A veces tenemos miedo de descubrir lo desconocido. Nos abruma tener que salir de nuestra zona de confort y enfrentarnos a algo nunca visto. Solo los valientes, los intrépidos o los soñadores se atreven a cruzar la mugre de la incerteza y hacer frente a una realidad con interrogantes. ¿Qué hace falta para liberarse de las cadenas de la rutina? Muchos dirán que oportunidades, una razón por la cual hacerlo, pero es determinación. La misma determinación que nos empuja a escribir un libro de nuestra vida, o declararnos a la persona de nuestros sueños. Porque como dijo Thomas Fuller, historiador inglés del siglo XVII, “una determinación invencible puede lograr casi cualquier cosa y en esto radica la gran distinción entre los grandes hombres y los comunes”.

Martí Cifuentes (Sant Cugat del Vallès, 1982) encontró la suficiente determinación como para decidirse a emprender la aventura e irse de su tierra natal hacia un sitio desconocido. Y no hay lugar más inhóspito que el frío norte, con su nieve y sus eternas noches. Pero era momento de abandonar España y sus complicadas categorías semiprofesionales. Porque tan importante es insistir como saber retirarse. Así pues, Cifuentes emprendió el viaje hace ya tres años. Primera parada, el país más grande de Escandinavia. 

¿Por qué te fuiste a Suecia? ¿Qué es lo que te sedujo del proyecto del AIK?

Yo llevaba unos años en Segunda B, primero en Sabadell, luego en el Rubí de Tercera, y después en Sant Andreu y Hospitalet. Se trata de una categoría muy difícil, tengo muchos amigos que se dedican a ella y la exigencia es máxima. En cambio los recursos no son tan profesionales. A mí me apetecía irme, ya había vivido en el extranjero, en Holanda e Inglaterra, pero quería entrenar fuera. Me salieron algunas opciones, en mercados exóticos, y no tenía pensado irme allí, pero luego me salió la opción de Suecia. Mi intención era quedarme en Europa, y si podía ser en una liga organizada y competitiva, pues mejor. Me interesó el proyecto del AIK y estuve allí un año y medio. Fue una experiencia muy buena, no fui como primer entrenador, sino que mi función en un principio era más de Director de Metodología, que consistía en ayudar a los entrenadores con la preparación. Pero fue una etapa muy buena y tengo un muy buen recuerdo. Además, Estocolmo es precioso.

Después fichas por el Sandefjord noruego que se encontraba en una situación muy complicada, sólo cinco puntos en catorce jornadas… ¿Cómo te encuentras al equipo?

Firmé por el AIK por dos temporadas. Después de un tiempo yo echaba de menos el entrenar y me ofrecieron el filial, y acepté. De hecho, amplié mi contrato por cuatro temporadas. El AIK es uno de los clubes más grandes en Suecia junto al Malmö y al Göteborg, y yo estaba muy contento de estar allí. Me empezaron a contactar equipos de Escandinavia, y aunque mi idea era quedarme en Estocolmo porque estaba muy contento y era un club grande, llegó la oferta del Sandefjord noruego. Al principio no me convenció, porque es un club ascensor y relativamente joven, con solo 20 años de historia, y además la temporada ya había empezado y no lo había hecho de la mejor forma. Yo era bastante reacio, pero me invitaron a ver la ciudad, las instalaciones, y me encantó. Hablamos, vi el proyecto y tiré hacia adelante porque es un club con un gran potencial. Es una ciudad cercana a Oslo, con unas instalaciones de entrenamiento muy buenas. Yo les puse el ejemplo del Östersunds sueco, un equipo que estaba en cuarta división y que llegó a jugar en Europa League. Un modelo que demuestra que a veces no hace falta mucho dinero para poder mejorar.

