Se puede destacar de diferentes maneras dentro de un grupo de personas; siendo el más inteligente, el más sociable, el más apuesto… Pero hace falta algo más para ser único. A veces es un regalo de la naturaleza; alguien deviene único porque sí, porque así lo ha querido la evolución humana, otros, sin embargo, consiguen colocarse en este selecto grupo de personas a base de trabajo. Marc Vales González (Les Escaldes, 1990) pertenece al segundo grupo de personas, de aquellos que con esfuerzo y sacrificio, ingredientes básicos del éxito, se han hecho un hueco entre un grupo de personas. Y es que el defensa andorrano es el único jugador de su selección que juega en una liga profesional.

Hace cinco años que Vales decidió salir de las difíciles categorías semiprofesionales del fútbol español para probar suerte en tierras escandinavas y gracias a la persistencia, y muchos otros atributos, esta suerte se ha convertido en destino. Desde hace tres años defiende los colores del Sandefjord noruego después de una etapa muy fructífera en Finlandia. Pero aun estando a muchos kilómetros de su Andorra natal, no desiste la oportunidad de vestir los colores de su selección cuando llegan los compromisos internacionales.

En los últimos dos años habéis conseguido cuatro victorias oficiales entre todas las competiciones, mientras que del año 2000 hasta el 2018 solo habías conseguido una. ¿Estamos ante el mejor momento de la historia de la selección andorrana?

Sin duda. Lo más importante es la progresión y llega un momento que nosotros nos veíamos estancados; selección pequeña que no acaba de rendir, con jugadores jóvenes que parecía que apuntaban mucho y se quedan en el camino… Dábamos pasos muy cortos y ahora, desde que jugamos el amistoso contra San Marino [en 2017] en su campo, que ganamos 0-2, hubo un cambio de dinámica muy grande. Nosotros mismos nos dimos cuenta de lo bonito que era ganar y demostrar que no somos la peor selección europea y del mundo, y empezamos a dar pasos hacia adelante. A partir de aquí la federación andorrana fue lista y organizó amistosos más sencillos, aunque para nosotros son todos difíciles. Jugamos contra Liechtenstein, selecciones de Asia, equipos que te dan una opción de ganar. Y lo hicimos, ganamos a Liechtenstein en Málaga y competimos contra otras selecciones pequeñas. Era nuestro momento. Después tienes la suerte de encontrarte con un partido como el de Hungría donde le ganas a la selección 40 del mundo en el ránking FIFA, que sin duda es nuestra mejor victoria aunque sea con unas estadísticas de juego terrible pero que, al final, reflejan nuestra realidad. Y luego ya vienen las victorias frente Moldavia, que fue una sorpresa, y las dos de San Marino que fueron algo a lo que no estábamos acostumbrados. Fue una consecuencia de haber hecho bien las cosas antes. En el sorteo de clasificación para el Mundial estamos en el bombo cinco y no en el seis y esto nos abrió la oportunidad de poder luchar contra una selección de tú a tú, algo que hasta ahora no nos había pasado.

Hasta llegar a la victoria por 0-3 en San Marino, que se convierte en el triunfo más abultado de Andorra.

Al final nos lo tomamos partido a partido. El primer partido contra San Marino [el pasado mes de septiembre] lo vivimos como una final y nos pusimos mucha presión porque contábamos con que éramos los favoritos. Teníamos que demostrar por qué estábamos por encima suyo en el ránking FIFA. Y ganamos el partido -que es el día que metí los dos goles- pero la sensación no fue tan buena. Hicimos unos muy buenos 30 primeros minutos, marcamos los dos goles, pero a partir de aquí el partido fue muy de tú a tú. Pero el otro día fue como una final, ya que era el primer partido oficial de la historia que podíamos ganar fuera de casa, no quedar últimos de grupo y sumar seis puntos, algo que Andorra no había hecho nunca antes… Eran pequeños detalles que hicieron el partido muy grande. Podían pasar dos cosas: que San Marino ganara y saliera del hoyo o que nosotros continuáramos haciendo historia, y por suerte demostramos muchísimo ese partido porque lo controlamos de inicio a fin.

La selección de Andorra es un combinado relativamente joven que disputó su primer partido oficial en 1996 contra Estonia. ¿Esta es una de las razones por las que al fútbol andorrano le ha costado más desarrollarse?

