La de Jonás Ramalho Chimeno (Barakaldo, 10.06.1993) es la historia de un futbolista, la del que se convirtió en el primer jugador negro en enfundarse la camiseta del primer equipo del Athletic Club, que ha sabido reinventarse ante cada uno de los obstáculos que se le han ido presentando, ante cada uno de los muchos reveses que ha ido encajando a lo largo de una carrera que comenzó a escribirse en los campos de Leioa y Getxo, donde aquel joven, hijo de un emigrante angoleño y una vizcaína, empezó a despuntar hasta el punto de que tan solo necesitó dos años para despertar la atención de Lezama. “Llegué ahí con tan solo nueve años, siendo alevín, aunque cuando eres niño no eres tan consciente del hecho de que has entrado en el Athletic. Yo lo vivía como una cosa normal. Fui subiendo escalones bastante rápido; entrenando, aprendiendo, mejorando. Fueron unos años muy intensos, muy bonitos”, rememora el actual defensa del Girona, que subió al Bilbao Athletic, al filial del conjunto de San Mamés, cuando todavía era un adolescente.  

“Lezama lo es todo para el Athletic. Es un club diferente, especial, que trata muy bien la cantera, que la trabaja muy bien. Visto desde el presente, la verdad es que mi progresión fue muy rápida. Me planté en el filial, que en aquella época estaba en Segunda B, con 15 o 16 años, que ahora te paras a pensarlo y dices: ‘Joder, no me imagino a un chaval de esa edad jugando en un filial o entrenando con el primer equipo’. En la primera pretemporada a la que fuimos yo tenía 15 años e Iker [Muniain, del 1992], 16. Si es que aquello era una auténtica locura, estábamos entrenando con jugadores que eran nuestros ídolos, con hombres a los que estábamos acostumbrados a ver por televisión. Pero, en ese momento, para nosotros era algo normal porque veíamos que teníamos el nivel, que, a pesar de ser niños, no desentonábamos”, añade el que fue una de los futbolistas más prometedores e ilusionantes que han pasado jamás por Lezama, que con el paso de los años fue tejiendo una gran amistad con Muniain: “Siempre he dicho que Iker es como un hermano para mí. Hicimos migas desde muy pequeños. Él me apoyaba porque yo era un año más pequeño. Y yo le ayudaba a él porque tenía a su familia lejos. Forjamos una amistad que hoy, a pesar de la distancia, a pesar del penalti del encuentro de la primera vuelta [ríe], es grandísima. El vínculo, que creamos al ir subiendo juntos, al pasar tantos años juntos, es imposible de romper. Pasábamos mucho tiempo juntos, jugando a la Play o a la pelota. En mi casa era como uno más. Es como un hermano, sí”.

Joaquín Caparrós, Jonás Ramalho e Iker Muniain, antes del encuentro contra el Amorebieta en el que debutaron con el primer equipo del Athletic.

Las carreras paralelas de Jonás e Iker alcanzaron su precoz clímax el 27 de febrero del 2008, el día en el que Joaquín Caparrós les dio la oportunidad de debutar con el primer equipo del Athletic en un amistoso contra el Amorebieta. Ramalho, que apenas tres días antes había hecho de recogepelotas en San Mamés, se convirtió en uno de los jugadores más jóvenes de la historia en vestir la camiseta del cuadro bilbaíno. Tan solo tenía 14 años, ocho meses y 17 días. “Los dos fuimos con la máxima ilusión. Es un día que no se me va a olvidar nunca. El hecho de debutar con el primer equipo, aunque fuera en un amistoso, con 14 años es una cosa extraordinaria. Ese día fue lo máximo, aunque yo todavía era un niño y no era demasiado consciente de la magnitud de lo que estaba pasando. Cuando el míster me dijo que tenía que salir estaba en una nube. Es un recuerdo muy bonito. Y lo es más a medida que pasa el tiempo. Porque con los años te das cuenta de que el fútbol, sobre todo en la élite, no es nada fácil”, acentúa el futbolista de Barakaldo.

Ramalho, además, se convirtió en el primer jugador negro en vestir la elástica del primer equipo del Athletic Club. “Yo nací en Bilbao. Es que, al final, da igual del color que seas. El hecho de haber nacido aquí ya te hace vasco. Estoy súper orgulloso de haber sido el primer chico negro en jugar con el Athletic, de haber contribuido a normalizar la situación, a derribar esa barrera, de haber abierto esa puerta, de que ahora esté Williams ahí jugando y la gente lo vea con total normalidad, de ver que en la cantera hay chicos negros y de otras zonas. Estoy muy satisfecho de aparecer en el libro de la historia de un gran club como es el Athletic. Que salga mi nombre como el del primer chico negro en jugar con el primer equipo es un honor enorme”, reconoce el defensa, que acabaría cumpliendo el sueño de estrenarse con el Athletic en un partido oficial el 20 de noviembre del 2011, a los 18 años. Ramalho había estado a punto de debutar de la mano de Joaquín Caparrós a finales de del 2009 (de haberlo hecho, hubiera batido el récord de precocidad de Muniain), pero tuvo que esperar hasta ese encuentro contra el Sevilla en el que Marcelo Bielsa le hizo saltar al terreno de juego en los últimos minutos. El futbolista bilbaíno, además de proclamarse campeón de Europa sub-19 en dos ocasiones (2011 y 2012), disputó un total de 13 partidos oficiales (ocho de liga, cuatro de Europa League y uno de Copa del Rey) en las dos temporadas en las que ‘El Loco’ estuvo en San Mamés, pero, con la llegada al banquillo de Ernesto Valverde (2013), el Athletic decidió buscarle una cesión para que su crecimiento no se viera frenado por la poca confianza que el entrenador extremeño tenía en él.

