A Xabier Fortes (Pontevedra, 1966), como al fútbol, le sientan bien todas las franjas horarias. ‘One Club Man’ en lo profesional con más de 30 años de experiencia como periodista en RTVE, dirigió entre 2011 y 2012 La noche en 24 horas, entre 2018 y 2020 pasó a la mañana con Los desayunos y ese mismo año volvió al programa nocturno que actualmente presenta. Aficionado al Barça y al Pontevedra, el gallego responde al otro lado del teléfono con una memoria prodigiosa, la misma que demuestra en Crónicas cancheras, una recopilación de artículos publicados en El diario de Pontevedra y en AS. Son más de 80 columnas que reivindican el fútbol de hace años, más cercano a los campos de tierra que a los jeques y a la Superliga. Dice el periodista que le puso el apellido de ‘cancheras’ porque están escritas desde el lado del hincha, un poco también para reírse de sí mismo. Es un libro que, en su concepción original, no debía salir de casa de los Fortes.

Juntó los artículos para sus hijos.

Quería dejarles algunas de las paranoias futboleras de su padre. Estuve pensando en imprimir y grapar de forma artesanal una colección de artículos para dejárselos como un regalo de cumpleaños. Luego pensé que por qué no hacer una recopilación. Empecé a buscar y a buscar y encontré un hilo conductor, los fui colocando más o menos en orden cronológico, llamé a un editor y le gustó la idea.

Reivindica el fútbol de toda la vida.

Quiero tratarlo como excusa para charlar de la vida. El fútbol ha traspasado siempre todas las etapas, desde la infancia hasta la adolescencia, e influye en las relaciones afectivas y en el trabajo, al menos a los de mi generación. También quería reivindicar el fútbol que algunos hemos conocido. Entiendo que tiene que modernizarse y evolucionar, pero el fútbol ha sido muy similar siempre hasta hace pocos años. Últimamente, se han cambiado demasiado las reglas. Se vuelve todo más encriptado, cuando el fútbol tuvo éxito porque era un deporte fácil de entender. Era popular. De aquí viene también una excesiva mercantilización que es ajena a los valores del fútbol. Trata de expropiar los sentimientos del aficionado, que son los auténticos depositarios de cada club. Entran en juego fondos qataríes, franquicias, la Superliga…

Se acerca a las élites para alejarse de los aficionados.

Es evidente. La Superliga es una demostración palmaria de un coto cerrado. Quieren jugar unos pocos, que darán una o dos dádivas para sentar un pobre a su mesa, cogiendo el argot de Berlanga. En el fútbol normalmente gana el que tiene más dinero, pero siempre había permitido ciertas sorpresas. Ahora se ha concentrado tanto el capital y entran en juego tantos intereses que se está desvirtuando. Los clubes estado, el PSG, los petrodólares en el fútbol inglés, que al menos se revelaron contra la Superliga… Todo eso me provoca rechazo y me parece ajeno a los valores del fútbol, que se creó en un taberna, y ahora nos lo quieren expropiar.

Una de las columnas se titula ‘Odio el fútbol moderno’.

Toda columna tiene su punto hiperbólico, pero me refiero a ciertas modas que no me gustan. Y está un poco relacionado con el afán de mercantilización. Por ejemplo, lo que pasa con las equipaciones.  Los escudos y los colores son básicos para el hincha. Ahora ves al Barça y al Madrid fuera de casa, y aunque no haya coincidencia con el equipo rival, juegan con otra equipación. A mí me gusta que el Barça juegue de azulgrana siempre. Tampoco entiendo que los dorsales lleguen hasta el número 50, las botas de todos los colorines posibles… En eso soy muy conservador y tradicional. Hay que mantener la liturgia del fútbol. Los cambios rompen su esencia.

 

“No me gusta nada que el fútbol esté relacionado con la política ni con cuestiones identitarias, ni raciales, ni nada. El fútbol es el fútbol y la política es la política”

 

¿Profesa la misma devoción por el fútbol que cuando era niño?

Me sigue apasionando, pero los años van pasando. Tienes más obligaciones, tienes que estar más pendiente del trabajo, en mi caso el periodismo y la política. No le presto tanta atención. Veo mucho al Barça y al Pontevedra, pero ya no lo sigo con tanto tiempo y no sé si con tanta devoción. Aunque me sigue apasionando este deporte. Ahora son mis chavales los que lo siguen mucho.

Dice que se hizo del Atlético después de la final del 74, de la Real Sociedad por perder la liga del 80 y del Barça por salir derrotado en el 86. ¿Qué tiene la derrota?

