Con más o menos brillantez, con más o menos suerte y también con más o menos energúmenos entre sus aficionados, ya han debutado en Francia las 24 selecciones que aspiran a proclamarse campeona de Europa el próximo 10 de julio. Hasta el momento, los centrocampistas han capitalizado buena parte de los MVP otorgados en los 12 primeros encuentros (perfiles para todos los gustos como Xhaka, Allen, Dier, Krychowiak, Kroos, Modric, Iniesta, Giaccherini, Hoolagan o Kleinheisler). Pero entre tanta exhibición de quienes gestionan o aceleran la sala de máquinas de sus respectivos equipos se asoma otra certeza: el extremo, el hombre pegado a una línea de cal, el Sísifo de los duelos individuales, vuelve a estar de moda.

Siendo justos, no es que el protagonismo de los extremos (o interiores con alma de extremos) sea absolutamente inesperado; como tampoco han sido relevantes todas las actuaciones de quienes han desempeñado esta función en lo que llevamos de torneo (en muchos casos por el contexto: partidos bloqueados y con escasas transiciones). Pero sí sorprende el uso tan significativo, y en ocasiones dependiente, que algunos técnicos le han dado a esta posición. La intencionalidad, más que el efecto, de subrayar el peligro a través de los flancos.

No es que el protagonismo de los extremos sea inesperado. Pero sí sorprende la intencionalidad de algunas selecciones a la hora de subrayar el peligro a través de las bandas

Esta dinámica ha permitido, sin ir más lejos, que varios jugadores que nunca habían participado en una Eurocopa o Mundial hayan sido titulares en esta demarcación. Y no, no han sido apariciones fugaces o fruto de una urgencia puntual. Son decisiones meditadas que prometen tener continuidad en el torneo. Cuando el partido se atasca o la posesión es inocua -ya no digamos cuando la apuesta futbolística se mide directamente en contraataques-, no hay mejor herramienta para generar superioridad arriba que un jugador capaz de llegar a la línea de fondo, poner el balón en el área o desplazarse hacia el centro para probar el tiro a puerta.

PAYET (FRANCIA)

payetUno de los grandes nombres que validan esta nueva tendencia es el de Dimitri Payet. Ya en el primer encuentro, Francia se apoyó en su juego para sumar los tres puntos. Con una asistencia, un gol y decenas de chispazos, el mediapunta del West Ham, capaz de partir desde cualquier banda, rubricó una de las grandes actuaciones individuales del torneo, más cuando todas las miradas estaban puestas en jugadores como Griezmann -con libertad de movimientos- o Pogba.

Payet volvió loco a la defensa rumana ciñéndose a la perfección al guión establecido en la pizarra: amplitud de campo, desborde, favorecer las permutas con el lateral, centrar balones al área y disparar. De estas dos últimas acciones, ejecutadas con su pierna mala, la zurda, nacieron los dos goles de la anfitriona. Visto lo visto, deberíamos empezar a definirla como la pierna menos buena.

DRAXLER (ALEMANIA)

payetOtro futbolista que no había debutado nunca en un gran torneo internacional de selecciones y que apareció de inicio en el once de Alemania. Sin Reus, que no pudo viajar a Francia por lesión, eran muchos los futbolistas que aspiraban a ocupar su posición (como Schürrle, por ejemplo). Pero cuando Löw optó por situar a Mario Göetze de ‘9’ en lugar de a un delantero centro como Mario Gómez, y sumado a lo poco que le gustan los corsés a Müller en la banda opuesta, el futbolista del Wolfsburgo –remembering cómo destrozó a Danilo en el partido de ida de cuartos de final de la Champions ante el Real Madrid- supo que debería buscarse las habichuelas encarando una y otra vez a la defensa ucraniana.

Así lo quiso el seleccionador -como ya venía sugiriendo en los partidos preparatorios- y así lo hizo Julian en los 78 minutos que estuvo sobre el terreno de juego, donde a sus dotes como regateador incorporó lo mejor de su juego asociativo, beneficiándose de sus conexiones compañeros como Özil o el propio Göetze.

