EURO SIN CORTE – Vol.5 – Pasta al dente


 

Cuando estás loco aprendes a guardar silencio. Philip K. Dick

 

Los mejores textos son los que solo giran entorno a una o dos ideas. Cada día le pido menos a la lectura. Basta un destello, una frase perfecta y fugaz, un estilo suave que te meza y te acomode en el asiento. Hay noches que no están hechas para la trascendencia. Me conformo con una línea ligera y divertida en mitad del párrafo. Un partido de fútbol sosegado, resuelto por un detalle. Un marcador que no me sorprenda pero que tampoco sea el esperado. Un regate frente al banderín del córner. Un pase raso, sin metafísica, que me roce el hombro y difumine el ruido.

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Esta Eurocopa nos ha malacostumbrado. Es julio y vivimos por encima de nuestras posibilidades. Las prórrogas son la mejor barra del fútbol, pero también su mayor mentira, porque solo suceden muy de vez en cuando. Acabará el mes y se nos habrá olvidado en qué consistía esto. Las jornadas descafeinadas, los empates a cero en invierno, los pases entre centrales, las rotaciones, las entrevistas en el palco. Hay más saques de banda que caños al borde del área, pero en verano cuesta más verlos. Nadie bebe pensando en la resaca. Pero siempre llega. Los lunes grises. El aterrizaje forzado. Un funeral en la cabeza. Como en aquel verso de Emily Dickinson.

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La lesión de Spinazzola nos devuelve los pies a la tierra. No esperábamos que el mejor lateral de un torneo pudiera romperse antes de que el torneo terminara. Nos creíamos indestructibles. Pero esto sí que es el fútbol. El guantazo en la mandíbula cuando menos preparado estabas. Las Eurocopas están colmadas de historias felices. Pero perdemos de vista que una historia feliz es también una historia frágil, de ahí su encanto, y que, cuando se quiebra, no deja de ser una historia feliz, solo pasa a ser también una historia rota. El fútbol es la vida y la vida son alegrías que se apagan de un plumazo.

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Italia despellejó a Bélgica chascando los dedos. Mancini y sus jugadores son los pantalones rallados de Obélix: un día indeterminado de junio cayeron en la marmita y desde entonces apartan rivales del camino hasta con el culo. En el primer encuentro ya notamos que algo especial se estaba gestando. Da vértigo ver a equipos metidos en esos espirales de éxito. O juegan bien o ganan. No saben ni pueden hacerlo de otro modo. Como cuando el Piezas dice que agarraría a Bnet por el cuello de la camiseta, “porque de lo bien que rapea da asco”. Durante una época España también fue así. Una selección que solo sufría cuando quería, es decir, cuando se aburría de su aplastante talento, y no metía gol hasta el 80’ para sentir algo diferente, como esos hijos de los barrios altos que se marchan a Perú a hacer un voluntariado. Tiene poder quien decide cuándo y cómo sufrir. Ese es el que está sentado en la cima, las piernas colgando en el vacío. Hoy, en cambio, los de Luis Enrique tienen que ahorrar durante un año para sacarse el vuelo. Tampoco es mala opción. Vivir al día desgasta, pero uno termina acostumbrándose. Unai Simón, Laporte, Koke o Ferran Torres recuerdan a esos escritores norteamericanos del siglo XIX, como Mark Twain, que antes de dedicarse a escribir sentían que tenían que vivir, atiborrarse de experiencias, y por eso dedicaban décadas a ser marinos, buscadores de oro, soldados. Los oficios más extremos.

Tras una odisea por prórrogas y tandas de penaltis, la ‘Roja’ se ha plantado en semifinales. Ahora, por fin, se sienta en su escritorio, dispuesta a picar las últimas páginas de su novela. Que sean radiantes u oscuras dependerá de su estado de ánimo.

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Pocos confiaban en Harry Kane. Pero es Harry Kane. Como el mayordomo que atraviesa todo el salón atestado de invitados con la bandeja tiritando en la mano. Va a caer, te dices. Pero las copas, no sabes cómo, acaban llegando a su destino. Fuerte admiración por los que logran hacer bien su trabajo pese a no estar pasando por un buen momento. Hay algo oscuro en el fondo de su mirada, una pena, una herida, tal vez un cadáver, pero no pierden un ápice de funcionalidad. Dejan la mierda a un lado y actúan como se espera que actúen. Genios en la oscuridad. Detectives trastornados. Abogadas descreídas. Actores drogadictos. Delanteros de Inglaterra. Los mejores en lo suyo.

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El verde del verano, como defiende Marcos Ordóñez en sus diarios, no es el verde de los árboles ni el de la hierba: es el verde de las mesas de ping-pong. Ese color, un poco desteñido por la intemperie, define una época en la que nada importa mucho pero todo nos emociona demasiado. La Eurocopa no es el fin del mundo. Lo sabemos. Pero se le parece. Y ya se está acabando. Nos quedan tres chutes. Tres balas. Tres frases. Tres ocasiones para simular que en esto nos va la vida. Después ya volveremos a bajar el volumen. Los mejores textos son los que solo giran entorno a una o dos ideas. Los mejores veranos, los que dan vueltas alrededor del fútbol.

 


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Fotografía de Imago.