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El ‘Gordo’ Feola: el hombre que se inventó la dupla Pelé-Garrincha

Vicente Feola fue el técnico de Brasil en el Mundial de Suecia 1958. Un tipo peculiar que tuvo la culpa de que Pelé y Garrincha llenaran de alegría la 'Canarinha'

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El cosmos saltó por los aires en Suecia’58 cuando Vicente Feola se atrevió a reunir a un adolescente llamado Pelé con un pájaro de patas retorcidas al que se conocía como Garrincha.


Este texto está extraído del #Panenka98, un monográfico sobre los 50 que sigue disponible aquí

 

A Vicente Feola lo introduciremos, para conocerlo en un sentido aproximado, con la síntesis del relato que Eduardo Galeano hizo del gol de Nílton Santos a Austria en la Copa del Mundo de Suecia de 1958. Al lateral izquierdo de Brasil, un caballo desbocado y ofensivo como nunca se había visto hasta entonces en las pizarras del fútbol, le acudió la llamada del gol, se despojó de cualquier correa y cruzó el medio del campo, mientras en la banda, su entrenador, Vicente Feola, desesperado, agitaba su carnosa figura con un grito de prevención y cautela defensivas: “¡Vuelve, vuelve!”. Pero Nílton no hizo caso. Avanzó, obvió la razonable opción de pasar la pelota y marcó. Lo celebraron todos, aunque nadie con tanto orgullo como Feola, girado al banquillo y exultante porque, en resumidas cuentas, ya lo había advertido él: “¿Vieron? ¿No les dije? ¡Este sí que sabe!”.

Así era el ‘Gordo’. La escena describe a la perfección el carácter espontáneo, ingenuo, conciliador y agudo del hombre que sacó a Brasil de la desorientación que perduraba desde el ‘Maracanazo’ y la puso sobre la senda definitiva de lo que sería el ‘jogo bonito‘ y una identidad nacional que rara vez ya abandonaría. Vicente Feola, entre otras cosas, se inventó ‘Brasil’ cuando, no sin tensiones y cierto escepticismo, le entregó las llaves de la selección a un tímido adolescente que entonces aún era suplente en el Santos y a un pajarillo de piernas retorcidas y la cadera como un ocho en el que apenas nadie confiaba dado su comportamiento inmaduro y disperso. Eran Pelé y Garrincha, y el hombre que se decidió a anudarlos en el corazón de la selección brasileña fue Feola, victorioso de los debates internos de un equipo al que le persigue la leyenda de la autogestión y de una camarilla bajo los mandos de los jefes de aquel corral, Didí y Nílton.

Suele afirmarse que fueron ellos quienes, en el tercer partido del Mundial de Suecia, contra la URSS, aconsejaron a Feola que hiciera por fin titulares a Pelé y Garrincha. Feola era de ese tipo de entrenadores, de dejar hacer, dialogante, diplomático y con mucha mano izquierda. Pero siempre defendió que Pelé y Garrincha (que nunca conocerían la derrota jugando juntos) no entraron antes debido a las molestias físicas con las que llegaron al campeonato. A Feola, en cierto modo, lo designaron por eso seleccionador, por su talante conciliador, muy necesario en un país de pasiones atomizadas y cuotas proporcionales dentro del vestuario entre paulistas, cariocas, gaúchos… Su nombramiento, en 1957, mientras era asistente del húngaro Béla Guttmann en el São Paulo, causó sorpresa porque no era uno de los grandes hombres de la época. Era un trabajador de club, con casi 30 años de servicio, donde fue de todo: entrenador, ayudante, técnico de oficina…

 

Conocido como el ‘Gordo’, mofletudo, hijo de un pastelero emigrado desde Italia, siempre con el chándal ceñido a las carnes, Feola era, aun con todo, un personaje respetado y de consenso

 

Conocido como el ‘Gordo’, mofletudo, hijo de un pastelero emigrado desde Italia, siempre con el chándal ceñido a las carnes, era, aun con todo, un personaje respetado y de consenso. Recogió la corriente táctica de la época en Brasil, donde la WM comenzaba a abandonarse en lo que se llamó ‘La Diagonal’, un diseño embrionario del 4-2-4 con el que se articularía el genio de los brasileños durante las dos décadas posteriores, con sus singularidades, los carrileros a banda completa, el ‘ponta de lança’ donde se coronó Pelé y un juego de alegrías y ataque.

Y fue Feola, en Suecia, quien le dio esta pincelada definitiva, con una formación elástica y dúctil, de genoma húngaro: a la sombra de Guttmann absorbió la modernidad de los conceptos danubianos, no solo en lo táctico, sino también en cómo organizar una selección al estilo de la de Hungría en los años previos (sistema de entrenamientos, comisión técnica, concentraciones, profesionalización de sus ayudantes…). En los campos suecos afloró el definitivo 4-2-4, que más que un esquema impactante fue un lenguaje revolucionario en Brasil: todo el juego se enfocaba hacia el ataque y el acento en la libertad de determinados futbolistas.

Y así lo hizo Feola -en la foto, junto a Pelé y Garrincha, antes de Inglaterra’66, en su última etapa al frente de la selección-, el bonachón y campechano Feola, en medio de una de esas siestas que solían decirle que se echaba en los banquillos durante los entrenamientos y siempre medicado para su maltrecho riñón. De esos sueños del ‘Gordo’, nació el sueño de Brasil.

 


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Fotografía de Imago.