Cuando nos pusimos de acuerdo para que cogiera el equipo, estuvimos tiempo negociando las cláusulas ya que yo quería traer conmigo gente de mi confianza, y eso hizo que la negociación se alargara un mes y medio. En este mes, el segundo entrenador del Sandefjord cogió el equipo y batieron todos los récords negativos de la liga: ocho partidos sin ganar, siete partidos sin meter un gol… Cada semana que pasaba las cosas estaban peor y pensaba: ‘O lo cogemos ya o no habrá nada que hacer, nos iremos a segunda’. Cuando finalmente me hice cargo del equipo era la jornada 14 y el equipo solo tenía cinco puntos. Pero competimos muy bien desde el primer momento, los jugadores nos acogieron muy bien. Pudimos hacer unos cambios en el equipo durante el mercado de verano para revertir la situación y terminamos compitiendo. A nivel numérico es verdad que nos quedamos a cinco puntos de la salvación, pero las sensaciones eran buenas.

 

“La Segunda B y Tercera son categorías donde la exigencia es máxima pero los recursos no son tan profesionales”

 

Después de un año en la segunda división ascendéis y en 2020 firmáis una de las mejores temporadas del equipo. ¿Cuáles fueron las claves del éxito?

La clave fue todo lo que hicimos desde que llegamos al club. Aunque bajamos a la segunda división, desde que llegamos, hicimos unos muy buenos números, suficientes para no bajar, pero al final no pudimos salvar la categoría. Yo ya bajé una vez con el Sabadell de Segunda B a Tercera y fue durísimo, pero este descenso fue diferente porque veíamos que el equipo iba hacia arriba. Bajamos pero las condiciones eran cada vez mejores, competíamos muy bien, era difícil ganarnos… Era un proyecto que iba hacia arriba. Aunque jugáramos en segunda división había muy buena energía e hicimos un año muy bueno, solo perdimos tres partidos en todo el año y el tercero fue cuando ya habíamos subido, contra el Aalesunds que ascendió primero y tenía un equipazo. Todo esto que fuimos formando, tener una idea muy clara de cómo queríamos jugar, tener un grupo de jugadores muy comprometido, nos ayudó mucho el año siguiente.

Sí que es verdad que siempre que el Sandefjord sube a la Eliteserien es uno de los candidatos a descender, pero el hecho que nos marcó mucho fue el reducir el presupuesto un 25-30% aunque ascendiéramos. Es algo poco habitual porque puede ser que aunque subas, por condiciones económicas, no aumentes el presupuesto, pero subir a primera e incluso así, disminuir el presupuesto pocas veces se ha visto en el fútbol. Igualmente los jugadores hicieron una temporada muy buena y fue un año precioso.

 

Escandinavia es un mercado muy atractivo para las grandes ligas, donde los jugadores que despuntan pueden dar el salto a un nivel superior”

 

Entre los periodistas noruegos hay mucha admiración por lo que conseguiste en Sandefjord. ¿Tu estilo de juego es lo que les hace alabarte tanto?

Es verdad que no hay demasiados equipos que tengan una forma de entender el fútbol basada en la posición. Son maneras de entender el fútbol, al final hay muchos equipos competitivos, como el Molde, que tiene un ADN muy europeo, pero también el Vålerenga, el Viking, el Brann, que es muy difícil jugar contra ellos porque tienen una personalidad muy escandinava, con un ritmo muy alto, un juego directo, con transiciones. Al final te tienes que adaptar a todo y saber competir contra todos con tus armas.

El pasado enero, al terminar la Eliteserien, firmaste por el Aalborg, uno de los históricos de Dinamarca. ¿Por qué decides cambiar de aires?

