La cuestión de igualdad salarial no es un debate reciente, pero sigue siendo actual. En todo el mundo. Parece sencillo, justo, con sentido, reclamar que hombres y mujeres reciban el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo. ¿No es así? Incluso si hablamos en términos de fútbol. En Estados Unidos, tierra dominada por fútbol americano y el baloncesto, hay jugadores de soccer que se ganan –nada mal– la vida como profesionales. Y ¡voilà!, también mujeres. Aunque estas no de la misma manera. ¿No tienen repercusión mediática?, ¿no ganan torneos?, ¿no hay marcas que se peleen por sus derechos de imagen? Nada de eso, pero las desigualdades entre ambos sexos siguen siendo considerables. Al menos eso es lo que han querido sacar a la luz cinco jugadoras referencia de la selección norteamericana de fútbol femenino. Después de coronarse campeonas del mundo Hope Solo, Carli Lloyd, Megan Rapinoe, Becky Sauerbrunn y Alex Morgan han presentado una queja formal a la Comisión Federal de Igualdad de Oportunidades en el Empleo. El objetivo de esta mediatizada campaña llamada Play equal pay equal’ es claro y conciso; quieren cobrar lo mismo que sus homólogos masculinos.

Seguramente la Federación Americana de Soccer (U.S. Soccer Federation) no se planteó nunca que el fútbol femenino creciera tan y tan deprisa en su territorio. Cuando en 1985 la selección femenina jugó el primer partido de su historia tampoco nadie debió imaginarse que aquél ‘grupo de chicas’, en sus inicios capitaneadas por la gran Mia Hamm, acabaría siendo el principal motivo de orgullo del mundo del soccer nacional. Entonces, al contrario de lo que pasa ahora, el fútbol no era el deporte más practicado entre las niñas y jóvenes de Estados Unidos. Con todo ello, y pese a que las jugadoras americanas siempre han optado por hacer su camino evitando demasiadas comparaciones con los futbolistas, ahora han sorprendido a la propia federación pidiendo un sueldo que pueda equipararse al que reciben ellos. ¿Por qué han formalizado esta queja ahora, precisamente cuando su selección disfruta del mejor momento de forma? Seguramente porque nunca han tenido tantos argumentos de peso sobre la mesa.

El pasado mes de julio, en Canadá, el equipo femenino de Estados Unidos volvía a levantar la copa que les otorgaba el título de mejor selección del planeta. La tercera Copa del Mundo hacía olvidar a las americanas la última final perdida ante Japón en los penaltis. De nuevo, la diferencia entre el combinado americano y el resto quedaba en evidencia. Unas semanas más tarde y una vez superada la resaca de una competición que movió a las masas en el nuevo continente, las jugadoras iniciaron un histórico tour de la victoria que batió nuevos récords de asistencia en estadios del Caribe y los Estados Unidos. El orgullo nacional pudo palparse en el ambiente durante el torneo, también después de él. En el horizonte, unos Juegos Olímpicos que esperan volver a bañar de oro a la misma selección estadounidense –USA solo ha perdido la final en una de las ediciones desde 1996–. Pero, inevitablemente, entre tanta celebración a menudo asoma aquel runrún que lanza al aire una pregunta maliciosa: “¿Cuándo ganará algo nuestro equipo masculino?”

¿Por qué han formalizado esta queja ahora, precisamente cuando su selección disfruta del mejor momento de forma? Seguramente porque nunca han tenido tantos argumentos de peso sobre la mesa

Aquí está el debate al que apelan las cinco jugadoras que reclaman ser pagadas igual que ellos. En primer lugar, porque consideran que realizan el mismo trabajo y con el mismo nivel de exigencia. En segundo lugar, porque por primera vez la selección femenina de fútbol ha generado más ingresos que la masculina en un año histórico para ellas. Aún así ¿es tan grande como dicen la diferencia salarial entre sexos?

En este primer gráfico aportado por The New York Times se muestra la disparidad de incentivos que reciben mujeres y hombres por partido amistoso ganado. Aún así, cabe señalar que, aunque ellas no cobran un solo dólar por partido de exhibición perdido, son las únicas que mantienen un sueldo fijo por los 20 partidos que se disputan al año a nivel de selecciones. (Un total de 72.000$). Con todo, las jugadoras acaban ganando menos de la mitad que los chicos.

Captura de pantalla 2016-04-14 a les 18.08.34

Imagen: The New York Times

Por otro lado, queda patente que lo que denuncian las jugadoras americanas es una cuestión con un trasfondo que supera las fronteras de la propia federación americana de fútbol. En la infografía que comparte la web de Business Insider, por ejemplo, se compara el dinero que la propia FIFA destina a una misma competición (Copa del Mundo) femenina y masculina.

Captura de pantalla 2016-04-14 a les 18.33.05

Imagen: Business Insider

Así, es normal que el organismo americano prometa a los chicos un pago de 390.000$ por un primer puesto en un Mundial y en cambio ingrese solo 75.000$ a las chicas por levantar la copa dorada. Pero, ¿es todo esto una consecuencia de la comparativa en la repercusión mediática de un conjunto y el otro? Pese a que sigamos hablando a día de hoy de mercados en los que se mueven cantidades totalmente distantes de dinero, las audiencias no indican lo mismo. La última final del torneo más importante del año fue vista por 25,4 millones de espectadores en todo el mundo, el partido de fútbol de habla inglesa más visto en la historia de Estados Unidos. Esto, junto al rendimiento que supieron darle al equipo ganador en concepto de gira de exhibición ayudó a cerrar el año natural habiendo generado 20 millones de dólares más que el conjunto masculino (teniendo en cuenta que éste no jugó ningún certamen internacional).

La campaña “Play equal pay equal” causó tanto furor en las redes sociales que miles de seguidores se sumaron rápidamente a la causa. Tanto fue el impacto que lograron causar con la denuncia que pronto se alzaron las voces de la US Soccer Federation para recordar a las chicas cómo de implicada se ha mostrado siempre la organización con el progreso del fútbol femenino a pesar de tratarse aún de un sector en desarrollo. La reflexión oficial del organismo sigue recordando demasiado a lo que la misma Hope Solo denunciaba públicamente hace unos días: “Llevo en el equipo más de una década y media y he estado siempre negociando estos números y, sinceramente, nada ha cambiado. Siguen diciéndonos continuamente que debemos estar agradecidas solo por tener la oportunidad de jugar al soccer de manera profesional, más aún de ser pagadas por ello”. A las campeonas del mundo ya no les basta con una palmadita en la espalda.