El defensa de Barakaldo recaló en Girona, donde encontró un clima ideal para continuar creciendo. Las cosas marchaban a la perfección hasta que en la 39ª jornada de la temporada 14-15, la segunda consecutiva para Ramalho en el Estadi Municipal de Montilivi, todo empezó a torcerse. El bilbaíno era un fijo en aquel equipo de Pablo Machín que, tan solo un año después de salvarse del descenso a Segunda B en el último partido del curso, caminaba con paso firme hacia la élite del balompié español; pero una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda le impidió disputar los tres últimos partidos de aquella campaña de tan triste recuerdo para la afición de Montilivi: el del Llagostera, el del Mallorca y el del Lugo, el encuentro en el que el fútbol alejó al Girona de la gloria de la forma más cruel, en el minuto 92. “Aquel partido no lo olvidaré nunca. Fue un golpe muy duro, durísimo. Dos semanas antes había sufrido el palo de la rodilla, así que solo deseaba que el equipo ascendiera, que la temporada tuviera un final feliz. Todos estábamos convencidos de que ese partido lo íbamos a ganar, de que el equipo iba a ascender. Pero el fútbol es así. El fútbol decidió que fuera así. Fue un palo durísimo para todos los que estábamos aquí. Y para mí fue doble. Porque, además de no ascender, tenía que recuperarme de la rodilla. Pero, bueno, prefiero pensar que si pasó es porque tenía que pasar, que son cosas que te hacen más fuerte de cara al futuro”, destaca un Ramalho que en 2016, después de una última temporada en el Bilbao Athletic, se despidió definitivamente de San Mamés y firmó un contrato de tres años con el conjunto de Montilivi, que acabó logrando el tan ansiado ascenso a la máxima categoría del fútbol nacional al término de la 16-17.

“El Girona también es un club muy especial para mí. Es el club que me ha dado la oportunidad de estar en la élite. Es el club que, cuando ahí no contaban tanto conmigo, apostó por mí. Estoy muy contento de estar aquí. Le estoy muy agradecido al Girona porque todo lo que me ha dado es algo muy especial. Y a la afición, porque siempre me ha apoyado. Entre todos estamos haciendo que este club sea cada día un poquito más grande, que continúe avanzando a pasos agigantados. La historia que estamos escribiendo aquí es preciosa. Creo que no somos conscientes de todo lo que estamos consiguiendo, de todo lo que estamos creando. Cuando pasen los años y miremos hacia atrás pensaremos: ‘Qué suerte. Estuvimos ahí en los años de Segunda. En el del ascenso. En la primera temporada, tan magnífica, del Girona en Primera División’. Sentirme partícipe de todo esto es algo que me encanta. Los jugadores que han llegado al Girona cuando ya estaba en Primera también tienen la ilusión de que el club siga creciendo, pero los que hace años que estamos aquí, los que lloramos el día del Lugo, somos los que hemos vivido la realidad de lo que era el Girona, los que sabemos lo mucho que le ha costado a este club subir a Primera, así que a día de hoy estamos muy contentos de ver dónde está el equipo. Hemos tenido que trabajar tanto para llegar hasta aquí, hemos tenido que soportar palos tan gordos para conseguirlo, que ahora en cada encuentro salimos a dar el máximo”, remarca Ramalho, que este viernes vivirá un encuentro muy especial. No solo alcanzará los 150 partidos con el Girona, consolidándose así en el top 10 de los futbolistas que han vestido la camiseta rojiblanca en más ocasiones a lo largo de la historia del club catalán en el balompié profesional, sino que, además, lo hará ante el que siempre ha sido el equipo de su corazón, el Athletic Club. “Jugar contra tu exequipo siempre es especial. Sea en Montilivi o en San Mamés, siempre es muy especial para mí, aunque la sensación de jugar ahí es un poco antinatural [ríe]. Jugar en San Mamés sin ser el local e ir en contra del Athletic es una situación un poco rara para mí [ríe], añade el incombustible defensa de Barakaldo; siempre tan sonriente, siempre tan ambicioso. 

La ambición es, de hecho, la principal virtud de Jonás Ramalho, un futbolista que siempre ha peleado para intentar dar lo mejor de sí mismo, que jamás se ha rendido. Ni cuando tenía que escuchar que era el quinto central de una plantilla con cinco centrales. “Este año me he dado cuenta de que no hay que ponerse límites. El fútbol da muchas vueltas y te da oportunidades que si sabes aprovecharlas pueden ser muy buenas”, proclamaba a mediados de la temporada pasada, cuando el Girona incluso llegó a flirtear con la posibilidad de clasificarse por la Europa League. Ramalho había empezado la aventura del cuadro de Montilivi en la élite con el cartel de transferible, pero él mismo se lo descolgó del cuello a base de grandes actuaciones, convenciendo a Pablo Machín de la misma forma que en el presente curso lo ha hecho con Eusebio Sacristán. “Quizás estaba llamado a ser un jugador extraordinario en Bilbao, pero al final, por una cosa o por otra, los caminos muchas veces se tuercen. Pero soy un jugador positivo, de los que siempre buscan el lado bueno de las cosas. Y la verdad es que estoy contentísimo de estar aquí, de poder hacer historia en el Girona, de cómo me van las cosas, de haber encontrado la estabilidad”, sentencia el defensa bilbaíno, que continúa creciendo al mismo ritmo que lo hace el Girona, consolidándose en la élite sin levantar la voz, desde el silencio. Porque, en un fútbol de semidioses inhumanos, quizás, como el propio Jonás Ramalho aseveraba hace unos días en Twitter, “los héroes son aquellos que hacen lo que pueden”.