En Sandefjord tenía la sensación de que se estaba terminando una etapa, tanto a nivel personal como profesional y tenía ganas de ver otras ligas. Soy un entrenador joven que quiere mejorar y aprender y, sobre todo, tener nuevos desafíos y en este sentido ya había hecho dos temporadas y media en Noruega y creía que podía ser positivo probar en otro sitio. A veces a los entrenadores nos echan de los sitios pero poder escoger y poderse ir de la manera que lo hicimos, con una comunión muy bonita con los aficionados y los jugadores, y después de una gran temporada, fue la guinda del pastel. Era el momento adecuado de irse. Afortunadamente me salieron muchas opciones y a mí me gustaba la del Aalborg. Sí que era un reto venir a media temporada, porque era el tercer entrenador que pasaba por el club en una temporada y esto siempre es un gran desafío. Pero también lo es porque el Aalborg es un club grande, puede ser que no esté al nivel del Copenhaguen o el Midtjylland que juegan competiciones europeas cada año, pero el objetivo es acercarse a ellos, estar en el top-4, y esto me atraía mucho.

Es un club que ha ganado cuatro ligas y tres copas de Dinamarca, un equipo acostumbrado a tocar la parte alta de la clasificación. Por lo tanto era un conjunto con muchas expectativas y que, además, cuando hablamos de ligas escandinavas, la danesa es la más fuerte. Había todos los alicientes para que fuera un proyecto atractivo. La idea era empezar a implementar mi idea de juego en los primeros seis meses y dejar un tiempo de margen para que los próximos dos años se pueda competir por lo que queremos que es clasificarnos por Europa cada temporada. Ahora estamos en el grupo de clasificación para ver si podemos conseguir la séptima plaza que da acceso a un último partido contra el cuarto del primer grupo y el ganador va a Europa.

 

“Una de las mejores virtudes que hay en el norte es que tienen un poco más de paciencia con los proyectos que en el sur de Europa”

 

Desde que llegaste sois el tercer equipo con más ocasiones por partido y uno de los que más balones roba en campo rival. ¿Qué es lo que no os ha hecho estar en la parte alta?

El equipo estaba entrando en una dinámica complicada, sobre todo porque durante el último año y medio el club había tenido una identidad de juego muy marcada que no había funcionado bien. Con el anterior entrenador, Jakob Friis, un entrenador de la academia del Aalborg que luego cogió el primer equipo, había un estilo muy alemán, de mucha ida y vuelta, lo que denominan en Dinamarca cómo el estilo RB Leipzig. Más tarde, mi ahora segundo, Peter Feher, cogió el equipo como interino durante tres meses con un estilo de control del balón y luego llego yo con mi idea del fútbol de posición. Así que hemos intentado hacer un cóctel para sacar lo mejor del equipo.

Es la tercera vez que cojo un equipo a media temporada, primero en Sant Andreu, donde conseguimos salir adelante; luego en el Sandefjord, que no pudimos solventarlo, y ahora veremos si podemos. Aquí, en Escandinavia, una de las mejores cosas que hay es que tienen un poco más de paciencia que en el sur de Europa. Creen en los proyectos y hemos estado muy tranquilos de que si nos podemos clasificar para Europa, fantástico. Pero lo que tenemos que hacer es seguir desarrollando el juego y al equipo. Además tenemos muchos jugadores jóvenes, como Tim Prica que es un delantero de 18 años que viene del Malmö donde no había tenido demasiados minutos antes de que yo llegara y ahora está jugando más, y también hemos intentado subir algún chico de la academia cómo Marcus Hannesbo. Poco a poco estamos intentando remar hacia la dirección que queremos y ya veremos si somos capaces de conseguir esta séptima plaza y meternos en el play-off para Europa. 

Las ligas escandinavas están llenas de talento joven. La danesa con Daramy, del Copenhaguen, o Schjelderup y Sulemana, del Nordsjaelland; en Noruega Fofana, del Molde… ¿Crees que cada vez hay más talento en el norte?

Sin ninguna duda, también es uno de los motivos que más me atrajeron para venir a entrenar aquí. Cuando hablamos de nivel top en Europa hablamos de las cinco grandes ligas, y después están la liga portuguesa, la rusa, la belga, la holandesa… Pero muy cerca vienen las escandinavas y la realidad es que es un mercado muy atractivo para las grandes ligas. Hay muchos jugadores noruegos y daneses en Italia, y además lo hacen bien. Son ligas donde los jugadores que despuntan pueden dar el salto a una más grande.

