un ejemplo para todos por su manera de trabajar. Trabajó con mucha paciencia, con mucha humildad, para tener oportunidades y se ha ganado el respeto de sus compañeros, el mío y el de los aficionados. Con su tenacidad, se ha convertido en un jugador importante para el grupo”), intentó hallarle acomodo en el pivote del 4-3-3, adornado por la presencia de Neymar, Kylian Mbappé y Edinson Cavani, con el que el PSG volvió a dominar de forma indiscutible la Ligue 1 después del traspiés de la campaña 16-17, cuando el título viajó hacia el Stade Louis II de Mónaco.

 

“Lo Celso es, ante todo, un centrocampista ofensivo. Menudo, ligero, con las características propias del enganche”

 

“El tiempo dirá si esto se queda en un experimento puntual (la exigencia de la liga francesa favorece este tipo de pruebas) o si estamos asistiendo a la enésima reconversión de un fantástico mediapunta en mediocentro”, aseveraba Sergio Santomé en Marcadorint, en referencia a las intenciones del técnico de Hondarribia, inspiradas en los ejemplos paradigmáticos de Andrea Pirlo o Miralem Pjanić, de reconvertir a Lo Celso, el clásico ’10’ argentino, en un ‘5’. “No es el especialista que necesita el equipo para ordenar el juego en la salida y, mucho menos, para compensar sus desequilibrios defensivos. Es un mediapunta reconvertido de emergencia a la posición de pivote, demasiado barroco para darle fluidez al juego en el inicio de la jugada y demasiado inexperto para colocarse en defensa”, añadía Diego Torres en las páginas de El País en la previa de los octavos de final de la última Champions League, la eliminatoria que, además de evidenciar las carencias en la planificación de un Paris Saint-Germain que, con Thiago Motta lesionado, se plantó en el Santiago Bernabéu con un mediocentro de circunstancias y otro semiretirado (Lass Diarra, de 33 años, fue repescado a última hora de los Emiratos Árabes, donde jugó 300 minutos en todo el 2017), se presentó como la gran oportunidad del ’18’ parisino para descubrirse ante el balompié europeo, para consagrarse como uno de los futbolistas más prometedores del mundo.

El naufragio de Giovani Lo Celso, el elegido para acompañar a Marco Verratti y Adrien Rabiot en el centro del campo, fue incontestable. Visiblemente incómodo, el rosarino se vio superado en todo momento por Casemiro, Luka Modrić y Toni Kroos, al que, al filo del descanso, derribó de forma inocente dentro del área en una acción en la que Gianluca Rocchi decretó penalti e incluso pudo expulsar al mediocentro de un PSG que, con el tanto de Cristiano Ronaldo desde los once metros, vio como se esfumaban buena parte de sus opciones de acceder a la siguiente ronda, de alzar un título continental que continúa pareciendo inalcanzable. “Lo Celso es un jugador prometedor, pero es, ante todo, un centrocampista ofensivo. Menudo, ligero, con las características propias del enganche. Adaptable a posiciones algo más retrasadas, sí, pero no tanto”, enfatizaría, el día después, Axel Torres en El Periódico. “Lamentable. Un futbolista sin categoría para jugar una eliminatoria de este calibre. Descolocado y desbordado, fue un lastre para su equipo”; “Fue demasiado febril, no pasó la prueba en la Champions League, así calificarían, el As y el Sport, la aciaga actuación del ’18’.

El Monito cerró la temporada 17-18 con hasta 48 encuentros, pero la llegada de Thomas Tuchel al banquillo del Parque de los Príncipes, con el que tan solo jugó 10 minutos en las tres primeras jornadas de la Ligue 1, le obligó a buscarse una salida. Apareció entonces el Betis, que consiguió hacerse con la cesión de un futbolista que, después de haber anotado seis tantos y de haber repartido nueve asistencias en 54 encuentros oficiales con el PSG, después de haber alzado hasta siete títulos con el conjunto parisino, aterrizó en el Benito Villamarín con el objetivo de recuperar la sonrisa, de encontrar la felicidad futbolística que tanto se le había resistido en la capital francesa. “Me llamó la atención cómo juega este equipo, tiene una identidad que me motiva mucho. Ni me lo pensé cuando me llamó el Betis. Estoy muy contento de estar aquí”, reconoció un Lo Celso que, en los últimos minutos del 31 de agosto, se convirtió en la guinda de un mercado de traspasos en el que la secretaria técnica bética también incorporó a Pau López, Joel Robles, Sidnei, William Carvalho, Sergio Canales y Takashi Inui.

El conjunto verdiblanco también trabajó con nombres como el del neroazzurro Joáo Mãrio o el del azulgrana Rafinha, aunque desde Sevilla insisten en recalcar que la gran prioridad siempre fue Lo Celso, un jugador por el que el Betis ejercerá la opción de compra de 25 millones (obligatoria en el caso de que el conjunto sevillano vuelva a clasificarse por Europa) que acordó con el Paris Saint-Germain, una cantidad que se antoja irrechazable e incluso ridícula ante la oportunidad única de convertir al rosarino en el futbolista franquicia de un proyecto que, de la mano de Quique Setién, ha devuelto la ilusión al Benito Villamarín con la posesión del esférico como un principio innegociable. “Tengo clarísimo que se va a quedar en el Betis. Fue nuestra primera opción durante todo el verano y está demostrando que es el jugador que creíamos”, destacaba hace unos días el vicepresidente de la entidad, José Miguel López Catalán.  

