Ocurrió a principios de año. Un futbolista del Eibar vio las botas de Takashi Inui en el vestuario y decidió gastarle una broma: pegarle un tijeretazo a los cordones. El japonés, al descubrir el estropicio, se fue a buscar al culpable. Medio resignado y sin torcer el gesto, le espetó un contundente: “No vuelvas a hacerlo, por favor“. Un miembro de la plantilla presente en el lance todavía alucina con la respuesta del nipón: “Ese es Inui. Cualquier otro futbolista le habría metido un guantazo. Él exigió un cambio de actitud con la más absoluta educación“.

En efecto, Inui es un tipo educado. Y disciplinado. Y respetuoso. Y una bendición para cualquier técnico. “Tácticamente es el jugador que mejor interpreta lo que yo quiero. Para jugar en la posición de extremo como yo la concibo, es el mejor“, confesaba José Luis Mendilibar, su entrenador, en una entrevista publicada en el Panenka73.

Desde que llegó en 2015 a Eibar, procedente del Eintracht de Frankfurt, Takashi Inui no ha dejado de crecer. La relación parecía imposible, ni que fuera por el contexto y los antecedentes. ¿Un japonés triunfando en el fútbol español? ¿Un japonés rindiendo en uno de los estadios más pequeños de la Liga? ¿Un japonés adaptándose a la vida de una ciudad de menos de 30.000 habitantes? Todo esto ha logrado Inui -a su manera- en tres temporadas en las que su influencia deportiva ha aumentado de forma exponencial, sumando goles y asistencias a un amplio repertorio de controles orientados y fintas virtuosas. “Técnicamente es un fenómeno“, continuaba su exposición Mendilibar. “Pero tiene que sacar más de las condiciones que tiene. Es un jugador que siempre te encara pero juega al fútbol como si no hubiera contrarios: el balón lo deja muy suelto, lo protege poco“.

Inui, en el calentamiento de un partido de Liga con el Eibar.

También hace pocas faltas. Y no se queja a los árbitros. A veces parece, como sugiere Mendi, que vive atrapado en su mundo de fantasía. De hecho, no lo sugiere, lo confirma. “El japonés no se ha abierto. Le puedes llamar de todo porque te lo admite todo.Tres años con nosotros y sigue sin entender casi nada de español“, se lamentaba con condescendencia. “Si había barbacoa o parrillada de carne para celebrar algo con el resto de compañeros, Inui muchas veces ni aparecía“, confirma otra voz dentro del vestuario armero. Ideal en la interpretación de la pizarra, enigmático en la relación personal. Así es Takashi, un tipo que va a su bola. Como aquella vez en la que Mendilibar quiso picarle desde la banda. “‘¡Tienes que ser más descarado!’, le grité. ¡Y me ríe, el cabrón! Entonces le repregunto: ‘¿Qué te he dicho?’. Y me contesta: ‘Por la derecha’. ¡Me cago en la leche! Suerte que Sergi Enrich le insistió a su manera: ‘No, Taka, el mister dice que seas valiente, que hagas lo que te salga del rabo con el balón’”. Y otra sonrisa al canto. Desesperante.

Esta noche Japón se mide a una de las selecciones que mejor fútbol ha practicado en la fase de grupos: la Bélgica de Hazard, Lukaku, De Bruyne y compañía. Será un duelo para dejar la timidez en la taquilla, algo que Inui ha aprendido con los años por mucho que la etiqueta de ‘buenazo’ lo persiga fuera de los terrenos de juego. En el segundo partido de la fase de grupos, contribuyó con un gol y una asistencia al importantísimo empate ante Senegal. Su primera gran actuación con la camiseta azul. Pegado a la banda izquierda, levantando el brazo como hacen los jugadores a los que no les quema el balón, el ’14’ ha logrado en pocos meses que sus compañeros le vean como un activo vital para sus aspiraciones. Un logro que hay que atribuir al seleccionador, Akira Nishino, responsable de darle galones tras acceder al cargo en abril de este mismo año.

Con 30 años recién cumplidos, Takashi Inui hace ver que no entiende nada cuando lo entiende todo. De fútbol, desde luego. Y de constancia y dedicación, mucho más. Por algo Quique Setién pidió expresamente su fichaje para el Betis. Mendilibar afirmaba en febrero que Takashi es un jugador que mejoraba temporada a temporada y que, con esta progresión, no era descabellado pensar en verlo en un equipo de Champions. Finalmente, jugará la Europa League, que no es poco para un jugador que se ha pasado tres años seguidos aplicando para dar el gran salto con una sonrisa pegada a la cara. Que Dios le pille confesado cuando conozca a Joaquín.