La única vez que la selección croata ha superado la fase de grupos en una Copa del Mundo, acabó trepando hasta las semifinales del torneo y se hizo con la medalla de bronce. Ocurrió en 1998, en Francia, en un Mundial que Croacia cerró doblegando a Holanda (1-2) en el partido por el tercer y el cuarto puesto, la mejor manera de coronar un campeonato en el que fueron tendencia por su estilo y sus resultados. En un combinado poblado de talento, con futbolistas de la talla de Prosinečki o Boban, todo el protagonismo descansó sobre los hombros de Davor Šuker, un faro para sus compañeros, que además despidió el verano como Bota de Oro mundialista gracias a sus seis dianas.

Justo 20 años después de aquella hazaña, el fútbol croata todavía no ha vuelto a conseguir nada parecido. La actual generación, señalada por todos como la más talentosa desde aquella que brilló a finales del siglo pasado, se ha especializado en tropezar en los instantes clave de cada temporada, tal vez sobrecargada por las altas expectativas que la acompañan. Rusia asoma en el horizonte como una nueva ventana para resarcirse, aunque el tiempo ya ha empezado a jugar en contra de esta hornada. La edad de sus dos futbolistas más diferenciales, Luka Mordic e Ivan Rakitic -32 y 30 años, respectivamente-, invita a pensar que no habrán muchas más oportunidades.

 

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