 

Dejar París para recalar en el Betis pudo parecer un paso atrás, pero el argentino se ha esmerado en transformarlo en un paso al frente

 

Giovani Lo Celso tan solo necesitó dos meses para enamorar a un beticismo que le ha adoptado como uno de sus grandes ídolos, como el faro de un equipo que poco a poco ha ido recuperando la solidez del curso pasado. El ’21’ corría el riesgo de verse eclipsado por futbolistas como William Carvalho, Andrés Guardado o Javi García en el doble pivote del 3-4-2-1 de Quique Setién o como Joaquín, Sergio Canales o Takashi Inui o Ryad Boudebouz, que salieron en enero, en la mediapunta, pero, redimido, ha conseguido erigirse en el catalizador del preciosista balompié bético (“Al estilo de juego del Betis le está viniendo muy bien el fútbol de Lo Celso, y al fútbol de Lo Celso le está viniendo muy bien el estilo del Betis. Es un binomio perfecto”, resaltaba hace unos meses Julio Cardeñosa, uno de los grandes mitos de la historia verdiblanca). Omnipresente, imprescindible e insustituible (desde que debutó con la elástica verdiblanca tan solo se ha perdido cinco partidos), dotado de una zurda tan exquisita como elegante y de una clarividencia insólita para encontrar oasis entre líneas, “liberado de corsés tácticos, de las hipotecas defensivas que pudieron lastrar su creatividad en París” (como enfatizaba Carlos del Barco en las páginas de Estadio Deportivo); el rosarino es el artista de un equipo de artistas, el ilusionista que salpica cada jugada ofensiva del renacido cuadro verdiblanco con su magia, con su fantasía.

“En el patio nos gustaba tirar una pared, meter un gol, tirar un caño. No empezamos a jugar al fútbol para meternos atrás o para darle la pelota al rival. Buscamos la esencia del futbolista”, insistía en remarcar Eder Sarabia, el segundo entrenador del Betis, en una imperdible entrevista en el #Panenka78. En el Benito Villamarín, Lo Celso se ha encomendado a su esencia, a la de un futbolista diferente que aúna el trabajo con la calidad, la visión de juego con el olfato goleador que demuestran los 14 tantos que ha anotado en 39 encuentros como verdiblanco, una cifra que le sitúa como el pichichi del equipo. Después de celebrar tres dianas en la Europa League, uno contra el Dudelange luxemburgués y dos contra el Milan, el ’21’ bético se estrenó como goleador en Primera División en el Camp Nou (3-4, 11.11.2018), en un duelo extraordinario en el que el conjunto verdiblanco, comandado por el centrocampista rosarino, ofreció un auténtico recital de balompié ofensivo, un precioso homenaje póstumo a la obra futbolística de Johan Cruyff. “Volvió Messi, pero la estrella fue Gio Lo Celso, quien jugó un partido perfecto. El rosarino la viene rompiendo desde que llegó al Betis y lo ratificó nada más y nada menos que en el Camp Nou”, relataba la crónica de Olé. “Fueron a por Lio y vieron a Gio. Todos los espectadores se acercaron al Camp Nou para ver a un rosarino. Pero, en la casa de Lionel Messi, el show fue de otro”, añadía la de El Ciudadano, maravillada ante la excelsa actuación de un Giovani Lo Celso que dejó en anécdota el doblete del ’10’.

Dejar el Paris Saint-Germain para recalar en el Betis pudo parecer un paso atrás en la carrera de Lo Celso, pero el futbolista argentino se ha esmerado en transformarlo en un paso al frente, demostrando el enorme potencial que empezó a enseñar en el estadio de Rosario Central, protagonizando un brillante inicio de temporada que le ha convertido en uno de los hombres de moda en el balompié europeo, en una de las grandes noticias del curso. “Giovani Lo Celso ha encontrado su lugar en el mundo”, proclamaba la crónica de Olé del Betis-Celta de Vigo (3-3), uno de los encuentros que le han servido al ’21’ verdiblanco para que Lionel Scaloni le contemple como uno de los jugadores que tienen que abanderar la tan necesaria renovación que debe que abordar la selección argentina para aspirar a recuperar el prestigio perdido.

El rosarino cumplió el sueño de acudir a un Mundial el pasado verano; pero, a pesar de que Jorge Sampaoli le había utilizado como titular en los últimos ensayos antes de viajar a Rusia, desapareció súbitamente del lado de Javier Mascherano, en una inequívoca muestra más de la improvisación que reinó en la concentración albiceleste. Lucas Biglia, Éver Banega e incluso Enzo Pérez, que entró en la convocatoria en el último momento para cubrir la baja del lesionado Manuel Lanzini, dejaron sin minutos a Giovani Lo Celso, al futbolista que parecía el más capacitado para remediar los problemas a la hora de conectar con Leo Messi, la gran carencia histórica de una Albiceleste que ahora afronta con ilusión el reto de volver a sonreír.

 

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“Diviértete en la cancha. Juega con seriedad, pero disfruta mucho”. En 2016, dos años antes de brillar en el balompié europeo de la mano del Betis, Giovani Lo Celso reconocía en las páginas de El Gráfico que estas palabras de Marco Ruben, exdelantero del Villarreal y del Recreativo de Huelva, conforman uno de los mejores consejos que ha recibido a lo largo de una carrera que está escribiendo sus páginas más brillantes en el Benito Villamarín, el escenario que ejerce como inmejorable testigo de la resurrección de uno de los futbolistas que, bajo la batuta de Quique Setién, han hecho que, como acentuaba el editorial del #Panenka78, el verde del Betis vuelva a tener el más bello de sus significados, el de la esperanza.