¿Puede doler el éxito? Sí, en muchos casos. Al menos en mi humilde y probablemente equívoca opinión. Por lo menos, esa es mi manera de expresarlo. De hecho, esa es la descripción que le doy al pitido final de las semifinales de este Mundial. Estados Unidos y Holanda consiguieron el soñado pase a la final. Cada una de ellas, por sus motivos. Mientras que las norteamericanas se motivaron por las disputas verbales con el presidente de su país, las europeas son todo coraje y corazón. Ambas están a un paso del éxito y en unos días compartirán lágrimas de sentimientos muy dispares. Sin embargo, Inglaterra y Suecia masticaron la derrota; murieron en la orilla; despertaron pronto. Perder en las semifinales, por exitosa que sea la hazaña de llegar, no deja de ser una auténtica pena. De nada vale recorrer un largo camino si no se llega al final. Hicieron un gran torneo, cierto es, pero no hay consuelo que valga en estos días.

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Los Estados Unidos e Inglaterra abrieron la penúltima fase de este campeonato de Francia. Un duelo con morbo, teniendo en cuenta las rivalidades históricas que han enfrentado a ambos países. Sin embargo, el encuentro disputado en el país galo fue un nuevo Tea Party. No hay manera de que las inglesas puedan someter a las norteamericanas y eso que pasó de todo en el encuentro. Se adelantaron las de Estados Unidos con un gol de Press pero rápidamente se igualó la contienda con un buen remate de White. Sin embargo, una leyenda como Morgan cabeceó al fondo de las redes y puso el resultado definitivo en el marcador. No obstante, todavía no habíamos visto nada. Durante la segunda mitad, Inglaterra se mantuvo firme y fue sacando ocasiones hasta encerrar a las vigentes campeonas. Tanto es así que White volvió a marcar. La alegría desmedida de las británicas se vio entorpecida por apenas unos milímetros antirreglamentarios. El VAR se cargaba la hazaña… O eso parecía. A quince minutos del final, la tecnología volvió a hacer acto de presencia y fue clave para que se señalase un penalti sobre la misma White. La delantera inglesa estaba en todas partes pero el lanzamiento fue obra de Steph Houghton. Y fue una pena. Pena máxima. Naeher detuvo el lanzamiento e Inglaterra se vino abajo. Tanto que Bright, un ejemplo de superación dentro de su propia selección, perdió los papeles y acabó en el túnel de vestuarios cinco minutos antes del encuentro. Rozó el éxito. Deberían estar felices por someter a las norteamericanas como lo hicieron… Pero no hubo más que llanto en las europeas.

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Y se cerró la fase con otro partido increíble. Holanda se medía a Suecia y todo podía pasar en el segundo encuentro de las semifinales. Sin embargo, a diferencia de la otra semifinal, el respeto se apoderó de los equipos en los primeros 45 minutos. Fue ese clásico rato de evitar herir para no salir herido… ¿Para qué arriesgar, si eso nos puede mandar para casa? Pero concluido el descanso, esa sensación cambió. Suecia sacó la podadora y trató de sesgar cualquier tulipán que creciese sobre el verde. Metafóricamente, entiéndase; no es que las nórdicas fueran duras con sus rivales. Pero si trataron de golpear la meta de van Veenendaal. Pero cada disparo encontraba una mano, una pierna o un poste. Se desesperaron las suecas y se crecieron las ‘Leonas Naranjas’. Replicaron con un balón al poste y alguna que otra ocasión de Miedema o van de Sanden. Con el empate a cero arrancó la prórroga y el guion cambió totalmente. Suecia perdió el liderazgo y la Oranje se fue hacia arriba. Quien avisa no es traidor. Avisaron a Lindahl una vez. En la segunda, rozando el centenar de minutos, Jackie Groenen, centrocampista portadora del mítico ’14’ y campeona de Judo en diferentes categorías inferiores, soltó un zapatazo pegado al poste de la portera sueca. Se desató la locura en Francia y en Holanda y, a pesar de las últimas esperanzas nórdicas de salir con vida, el pase a la final quedaba decidido.