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Los Tigres rugen más fuerte que nunca, capitaneados por André-Pierre Gignac. El título del Mundial de Clubes se decidirá este jueves en Rayán, en Catar, y el gran e indiscutible favorito al trono mundial es el Bayern de Múnich, que tras imponerse al Al-Ahly egipcio con dos dianas de Robert Lewandowski sueña con poner el broche de oro a un 2020 inmejorable e inmaculado con su sexto título. Pero los Tigres de la UANL afrontan la final sin miedo. Sin nada que perder. Y con la moral al máximo después de hacer historia al convertirse en el primer equipo mexicano -y de toda la CONCACAF- en llegar al duelo decisivo del Mundial de Clubes, tras eliminar al Ulsan Hyundai en cuartos (1-2), con un doblete del mismo Gignac, y al Palmeiras brasileño (0-1), que siete días antes había alzado la Copa Libertadores tras batir al Santos, en semifinales, con un nuevo tanto del delantero galo, la principal amenaza del cuadro felino, en el que destacan, también, el exsevillista Guido Pizarro, capitán del equipo, y el extremo Javier Aquino, ex del Villarreal y el Rayo Vallecano.

“Vinimos a hacer historia”, repite estos días el ’10’ del equipo mexicano, “tigre a morir”, según reza su biografía de Twitter, donde publica en castellano, e inmerso en un gran momento de forma desde que aterrizó en San Nicolás de la Garza, hace ya cinco años y medio, para convertirse en el líder del conjunto auriazul. Con todo, su historia empezó a escribirse a más de 9.000 kilómetros del Estadio Universitario, de El Volcán que no deja de humear desde su llegada.

 

“Vinimos a hacer historia”, repite estos días el ’10R 17; del conjunto de auriazul, de unos Tigres que afrontan la final sin miedo, sin nada que perder, con la moral al máximo. Y con su líder en un gran momento de forma”

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Su historia comenzó a escribirse el 5 de diciembre de 1985, hace ya 35 años, en el pequeño pueblo francés de Martigues, entre grandes étangs, en las afueras de Marsella, a apenas 40 minutos encorche del Vélodrome, la casa del OM. Pero para cumplir el sueño de defender la camiseta del equipo de su tierra tuvo que esperar hasta los 24 años y antes tuvo que hacerse un hombre en el frío norte francés, en la región de la Bretaña. De la mano del humilde Lorient, y de Christian Gourcouff, padre de Yoann, se estrenó en el fútbol profesional, en la Ligue 2 un 13 de agosto de 2004, en un duelo contra La Berrichonne de Châteauroux. Con apenas 19 años, saltó al verde en el 78′ y pocos segundos después anotó el gol de la victoria en su primer contacto con la pelota. “Creía que era Ronaldo”, admitió, eufórico, justo después del partido, un Gignac que se despediría del Lorient en 2007 para fichar por el Toulouse después de evidenciar el olfato goleador del que ahora hace gala en México y de comprobar que, como aseguraba la película más taquillera de la historia del cinema francés, la preciosa Bienvenidos al norte, “cuando un extranjero viene al norte llora dos veces: una cuando llega y otra cuando se va”.

En el Stade de Toulouse reafirmó todo el talento que había dejado intuir en el Stade du Moustoir, y en la temporada 08-09 se proclamó máximo goleador de la Ligue 1 con 24 dianas, por delante de un joven Karim Benzema, del Olympique Lyonnais, y de Guillaume Hoarau, del PSG, segundos con 17 goles, aunque sus excelentes números ofensivos no fueron suficientes para evitar que el título fuera a parar a las vitrinas del Girondins de Burdeos, campeón gracias a los tantos de Fernando Cavenaghi (13), Marouane Chamakh (13) y Gourcouff (12) y con tres puntos de renta sobre el Toulouse, con Jérémy Mathieu, Moussa Sissoko o Éttiene Capoue como otras piezas conocidas.

Gignac, internacional en 36 ocasiones, con siete tantos con ‘Les Bleus‘, firmó unas grandes cifras en su etapa en el balompié galo –también con el OM, con el que alzó dos títulos de la Copa de la Liga (2011 y 2012) y una Supercopa francesa (2012)– pero los 130 tantos que marcó en los 362 partidos que jugó con el Lorient (11), el Toulouse (42) y el OM (77) parecen pocos al compararlos con los 147 goles, más 35 asistencias, en 246 encuentros que acumula con la camiseta auriazul de los Tigres de la UANL, a los que llegó en junio de 2015 junto al mencionado Aquino e Ikechukwu Uche. El ariete mexicano-francés ya es el máximo artillero de la historia y uno de los grandes referentes del equipo del estado mexicano de Nuevo León; que de la mano de Gignac ha logrado hasta cuatro títulos de liga (los Apertura de 2015, 2016 y 2017 y el clausura de 2019) y se ha coronado tres veces Campeón de campeones (2016, 2017 y 2018). Los Tigres, nacidos hace 60 años, han sumado cuatro de los siete títulos de liga que atesoran en estos momentos con Gignac en su plantel y ya miran de mucho más cerca a América (13), Chivas de Guadalajara (12) y Toluca (8) y están a un solo entorchado de Cruz Azul y León (8).

Este curso, el ’10’, más que habitual en el once ideal de cada Liga MX, lleva ya 17 goles en 23 partidos oficiales, con uno cada 122 minutos, y el pasado 22 de diciembre redondeó un gran 2020 en el aspecto personal brindándole a Tigres su primera Liga de Campeones de la CONCACAF, tras los subcampeonatos de 2016,  2017 y 2018; con un gol decisivo en el minuto 84 de la final, disputada en Orlando contra el Los Ángeles de Carlos Vela y el uruguayo Diego Rossi. Gignac alzó, además, el Balón de Oro y la Bota de Oro de la competición, con seis tantos, uno más que Vela, y ahora afronta la final del Mundial de Clubes con la voluntad de dar la sorpresa ante el omnipotente Bayern de Múnich, intratable hasta la fecha. La superioridad del cuadro alemán y la historia, que dice que los últimos siete títulos han sido para conjuntos del viejo continente y que tan solo uno de los últimos 12 trofeos ha sido para un equipo no europeo, el Corinthians que en 2012 sorprendió al Chelsea, convierten el sueño auriazul en poco menos que una utopía, pero los Tigres rugen más fuerte que nunca, capitaneados por Gignac. E, indomables, no quieren dejar de hacerlo.

 


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Fotografías de Getty Images.