Jugaba en el equipo amateur del PSG, en una de las divisiones más bajas de Francia. Tenía 19 años, trabajaba en un McDonald’s y vivía en un cuchitril de las afueras de París. Comenzó entonces a tramar un plan secreto para hacerse futbolista profesional. En lugar de entrenar y mejorar, decidió mentir. La vida de Gregoire Ackelrod es una historia de sombras y misterios, pero también es una crónica sobre la ambición desmedida y los sueños frustrados.

Ackelrod nació en un suburbio al oeste de París, en 1982. Curiosamente, su abuelo era Maurice Chevalier, una de las estrellas más grandes del cine musical francés y autor de una de mis frases favoritas de siempre: “Envejecer no es tan malo cuando se piensa en la alternativa”.

Sin embargo, su única obsesión siempre fue el fútbol. Todo bien hasta aquí. Pero a los diez años, su padre le prohibió jugar más. ¿Por qué? Por malo. Le dijo que era tan patoso que le daba vergüenza ajena verlo competir, o así lo cuenta ahora Ackelrod en el Daily Mail. Un día, en un partido de alevines, su equipo perdió 4-0. Volviendo a casa, su padre rompió el silencio sepulcral del coche para decirle: “Greg, estoy tan molesto. Eres tan malo. Eres tan vago. No quiero verte más en un campo de fútbol”.

Volvamos al punto en el que Ackelrod tiene 19 años. Su familia lo ha repudiado por dejar los estudios y apostarlo todo al fútbol. Él hace hamburguesas de un euro y fríe patatas. En sus ratos libres, muestra su escaso talento por las canchas de los arrabales. París, la ciudad de las promesas, le es ajena. Está solo y está perdido. Y precisamente por eso, aquí comienza esta historia.

Estamos en el 2003, en un mundo que aún descubría las posibilidades de internet. Gregoire Ackelrod, aprovechando que juega en el quinto o sexto equipo del PSG, se cuela un día en el Parque de los Príncipes y se hace unas fotos con la camiseta del equipo puesta. Crea una web con su nombre, con un perfil completo en el que se alaban muchas de sus cualidades. De pronto, la página se llena de montones de crónicas y artículos elogiando su fútbol. ¿El secreto? Ackelrod ha copiado los textos de L’Equipe que hablan de Nicolás Anelka y ha ido intercambiando sus nombres.

Emmanuel Carrère cuenta en El Adversario la vida de mentira y muerte de Jean Claude Romand, el tipo que un día se inventó que había aprobado sus exámenes de medicina y acabó fingiendo ser médico de la OMS durante dos décadas. Nos muestra el escritor francés la seducción de la mentira y todo lo que arrastra tras ella. Nuestro amigo Ackelrod, fanfarrón y embustero, bien merecería también alguna pequeña novela.

Gracias a los informes de su página web comienza a contactar con clubes de Inglaterra. Los grandes como el Arsenal o el Chelsea lo rechazan sin mediar palabra, pero consigue hacer algunas pruebas en el Bournemouth o el Norwich. En una de sus audiciones, el portero pega un balonazo largo, y, al intentar cabecearlo, le da en la cara. Todo el mundo se ríe de su técnica. Acaba siendo descartado por casi todos los equipos en los que intenta recalar. Parece ser que hay clubes profesionales de Luxemburgo que le ofrecen un contrato, pero los rechaza de inmediato: son demasiado pequeños para un jugador de su talla.

Sigue insistiendo en todas partes y al final le llega el bombazo: un equipo de Champions quiere ficharlo. Es el CSKA de Sofía, que necesita reforzar su plantilla. Le ofrecen un contrato de tres años y 15.000 libras al mes. “Probé dos días y el domingo el entrenador le dijo a mi agente que quería ficharme. Me tomaron fotos con la camiseta oficial del equipo, firmé el contrato, publicaron en el sitio web del CSKA que ya estaba firmando”, relata el futbolista. 

El final del affaire

Todo era demasiado bonito, así que las cosas comenzaron a torcerse. Un aficionado del CSKA se pone en contacto con un foro de aficionados del PSG y pregunta por Gregor Ackelrod. Evidentemente, nadie le conoce. Revisan su sitio web y comienzan a destapar la mentira. La historia llega a manos de la prensa y el club decide romper el contrato. Su sueño ha terminado en el momento más dulce.

El francés tuvo otras pruebas en Kuwait o Grecia, pero acabó jugando en un equipo de la primera división canadiense. Su web sigue activa, pero ahora luce completamente remodelada. Se define como un trotamundos del fútbol: 19 países y cinco continentes han observado de cerca sus pequeños destellos de crack, aunque sólo haya sido en alguna pachanga de barrio.

Tiene 39 años y es agente de jugadores jóvenes que quieren recalar en equipos grandes. No creo que use con ellos sus mismas tácticas del pasado, pero tendrá otras igual de originales. En una entrevista a Vice, afirma que siempre ha sido mejor en marketing que en fútbol y que todo lo que hizo, lo hizo porque la vida es un juego. Además, ha escrito un libro titulado Profesional a toda costa, en el que narra su tremendo periplo. Por si algún lector despistado quiere copiarle la idea.

Recuerdo ahora, mientras leo entrevistas a Ackelrod, la canción que Joaquin Sabina le dedicó a El Dioni, aquel vigilante de seguridad que robó un camión con 300 millones de pesetas y se fue pitando con el dinero hasta Brasil. La de noches que he dedicado yo a planear / Un golpe como el que diste tú con un par. Cuántos niños lo hubiéramos dado todo por jugar la Champions, Greg. Aunque fuera haciéndonos pasar por Anelka.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Puedes conseguir el último número en nuestra tienda online.