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Un centro con música. Pero no clásica. Más bien al contrario. De la bota derecha de Katoto sale un esférico cargado de rock and roll. Un acorde sublime para un despeje desacompasado de Wendy Renard. Y allá que se lanzan las más de treinta gargantas -entre jugadoras y cuerpo técnico- en un grito afinado y al unísono. Ese balón se aloja en el fondo de las mallas y se desata la alegría. Queda, por delante, poco menos de media hora de juego en el que la tensión se apodera del banquillo parisino. Todo el mundo sabe cómo las gastan las lionesas. Cómo no dan un balón por perdido. Garra, pundonor y determinación al servicio de un espectáculo que venía durando cinco años.

El gol en propia meta de Renard deriva en el acoso y derribo del vigente campeón. Pero todo, absolutamente todo, se resuelve a dos minutos de los tres silbidos finales. Una falta desde prácticamente el centro del campo. El balón cruza el cielo francés para encontrar la cabeza de Renard. Uno de esos momentos del destino. De verdugo a heroína. Así se lo imaginaba Wendy. Le gana el salto a Irene Paredes, pero la vasca impide que la francesa remate con claridad y el balón queda muerto a pocos metros de la red. La capitana del PSG queda tendida en el suelo y allí, con los ojos a pocos centímetros del césped, ve cómo la bota derecha de Malvine Malard aparece en su campo visual. La delantera del Lyon llega tras ganar la posición a Alana Cook y se hace un silencio eterno que apenas dura unos instantes. Clava los tacos de su botín izquierdo en el verde para bolear el esférico con la diestra. Con violencia y en el interior del área chica.

“Las mujeres tienen que ser conscientes de que pueden hacer lo que realmente les guste. Yo vengo de un país machista y he salido adelante en el fútbol”, destacó Christiane Endler, guardameta del Paris Saint-Germain, meses atrás en una entrevista concedida a La Tercera. “Yo vivo del fútbol, pero esto se puede trasladar a cualquier trabajo o ámbito de la vida”. Su trayectoria, así pues, arranca en su país natal. Chile vio, por primera vez, a Endler cerca de la portería. Por aquel entonces, lejos de defenderla, se dedicaba a descoser las redes a base de goles. Y así fue hasta que en la selección chilena sub-17 apareció la figura de Marco Antonio Cornez, guardameta ya retirado y preparador de porteros de aquel combinado nacional juvenil.

Observó a Endler y, teniendo en cuenta su estatura, le sugirió cambiarse de bando. De esta forma, la chilena comenzó a formarse bajo palos. Arrancó su carrera en La Calera. Dos temporadas y dos veces galardonada con el distintivo de mejor deportista del fútbol femenino en Chile. Fue entonces cuando dio un pasito más hacia el éxito de la mano del Everton Viña del Mar, donde entablaron su rivalidad frente a Colo-Colo. Si bien es cierto que se quedaron cerca del título liguero, aquel mismo año lograron levantar la Copa. Además, en la Copa Libertadores, cayeron en la final ante el Santos.

Un partido que sirvió, además, para que el equipo brasileño se interesase por sus servicios. Por aquel entonces, Endler apostó por quedarse en casa y fichó por el Colo-Colo. Arrasaron en liga, llevándose el Apertura y el Clausura del 2011, pero volviendo a caer en la final de la Libertadores. Fue a mediados de 2012, cuando el equipo había vuelto a sumar un nuevo título de Apertura, cuando Endler fue becada para ir a estudiar y jugar a los Estados Unidos. La universidad, como a muchos, le cambio la vida. Primero porque, tras no jugar las fases iniciales de la Copa Libertadores, el Colo-Colo la recuperó para la final. Tras un empate a cero, Endler se hizo grande para detener dos penaltis y dar así su primera Libertadores al club chileno.

 

Una mano que elimina al siete veces campeón de Europa. Una parada que detuvo cualquier ápice de duda sobre un conjunto que se está rebelando en Francia y, también, en Europa

 

No obstante, en la universidad también llegaría su gran salto. Desde la barrera, Emma Hayes, entrenadora del Chelsea, puso sus ojos en la arquera y le ofreció dar el salto al viejo continente. Endler, decidida, dejó Florida para trasladarse a Watford. Su periplo en Londres, no obstante, no fue la aventura esperada. Disputó cinco partidos como titular antes de caer relegada a la suplencia y, meses más tarde en un entrenamiento con Chile, se le diagnosticó una rotura del menisco. Fue el principio del fin de su etapa en Inglaterra y, tras acabar contrato, volvió a Colo-Colo.

A priori, esto se puede ver como un paso atrás en su carrera. Un momento en el que la incertidumbre cobra protagonismo. Pero no le fue mal en el regreso a su país natal. De nuevo, ‘Tiane’ levantó el Campeonato de Apertura aunque volvió a caer en la Libertadores. Chile se le quedaba pequeño y en Londres no había ofrecido el rendimiento esperado. Dudas que se despejaron cuando el Valencia le dio, de nuevo, la oportunidad de volver a Europa. Y, en España, Endler brilló como nunca. En su única temporada en la máxima categoría del fútbol femenino español, la guardameta disputó 23 encuentros en los que solo encajó nueve goles. Se ganó a pulso el Zamora y se convirtió en la primera portera extranjera en conseguirlo tras unos números inverosímiles.

Claro que, con tantas buenas actuaciones, ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos. Apareció en su teléfono un prefijo parisino y, al descolgar, le cayó la oferta de un grande. El PSG le ofrecía ser su guardiana bajo palos. El objetivo, bajar al Lyon de esa nube en la que se ha instalado. Como cancerbera del conjunto parisino levantó la Copa de Francia, fue elegida como la mejor de la liga 2018-19 y al poco tiempo le cayeron más distintivos. Mejor portera del mundo según The Guardian y elegida como arquera en el once ideal de la FIFA. Algo tiene Christiane Endler. Fuerza. Resiliencia. Y que es una de esas jugadoras que siempre aparece.

En Lyon ya cantaban el gol y la clasificación. Porque lo lógico era eso. Que el zapatazo de Malard acabase en el fondo de las mallas y el Olympique eliminase al PSG en los últimos instantes. Una victoria que les diese carrerilla para alcanzar una nueva copa de Europa. Pero, claro: Endler. La chilena sacó una mano durísima y el balón impactó contra ese muro. Una atajada que desvió a córner el sueño lionés. Desde el suelo, Paredes no se lo creía. Dudek, central parisina, se abrazó a la portera consciente del milagro. ‘Tiane’, por su parte, serena. Dos aplausos. “¡Vamos, joder!”, espetó. Y, en el suelo con las manos en la cabeza, Malard seguía sin levantarse. Si había sido un buen disparo, ¿por qué no había acabado en gol?

En esa mano derecha de la guardameta chilena se hallaron todas las respuestas a las dudas de la atacante. Una mano que elimina al siete veces campeón de Europa. Una parada que detuvo cualquier ápice de duda sobre un conjunto que se está rebelando en Francia y, también, en Europa. Un grupo de futbolistas que están ante la oportunidad de lograr un histórico doblete. Y esa mano de Endler que, por ahora, les marca el camino.

 


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Fotografía de Imago.