“El pecado es el único elemento colorido que queda en la vida moderna”

Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray

 

Oscar Wilde se lanzó a escribir su ópera prima, El retrato de Dorian Grey, mientras cenaba con Arthur Conan Doyle y un editor estadounidense, J.M. Stoddart. Este último pidió a ambos que escribieran para la Lippincott’s Monthly Magazine, una revista literaria editada en Filadelfia entre 1868 y 1915. Conan Doyle cuenta que después de aquel encargo, Wilde se puso a escribir, sin tiempo que perder, ya que tenía una historia que le rondaba por la cabeza desde hacía tiempo que finalmente desencadenó en este clásico de la literatura como es El retrato de Dorian Gray, mientras que Doyle escribió El signo de los cuatro, la segunda aventura de Sherlock Holmes. Pero hoy no estamos aquí para hablar de Conan Doyle, ni de Sherlock, sino del bello Dorian Gray. Sin entrar mucho en la trama, se requiere hacer el esfuerzo de pensar en Dorian como una de las personas más hermosas que el mundo haya nunca visto. Grandilocuente, interesante, misterioso… Nuestro protagonista lo tenía todo para triunfar en la sociedad londinense de la época. Pero un retrato pintado por su más grande admirador, Basil Hallward, le cambia la vida. Dorian ve que la pintura va cambiando de forma a medida que él va cometiendo actos vanidosos. Y este cambio de la obra de arte, lo persigue hasta el final. Se cuenta que El retrato de Dorian Grey tuvo muchos detractores en Inglaterra ya que lo concebían como inmoral, mientras que, en Estados Unidos, tuvo más éxito. Como lo busca tener Riqui Puig, una especie de Dorian Gray del siglo XXI.

Después de una vida en el Barça, Riqui Puig pone fin a su periplo en el club de su vida. Un club y una ciudad que lo han visto crecer y llevado en volandas hasta el primer equipo. Donde ha visto pasar entrenadores que no han confiado en él y, otros, que le han dado más de una oportunidad, pero Riqui nunca se ha sentido en su ecosistema. Un jugador creado para jugar en Barcelona, moldeado desde la base para encajar en el primer equipo, pero que, finalmente, no ha conseguido brillar. Como tampoco lo terminó de hacer Dorian Gray en Londres, aunque por otras circunstancias mucho más turbulentas. Pero en ambos vemos la degradación de su retrato. Puig lo tenía todo para triunfar, pero a veces hace falta más para poder encajar en un engranaje como el de los catalanes. Parecía adaptarse como anillo al dedo de interior en el famoso 4-3-3 de can Barça, preparado para poder volar en ataque y hacer relucir su técnica, sin lugar a duda, su mejor virtud. Pero una serie de circunstancias lo frenaron; el crecimiento repentino de jugadores como Gavi, Pedri o hasta Nico González, los fichajes de otros jóvenes como Frenkie De Jong u otras circunstancias que el público general desconoce. El hecho es que ese retrato que colgaba en la pared de Riqui, como lo hacía en el gran salón de Dorian, ha ido perdiendo forma, hasta tenerlo que esconder en la habitación más pequeña de la casa.

 

Moldeado desde la base para encajar en el primer equipo, pero no ha conseguido brillar. Como tampoco lo hizo Dorian Gray en Londres, aunque por otras circunstancias mucho más turbulentas

 

58 partidos con el primer equipo y dos goles. Este es el registro del de Matadepera con el Barça. Aunque la mayoría de los partidos fueron entrando desde el banquillo, Riqui Puig dejó buenos momentos. El último penalti frente a la Real Sociedad en las semifinales de la Supercopa de España es uno de sus momentos álgidos de azulgrana. Y cuando parecía que con la llegada de Xavi al banquillo el centrocampista tendría más minutos, las cosas han ido por el lado contrario. Setién fue el que más confió en el canterano y le dio las riendas, a veces, de un mediocampo que empezaba a hacer aguas. Riqui Puig se ha visto muchas veces como el jugador esperanza para los aficionados culés, el que encendía el Camp Nou con tan solo entrar unos minutos al campo, pero esta llama se ha apagado. Y es momento de nuevos retos y mirar hacia otro lado. Porque, aunque parece que haga diez años que se habla de Riqui Puig como jugador del Barça, debutó en 2018 y aún tiene, tan solo, 22 años. Puede ser que se le quemara muy temprano, o se le pusieran muchas expectativas encima, lo mismo que ha pasado con jugadores de su edad en Can Barça, como Bojan Krkic. Triunfar en el Barça es muy difícil, se tiene que dar el cien por cien en todos los entrenos y los partidos, y los errores, se pagan. Por eso se pone tanto de relieve lo que están haciendo Gavi o Pedri a su temprana edad. Porque no es que Riqui sea menos, sino que ellos dos son demasiado.

Pero, a veces, dicen que abandonar a tiempo es una victoria, y puede ser que sea lo que le ha pasado por la cabeza a Puig. Y es que Oscar Wilde tampoco tuvo el mayor éxito del mundo con El retrato de Dorian Gray en Inglaterra, pero fue en Estados Unidos, precisamente el destino de Riqui, donde el escritor irlandés levantó más pasiones. Porque en Estados Unidos las cosas se toman más a la ligera, y comprendieron, desde el inicio, lo que relataba Wilde en su obra. Así pues, puede ser que comprendan también mejor de primeras lo que es Riqui Puig. Un jugador divertido, que disfruta en el campo y hace disfrutar a sus compañeros. Y que, además, aterrizará en Los Ángeles. La ciudad perfecta para triunfar. Envuelto de estrellas y belleza. Una oportunidad única. Como la que tuvo Dorian Gray, si se lo hubiera propuesto, de marcharse y dejar toda la vida de excentricidades que llevaba. Pero no fue así, y al final, el retrato, lo acabó consumiendo. Algo que no pasará con Riqui Puig, ya que ha sabido elegir el momento adecuado para dar un paso atrás y, quién sabe, dar dos en el futuro. El tiempo dirá con Riqui, pero con Dorian, hace rato que ha dictado sentencia.

 


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Fotografía de Getty Images.