¿Cómo de diferente es el fútbol del sur de Europa del escandinavo?

No hay nada mejor que viajar y ver fútbol para ser consciente que en casa hay cosas muy buenas, pero que fuera también. Personalmente lo estoy disfrutando mucho. El fútbol es fútbol en todos los sitios. Diferencias hay muchas pero una de las grandes virtudes que puede tener un entrenador o jugador cuando se va al extranjero es entender el contexto. Tenemos que entender cosas que, en casa, son de una manera pero aquí son de otra. En este sentido, a nivel de entrenamiento y metodología, en Catalunya hay mucho nivel, sobre todo en cómo analizar el juego, los detalles… Puede ser que en Escandinavia los clubes no vayan tanto al detalle, ni al análisis de un jugador. Los partidos se preparan de otra manera y puede ser que sea un poco más genérico. En cambio nosotros vamos más al detalle e intentamos desgranar los partidos.

Pero también se hacen muchas cosas bien en Escandinavia. Los clubes tienen unas estructuras muy profesionales, incluso los equipos de segunda. Ellos tienen una figura que España no existe que es el responsable de orientar y desarrollar a los jóvenes que suben al primer equipo. Por lo tanto, se hacen muchas cosas bien, y solo hay que mirar los números. Noruega es un país de cuatro millones de habitantes, en Dinamarca son cinco y medio, en Suecia son diez… Y mira la cantidad de futbolistas de estos países que hay en el mundo. Muchos.

 

“Siempre hay un punto muy importante de adaptación y entender el contexto, pero el nivel del entrenador español es muy alto”

 

Ahora hay varios jugadores y entrenadores españoles en Escandinavia. ¿Cuáles son los motivos?

El entrenador español está muy bien valorado. Hay entrenadores españoles en todo el mundo, hay mucho nivel. Siempre hay un punto muy importante de adaptación y entender el contexto, pero el nivel del entrenador es muy alto. Es una tendencia, no solo en Escandinavia, sino también en Asia… Hay compañeros por todos los sitios. En este sentido somos afortunados de estar bien valorados. La otra parte es que el mercado escandinavo es peculiar, más cerrado, no hay demasiados entrenadores extranjeros. Ahora está Ferran Sibila, Javi Ortiz, Jordi González, yo… Y la cosa solo hace que crecer. También es porque son países muy estructurados, los clubes son profesionales y las condiciones de trabajo son muy buenas. Todo son ventajas.

¿Has tenido algún problema con el idioma?

Una de las ventajas y de las razones por las que quise venir aquí es porque todo el mundo habla inglés. Desde el primer día pude comunicarme en inglés y en el AIK sueco, que es un equipo grande y con jugadores de todos sitios, la lengua es mayoritariamente el inglés. Pero siempre es un plus aprender la lengua de dónde entrenas. Cuando empecé a hablar sueco me fui a Noruega, ahí aprendí la lengua y puedo tener una conversación en noruego, y ahora estoy con el danés que es el más complicado de los tres por la pronunciación. Para mí siempre es importante aprender el idioma, aunque con el inglés no hay ningún problema.

En un momento en el que se habla de la Superliga, ¿cómo ves el futuro del fútbol?

Yo soy un romántico en este aspecto. A mí me gustaba la Copa de Europa antigua donde solo jugaba el campeón de cada país. También me gustaba la Recopa y la UEFA. Lo bonito del fútbol es que un equipo que hace tres años estaba en Segunda B pueda estar compitiendo a un muy buen nivel en Primera División. Una de las cosas más bonitas de este deporte es que antes de cada partido nadie sabe quién va a ganar. Y si vamos a un modelo donde no hay ascensos ni descensos estaremos rompiendo el espíritu del juego.

 


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Fotografía cedida por Martí CIfuentes.