Por supuesto que somos una selección joven por lo que hace a su existencia, pero también va ligado al país. Somos de un sitio muy pequeño donde es difícil obtener la nacionalidad si no has nacido aquí… Al final miras otras selecciones como Luxemburgo, que está compitiendo muy bien y ganando partidos, y ves, por ejemplo, a cuatro o cinco brasileños nacionalizados. Nosotros no tenemos esta suerte. Primero porque somos un país donde vive mucha gente inmigrante y pocos obtienen la nacionalidad, esto es un hándicap. A partir de ahí, la federación ha sido inteligente y ha decidido reforzar las categorías inferiores y al final la selección ha ido creciendo y esto se está reflejando en los resultados.

Ahora hay un grupo de jugadores que lleváis bastantes años jugando juntos. ¿Esa comunión que hay crees que tiene que ver con la mejoría en el campo?

Es un punto importante. Al ser una selección pequeña, el jugador acostumbra a estar mucho tiempo en la selección ya que no hay una gran cantidad de jugadores a los que elegir o mucha competencia. Pero también es verdad que hay muy buena sintonía. Y en el campo se nota. Disfrutamos juntos y sufrimos juntos, algo que nos acostumbra a pasar, y el ser como un equipo nos ayuda.

 

“La federación andorrana ha sido inteligente y ha decidido reforzar las categorías inferiores y al final la selección ha ido creciendo y esto se está reflejando en los resultados”

 

Eres uno de los jugadores con más partidos en la actual selección y uno de los líderes, ¿cómo te sientes al poder representar a tu país y jugar contra selecciones campeonas del Mundo?

Las semanas internacionales son muy diferentes. Al final yo tengo la suerte de estar jugando en Noruega, una liga profesional, y compitiendo en estadios en los que pueden entrar muchas personas. Si lo comparo con el fútbol internacional, hemos ido a campos con ambientes excepcionales, como Wembley, De Kuip, Zagreb, el Stade de France… Este ambiente no se vive muchas veces, son partidos que mucha gente querría vivir. Y nosotros competimos ahí, esta es la suerte de ser un país pequeño, que podemos llegar más fácil a ser internacionales. A la vez nos falta dar el paso de sacar a más jugadores fuera y que vivan esta profesionalidad, que no lo experimenten solo durante las semanas con la selección, que tengan la sensación que tengo yo cada fin de semana, de ir al campo del Rosenborg y pensar: ‘Qué estadio, qué ambiente y qué equipo’. Disfruto mucho jugando con la selección, para mí es un privilegio, pero me gustaría que otros jugadores también lo hicieran, que tuvieran esta opción de jugar en una liga profesional.

La mayoría de los jugadores de la selección andorrana juegan en clubes del Principado o españoles, en cambio tú estás en Noruega. ¿Ayuda esto a dar visibilidad al fútbol de Andorra?

Yo espero ser un espejo para jugadores andorranos y que piensen: ‘Este tío es andorrano y está compitiendo fuera y jugando partidos interesantes’. Ojalá esto no se quede aquí y vivan experiencias fuera. A partir de ahí es muy personal, pero a la gente le gusta estar en Andorra, pagan bien y se vive tranquilo. Ahora mismo el fútbol en España está jodido, o llegas a Primera o Segunda o sufres. Ahora está la Primera RFEF que parece que es un paso hacia adelante pero ya veremos cómo acaba. Al final yo estoy muy orgulloso de haber salido fuera y ser profesional y es algo que recomendaría a todo el mundo.

Llegaste ahí hace ya tres años después de varias experiencias en clubes españoles, ¿es muy diferente el fútbol en los países escandinavos del que experimentaste en España?

Sin duda, de hecho me costó mucho irme cuando me llegó la oferta de Finlandia pero mirándolo con perspectiva fue la mejor decisión. La calidad de vida en estos países es brutal y a nivel futbolístico es especial, no en el caso de Finlandia que está un paso por detrás, pero sí en Noruega. Jugar partidos contra Molde, Rosenborg, Glimt… Esto es mágico, el año pasado le ganamos los dos partidos al Molde, que era un equipo que estaba compitiendo en Europa League y casi se carga al Granada. Esta es la realidad en la liga noruega, igual sí que hay un poco de diferencia entre la parte alta y la baja de la tabla pero el último le puede hacer daño al primero.