NOLITO (ESPAÑA)

payetNo, no fue su mejor partido. Pero si algo quedó demostrado en el debut de España en esta Eurocopa es que Del Bosque lo fía todo a la magia de Andrés Iniesta y a la electricidad del jugador del Celta, capaz de regatear por fuera y por dentro, de centrar y disparar, o de combinar con el tercer elemento de este poderoso taladro futbolístico que es la banda izquierda española, el lateral del Barcelona Jordi Alba.

Las incorporaciones de extremo y lateral fueron muy incisivas en varias fases del juego y prueba de que para el seleccionador esta armonía es innegociable es que prefirió sustituir antes al delantero centro (Morata por Aduriz) y a un centrocampista (Cesc por Thiago) que ‘tocar’ ese carril. Nolito dará juego.

OTROS JUGADORES A SEGUIR

Que hombres de este perfil sean importantes para tres de las candidatas al título no es casualidad. Pero es que además, Francia, Alemania y España comparten un mismo principio táctico: la asimetría de sus hombres más abiertos. Si Payet, Draxler y Nolito actúan como extremos puros durante muchas fases del partido, los ocupantes de las bandas opuestas adquieren otro tipo de responsabilidades. Así, los Griezmann, Müller y Silva acostumbran a moverse entre líneas con más asiduidad, priorizando aspectos más combinativos del juego y dejando que las internadas en modo ‘puñal’ recaigan en sus respectivos laterales.

Pero no solo estos tres equipos se empeñan en explotar las bandas con especial interés. En esta primera jornada de la Euro también han destacado otros jugadores partiendo desde las alas. Sería extremadamente injusto no dedicar unas líneas a Ivan Perisic, una de las sensaciones de Croacia desde el Mundial 2014, que ofreció su mejor repertorio ante Turquía. Eclipsado por el partidazo del madridista Luka Modric, el jugador del Inter de Milán -en el 4-4-2 croata parte desde la izquierda pero puede ocupar cualquier zona del ataque- se deshizo de su marcador -un inoperante, como casi todo el conjunto otomano, Gökhan Gönul- cuando y cómo quiso, por velocidad o por habilidad. Además, puso balones al área con mucho peligro y hasta envió un cabezazo al larguero. En el caso de esta selección, también brilló la banda opuesta a la de Perisic, con un surtidor de parábolas llamado Srna y un Brozovic que priorizó otros aspectos del juego ante la implacable exuberancia del lateral del Shakhtar Donetsk.

Y si hay que apuntar otra sorpresa ha sido la de comprobar que todo lo escrito y leído sobre el polaco Bartosz Kaputska era cierto. El futbolista del KS Cracovia salió de titular ante Irlanda del Norte y su actuación fue más que reseñable. Partiendo desde la banda izquierda (mitad extremo, mitad interior), un sitio que presumiblemente estaba reservado para el jugador del Rennes Kamil Grosicki, apenas notó la presión de ser el futbolista más joven de la plantilla (hará 20 años en diciembre). Aunque su llegada a la selección ya estuvo marcada por el asombro general (marcó en su debut ante Gibraltar), nadie esperaba que el seleccionador Adama Nawalka le diera de inicio una responsabilidad de este calibre. En el 4-4-2 de Polonia, con Lewandowski y Milik como delanteros, Kaputska apareció en ataque y en defensa, pidió el balón y acertó en casi todas sus decisiones. Aunque al final fuera el experimentado Blaszczykowski, su homólogo por la derecha, y con un juego mucho más directo, quien dio la asistencia del gol que derrotó a los norirlandeses.

Esto solo acaba de empezar, pero vista la igualdad en estos primeros partidos -y por qué no decirlo, la escasa trascendencia que han tenido hasta la fecha los delanteros llamados a marcar las diferencias-, los hombres de banda, sean extremos puros, interiores con recorrido o mediapuntas creativos, pueden jugar un papel clave en las aspiraciones de las participiantes.