La vigente campeona del mundo llega a un nuevo Mundial, como siempre, entre las candidatas a llevarse una nueva estrella al pecho. La quinta, en su caso, que igualaría a Brasil como las dos selecciones más laureadas de la historia de los Mundiales. Bajo los mandos de Joachim Löw, la Mannschaft ha vuelto a ser aquel equipo con el que siempre temió cruzarse Gary Lineker.

Sin dejar de lado el gen competitivo que ha caracterizado al fútbol alemán desde que el primer balón echara a rodar en tierras germanas, el entrenador teutón, junto con la fuerte inversión de la DFB por exprimir hasta la última gota de talento de la cantera alemana, ha sabido darle un plus de finura, técnica y exquisitez combinativa a la selección desde que recogiera el testigo de Jurgen Klinsmann tras el Mundial disputado en su país hace ya 12 años.

Y es que esta última década de la selección de Alemania no se entendería sin la figura de Joachim Löw. Cogió las riendas sin hacer ruido y se plantó en la final de la Eurocopa ante España en 2008. Puso en el escaparate futbolístico a jóvenes como Müller, Özil o Kroos quedándose a las puertas de la final en Sudáfrica. Tocó el cielo en Brasil, consolidando a los muchachos a los que les dio la alternativa. Y ganó una Copa Confederaciones prescindiendo de sus mejores hombres, dando entrada a nuevas promesas que pronto podrían formar parte de su primer batallón. Lo de Joachim Löw es todo un máster de cómo manejar una selección como si fuera un verdadero equipo.

 

 

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