Quince minutos para la conclusión del encuentro. Ellen White, que ya se había puesto las gafas al anotar el empate a uno en la primera mitad, cae dentro del área y la colegiada no señala nada. ¿Recordáis cuando decíamos que el VAR le quitaría emoción al juego? Yo era de esos, pero qué equivocado estaba. Se fue la árbitra brasileña a la pantalla y señaló el punto fatídico situado a once metros de la gloria. El marcador en contra, Estados Unidos con el agua al cuello y las inglesas dejándose el alma para lograr de nuevo el empate.

Pocas veces la vida te da una segunda oportunidad, pero ocurrió. Injusta hasta límites insospechados, privó a White de anotar el doblete. De hecho, lo convirtió pero en un milimétrico fuera de juego. Desde la pena máxima, la oportunidad de redimirse y a escasos metros del esférico, una curtida Steph Hought. Cogió carrerilla e impactó el balón a la derecha de la guardameta… Acostumbrada al sufrimiento, su compañera en la zaga no desvió la mirada en aquel momento crítico. Bright observó, con el rostro serio, cómo el sueño se desvanecía en las manos de Naeher. Acostumbrada a aguantar y superar obstáculos, se rebeló.

Millie Bright nació en el verano de 1993, en Killamarsh. Aquel 21 de agosto, sus padres recibían a su retoña entre los brazos en mitad de una alegría desbordada. Sin embargo, el drama comenzó ocho días después. Una neumonía atacó los pulmones de la joven británica y su presencia en el hospital se convirtió en la tediosa rutina de su infancia. Aquel problema respiratorio fue su pan de cada día. Una lucha constante. Una lucha a la que hace frente. Sin embargo, fueron críticos los primeros quince años…

La neumonía pasó pero los problemas respiratorios iban en sus genes. Su padre y su madre los sufrían e incluso su abuela falleció por las mismas causas. “Los problemas respiratorios son comunes en la familia, así que lo entendimos. Fue una de esas cosas que no iba a dejar que interfiriera con lo que estoy haciendo”, afirmó la defensora en una entrevista al Daily Mail.

A los pocos años, Bright tuvo que soportar el asma y una tos ferina, es decir, una tos infecciosa y muy violenta que produce sensación de asfixia. “Fue realmente una época durísima. La máquina de esteroides me ayudó pero hasta que tuve la edad para poder usarla, mis padres llamaban a la ambulancia cada vez que me daba un ataque de asma. Eso sucedía un par de veces a la semana”, recordó la futbolista.

 

“En aquel entonces tuve que decidir si aquel problema me iba a impedir jugar o no. Y lo conseguí”

 

Durante su dura infancia, Bright se aficionó al fútbol y a la hípica. Sin embargo, las condiciones en las que se encontraba no le permitían llevar a cabo ninguna de las dos prácticas. Por lo menos, en las condiciones óptimas que se le exige a una deportista de élite. Pero esa resiliencia fue, precisamente, lo que convirtió a Millie en la jugadora que es hoy. Comenzó pronto, a la edad de nueve años, tras ver entrenar a su hermano. Al poco tiempo comenzó a jugar en la academia del Sheffield United, en la que permaneció cinco años. A sus 14, y gracias a la ayuda de los médicos y de su familia, los problemas de Bright comenzaron a disminuir y, de la misma manera y exponencialmente, arrancó su andadura profesional en los verdes.

Dos años más tarde, a los 16, firmó su primer contrato con los Doncaster Belles. Su imponente altura -mide 1,78 metros- combinada con la garra y el espíritu que había desarrollado durante su juventud, la llevaron a una posición idónea para ella. Debido a su corta edad, sus primeros años fueron complicados, por lo que salió cedida al Leeds United en 2011. A su regreso, no le titubeó a la titularidad. Se consolidó en el equipo y logró el subcampeonato, en la campaña 2013-2014, en la segunda división.

Además, durante esos años, Bright también hizo carrera internacional. Pasó por las diferentes categorías inferiores de la competición y se consolidó en todas ellas. Por ello, en diciembre de 2014, el Chelsea se lanzó a por ella. “Millie es una gran persona y una joven jugadora que está dispuesta a mejorar su juego a diario. Seguro que aportará fuerza y garra a este grupo de jugadoras”, aseguró Paul Green, entrenador del conjunto londinense. Desde entonces, la defensora ha disputado más de sesenta encuentros con el conjunto ‘blue‘.

No obstante, para Bright es imposible no echar la mirada atrás y recordar el calvario que tuvo que soportar. “A medida que envejezco, mi asma se ha ido calmando un poco. Pero en aquel entonces tuve que decidir si aquel problema me iba a impedir jugar o no. Y lo conseguí. También gracias a mi madre, que tiene experiencia en este tipo de problemas y me ayudó a superarlo”, declaró la joven futbolista.

Sus mejores años en el Chelsea la llevaron a ser un referente en la selección femenina absoluta y, desde 2016, a disputar más de una treintena de encuentros. Los últimos, en este Mundial. Su selección salió líder de la fase de grupos tras ganar a Escocia, Argentina y Japón. No le tembló el pulso ante Camerún y, con un contundente 3-0, consiguieron pasar de ronda. Repitieron resultado en los cuartos de final ante Noruega y llegaron a las semifinales ante las grandes favoritas. Derrochó carácter, fuerza y seguridad defensiva y consiguió, junto a Houghton y el resto del equipo, armar un combinado muy fuerte a nivel defensivo.

Estados Unidos iba uno por delante en el marcador y restaban diez minutos de encuentro cuando la colegiada rectificó y señaló el penalti. El balón salió de la bota de su compañera y se desbordó la alegría estadounidense con la parada de su guardameta. Y fue el inicio del fin para Bright. Las norteamericanas, en su más que cuestionable modo de terminar los partidos, se llevaron el balón a las bandas. Diez minutos, más los siete que se añadirían de descuento, pisando y aguantando el balón cerca de las esquinas contrarias. Lo hicieron ante España. También contra Francia. Inglaterra, por ende, no iba a ser la excepción. Pero en una de esas, la plancha de Bright impactó contra la espinilla de Alex Morgan. Seria, hundida y rebelde. Así se marchó la defensora del encuentro tras recibir la segunda amonestación.

Una joven central marcada por el sufrimiento, el esfuerzo y el inconformismo se marchó del Mundial de la manera más injusta. Todas esas dificultades que inevitablemente aparecen en el camino, Bright las ha ido superando a cara de perro. Esta vez no será diferente. Inglaterra desaprovechó una segunda oportunidad pero llegarán otras. Sea Eurocopa o Mundial. Un equipo potente y con futuro. Y Millie en primera línea de guerra.