La cultura futbolística también debe ser diferente.

Mucha. Al menos desde que llegué. Por suerte yo tengo la selección que me ha mantenido con este espíritu de competitividad y físico, cosa que en España pierdes un poco porque se valora mucho más la técnica y la táctica. Pero es verdad que desde que llegué a Finlandia, una liga mucho más directa y física, veo que las competiciones están avanzando y acercándose al modelo español. En la liga noruega la mayoría de los equipos intentan proponer desde atrás, hacer un fútbol de posesión… Partidos más atractivos. En España el fútbol se vive muchísimo pero la verdad es que salí de Segunda B, que es una liga olvidada, donde los campos no se llenaban, y llegué a una primera división, primero a Finlandia y luego en Noruega, con campos de dos o tres mil personas, y en Noruega aún más grandes. Es mucho más bonito.

 

“A la gente le gusta estar en Andorra, pagan bien y se vive tranquilo. Ahora mismo el fútbol en España está jodido, o llegas a Primera o Segunda o sufres”

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¿Acostumbrarte al país fue un problema?

En invierno, salir por la mañana y que no haya sol y que acabes de entrenar y ya se haya ido se hace largo y duro, porque nosotros estamos acostumbrados a salir fuera a tomar algo y aquí la gente tiene una vida más familiar, encienden el fuego y a pasar la tarde. Y a mí se me hizo más duro. Tengo la suerte de tener a mi familia aquí pero si estuviera solo sufriría bastante.

¿Cómo tomaste la decisión de irte a Finlandia?

En ese momento no tenía equipo ya que lo que me ofrecía el Hospitalet era mínimo ya que había tenido una lesión grave, y no me gustaban las condiciones. Fui a las Sesiones AFE -una iniciativa que busca dar oportunidades para mostrarse a jugadores y entrenadores sin equipo- y fue cuando me llegó la opción de Finlandia, que me costó aceptar porque era salir de España y de la zona de confort, pero a nivel económico lo tenía que intentar. Tocar una primera división, ganar más dinero… Era interesante. Alguien me empujó y ahora estoy donde estoy.

En el Seinjöki finés disputaste competición europea y ganaste la única copa que tiene el club, ¿cómo recuerdas tu etapa allí?

Fue muy bonita pero a nivel emocional fue un choque para mí. Pasé de estar en Segunda B, de filiales interesantes como el del Madrid o el Zaragoza, a llegar a Finlandia con un equipo que estaba sufriendo, y con mi llegada y un par o tres más de fichajes logramos luchar por la liga en el campo del Helsinki y ganarles la copa. De la sensación de competir cada domingo por nada a la sensación de estar compitiendo por títulos y jugar competición europea. Aunque es una liga más pequeña la atmósfera es muy especial.

Llegas en julio de 2018 a Sandefjord, Noruega, de la mano de Martí Cifuentes que te había tenido en el Hospitalet y con un buen número de jugadores españoles en la plantilla, pero es una temporada complicada para el club y descendéis, ¿cómo la recuerdas?

El interés de Martí suponía la oportunidad de ir a una liga superior, cambiar de país… Era consciente que teníamos el riesgo de bajar porque hicimos una de las peores primeras vueltas de la Eliteserien, el equipo llevaba unos seis puntos, no creo que haya llegado a pasar nunca. Tanto cuando Martí coge el equipo como cuando vengo yo sabemos que el riesgo estaba ahí y que probablemente descenderíamos. Pero también teníamos claro que era un proyecto de futuro y que primero queríamos intentar salvarnos y que si no podíamos, subiríamos la siguiente temporada. Ojalá nos hubiéramos salvado el primer año, pero luego hicimos una temporada muy buena en la OBOS-ligaen.

El 2020 volvéis a la Eliteserien y parece que este año os vais a mantener, ¿cuáles han sido las claves del equipo?

Martí Cifuentes nos ayudó mucho, fue un entrenador que con poco nivel en la plantilla, sacó mucho zumo. Tenía unas ideas muy claras, jugábamos muy bien al fútbol… Igual no muy vertical, que aquí gusta mucho, pero a la larga tuvimos resultados y competimos contra todos los equipos con un ideario único. El año pasado fuimos una sorpresa, el equipo revelación, y este año, con el cambio de entrenador, proponemos algo diferente, pero con las ideas que ya teníamos de Martí y las del nuevo entrenador estoy confiado en que volveremos a dar la sorpresa.

