Fritz y Ottmar Walter pasaron a la historia de los Mundiales por ser los primeros hermanos en levantar de la mano una Copa del Mundo. A ellos les siguieron Bobby y Jack Charlton en Inglaterra’66, que podrían haber sido pioneros en esta gesta de no ser por un soldado húngaro que se cruzó en la vida de Fritz Walter durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes del conflicto bélico, el futuro capitán de la selección alemana ya había arrancado su carrera profesional en el Kaiserslautern, la única camiseta que defendería como futbolista, pero pronto debió dejar de lado el balompié para acudir al frente. Fue asignado en las fuerzas paracaidistas cerca de la frontera de Hungría, donde fue prisionero de guerra. De ahí, estuvieron a punto de llevárselo a Siberia, un lugar del que se decía que si ibas, probablemente nunca hubiera camino de vuelta. Pero en el camino hacia las tierras del este, durante un descanso en el trayecto, los soldados del Ejército Rojo organizaron un partido de fútbol y uno de ellos reconoció a Walter. Recordaba una exhibición suya en un Hungría-Alemania de 1942 en el que, además, anotó dos goles. Al día siguiente, Fritz ya no estaba entre los condenados a ir a Siberia, y nueve años después su hermano Ottmar pudo celebrar una Copa del Mundo a su lado.

 

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