Empatizo más con el perdedor. Me gusta ganar, pero quizás por ser del Pontevedra estoy más acostumbrado a la derrota. Mi primer equipo fue el Barça de Cruyff jugador. Yo tendría siete u ocho años, se jugaba de otra manera y de repente llegó un futbolista que parecía que patinaba por el césped. También fui del Atlético por esa final del 74, con ese gol de Luis con el que parecía que ganábamos. Y luego aquella Real Sociedad que estuvo tantas jornadas sin perder y se le escapa la imbatibilidad y la liga ante el Sevilla, que estaba primadísimo por el Madrid. Celebré el gol de Zamora del año siguiente. Luego el Barça vuelve a perder la final del 86 cuando estaba predestinado a ganarla y ya dije que me quedaba con mi primer equipo y no me cambiaba más.

Si se enfrentan Barça y Pontevedra, ¿qué camiseta se pone?

Mi equipo es el Pontevedra. Soy del Pontevedra, del Barça y de la Selección, pero por encima de todo soy del Pontevedra. Si viene el Barça jugar a Pasarón contra el Pontevedra lo recibiré con aplausos, pero desde que pite el árbitro, como decimos en Galicia, amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale.

En sus artículos entrelaza el contexto social y político y se apoya en referencias históricas. ¿Fútbol y política van de la mano?

No me gusta nada que el fútbol esté relacionado con la política ni con cuestiones identitarias, ni raciales, ni nada. El fútbol es el fútbol y la política es la política. Dentro de un campo de fútbol se olvidan las referencias y todos apoyan a un equipo y defienden los mismos colores. No me gusta que ciertos fondos se conviertan en reclamos identitarios. Me gusta que la política quede al margen del fútbol.

Escribe que es hincha pero no troglodita.

Obviamente quiero que pierda siempre el rival, pero no entiendo al fanático que va a odiar, como si siempre llevara una lanza para agredir, aunque sea verbalmente. Me gusta el fútbol con ironía, cuando eres capaz de reírte de tus propias obsesiones y de tus torpezas. Me parece muy sano reírse de uno mismo. Es un horror apedrear el autobús del rival, que lo hemos visto recientemente, o los gritos homófobos y nazis. Es lo contrario de lo que yo entiendo por el fútbol. Segurola dice que un hincha quiere que gane su equipo y disfruta y sufre con él, y sabe que hay una barrera que no se puede pasar, que es insultar de forma racista u homófoba. O ir a buscar al rival para pegarle. Si hacemos una encuesta entre esos trogloditas, seguro que no tienen ni idea de fútbol. Solo lo quieren el fútbol como excusa para pegarse.

¿Cómo ve la relación entre el futbolista y el periodista?

Hay muy buenos medios y es positivo que haya nuevos formatos. A mí me cuesta entender los productos que son ferias de vanidades y de fanatismo. Por suerte sigo leyendo buenos artículos sobre todo en la prensa generalista, y en la prensa deportiva también, aunque algunos casos, en mi opinión, son la antítetis del periodismo. Una cosa es ser de un equipo y otra es hacer fanatismo y forofismo declarado. Creo que esta crispación que rodea a la sociedad ha contagiado también a la información política y deportiva. Pero insisto, me encuentro con muchas firmas y medios que me reconfortan.

¿Tiene más responsabilidad la prensa o el futbolista?

Los dos. Trabajé en una época en la que en el descanso entrabas hasta la cocina, sin exagerar, o ibas a la habitación del hotel de un jugador para entrevistarlo. Eso se ha perdido. Para hablar con un jugador hay que pedir el certificado de penales. Eso es apartar al aficionado del futbolista porque el periodista es el mediador. Se ha fomentado el odio hacia el periodista en algunos vestuarios. Viceversa también ha pasado algo, y en medio están los clubes que han roto ese cordón umbilical que había. Con la cantidad de medios es imposible que la relación sea como la de antes, pero tampoco se puede restringir el contacto con todos los jugadores, blindar los entrenamientos… Me parece que es un retroceso evidente.

¿La política se está futbolizando?

Todo se ha mezclado. Ciertos formatos de la información forofa del fútbol se han traspasado al periodismo. Es lamentable el periodismo de trincheras que se ve en algunos medios. Todos tienen que tener una línea editorial, es evidente. Lo que no me gusta es que si coges unos colores, parece que los tuyos siempre lo hacen bien y el rival siempre lo hace mal. Hacer bandería de la ideología es lo contrario del periodismo. Repito lo que he dicho con la prensa deportiva: por suerte hay medios y periodistas que siguen siendo referentes y muchos conservan ese sesgo distintivo.

 


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Fotografías cedidas por Xabier Fortes.