 

“Volví en septiembre de una buena dinámica con la selección y con la suerte de entrar a jugar y demostré que nunca me había ido, que tenía el nivel para estar ahí y que tenía que jugar”

 

El Sandefjord es un equipo bastante español, el año que llegaste estaba Rufo, Pau Morer y Enric Vallès además de Martí Cifuentes o Javi Ortiz… ¿A qué es debido?

Pau y Enric fueron los primeros en llegar ya que antes no había nadie. Fueron ellos los que llegaron aquí y abrieron la posibilidad, son dos jugadores muy queridos en la ciudad. Y tanto Rufo como yo seguimos con la línea de ser importantes, de ser jugadores que ayudan al equipo, que transmiten una idea y con un punto de picaresca que a veces falta aquí. Sí que es verdad que a la larga la llegada de españoles va a disminuir porque son clubes con una idea de producto de casa, pero nunca se sabe.

Este año sois uno de los equipos con más posesión del campeonato, solo por detrás de los gigantes Glimt, Vålerenga y Molde y superando al Rosenborg. ¿El fútbol de posición que implementó Cifuentes aún persiste?

Cuando cambias de entrenador siempre hay ideas nuevas, pero al final nosotros somos un grupo bastante parecido al del año pasado y sí que tenemos la predisposición a jugar de esta manera. El nuevo entrenador, Hans Erik Ødegaard, quiere salir desde atrás y quiere proponer, siempre un poco más vertical pero también con la pelota dominada. Por eso seguimos en una buena línea, porque tenemos buenas ideas que guardamos de la etapa de Martí y las hemos intentado mejorar con la filosofía de Hans. Ahora queremos atacar más a portería rival, incluso a nivel de presión. Con Martí siempre nos plantábamos un poco más atrás esperando y con Hans vamos a por el balón e intentamos recuperarlo lo más arriba posible.

Entre el parón de selecciones de junio y el de septiembre disputaste pocos minutos con el Sandefjord, es un momento en el que el equipo saca puntos y se aleja de la zona de peligro. ¿Cómo vive un jugador que juega lejos de su país el hecho de disputar pocos minutos?

Te voy a ser sincero, fue muy duro. Al final creo que llevo tres años en el club y soy uno de los capitanes y cuando pierdes este estatus hace daño. Me tuve que comer los primeros partidos de un equipo que estaba poco organizado, que aún tenía que conocerse y acomodarnos a la idea del nuevo entrenador. Lo di todo al principio y fui un jugador importante demostrando que teníamos que luchar, que no podíamos bajar. De repente tengo una pequeña lesión que me tiene fuera tres semanas, y aquí un jugador se tiene que adaptar y entender las dinámicas. El equipo ganó dos partidos y yo sabía que no era el momento para entrar. Si el equipo está bien para el entrenador es difícil cambiar, pero cuando pasaban los partidos y tampoco ganábamos y además no tenía la confianza, pasé por un mal momento. Volví en septiembre de una buena dinámica con la selección y con la suerte de entrar a jugar y demostré que nunca me había ido, que tenía el nivel para estar ahí y que tenía que jugar.

Cada vez más jugadores dan el salto de Noruega a las grandes ligas, ¿crees que la Eliteserien está ganando en calidad?

Sí, pero esto es bueno y malo a la vez porque al final se está marchando mucho talento de la liga. Como Zachariassen, Bakenga, Dønnum o Klaesson. Jugadores importantes para el país. Pero los clubes tampoco hacen una gran inversión para traer a alguien muy bueno para suplir al jugador que se ha ido, al revés, los clubes piensan en coger a los jóvenes y así guardan el dinero para estructurarse a nivel económico. Yo no lo conozco aún, pero el otro día metió un golazo Odin Thiago Holm del Vålerenga que te hace ver que aunque se vaya un buen jugador del equipo se puede reforzar con jóvenes. También está Sahraoui que es un pedazo jugador. Hay jóvenes que apuntan maneras.

Para terminar, ¿crees que en algún momento vas a volver a jugar en España?

Lo tengo en mente. Estoy con mi mujer y mis hijos aquí pero me gustaría que toda mi familia lo disfrutaran. Nunca se sabe, igual es antes de lo normal. Ya veremos…

 


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Fotografía de Imago.