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Harry Kane: el rey en el trono

Kane se resistió a ser una de esas estrellas prematuras que se apagan pronto. Optó por ser paciente, aceptó la condición de líder, remató tantos balones como le mandaron y finalmente se sentó en su trono

Kane

Dicen los entendidos en el fútbol británico que Harry Kane, actual hombre-gol del Bayern de Múnich y leyenda del Tottenham Hotspur, encarna a la perfección lo que se conoce como ‘nuevo inglés’: una mezcla de finura, educación y buen porte. Un estatus que viste con disparos a la red fruto de varios másters realizados por los exigentes campos del fútbol de las Islas, y ahora también por estadios germanos.

Harry Kane nació en Londres, a poca distancia de White Hart Lane, el terreno de juego que lo convertiría en una estrella, y con el paso de los años se convirtió no solo en el hijo predilecto y el estandarte de un club, sino también en el emblema de una generación. Pero este objetivo no lo podría haber alcanzado si se hubiera rendido en sus inicios, cuando durante algunos años se vio obligado a curtirse en la Championship y la League One, jugando como cedido para el Leyton Orient, el Leicester, el Millwall o el Norwich.

Con una actitud férrea, sus compañeros y entrenadores de aquella época suelen recordar que el ariete siempre quería participar en sesiones de entrenamiento extra, algo que demuestra que el jugador priorizaba su crecimiento futbolístico a las relaciones sociales. Eso se transformó en evolución. Y en un trampolín imparable hacia la élite. 

Al revés de lo que ha pasado a lo largo de las décadas con otros compatriotas que fueron ensalzados prematuramente, Kane continuó progresando, sin hacer caso a los comentarios y las portadas de los periódicos.

Cuando por fin explotó con la camiseta del Tottenham, también dio el salto al escenario internacional. La Federación Inglesa intuía su enorme potencial y, cuando se convirtió en un fijo en las convocatorias de la selección absoluta, empujó para que se convirtiera en un símbolo, como lo fue en su día David Beckham.

 

La Federación Inglesa intuía su enorme potencial y, cuando se convirtió en un fijo en las convocatorias de la selección absoluta, empujó para que se convirtiera en un símbolo, como lo fue en su día David Beckham

 

Durante varios cursos, nadie le hizo sombra ni en el Tottenham ni en el combinado nacional. Un reinado que ahora se ha impuesto en Múnich, donde ha levando su primer título como profesional.

Las estadísticas del futbolista curso tras curso también se explican, en parte, a través de sus hábitos: lleva una vida sana, sin alcohol, sin fiestas, sin bromas y donde el apoyo de sus padres, que emigraron de Irlanda y el empuje de su hermano mayor, Charles, a quien describe a menudo como un superhéroe, son claves.

Algo que, como ya sospechaban algunos, le ha convertido en un icono comercial. De hecho, en la actualidad es uno de los principales embajadores de Skechers Fútbol, y el portador de una de las botas insignias de la marca: la nueva Skechers SKX_2.

Kane se ha resistido a ser una de aquellas estrellas prematuras que se apagan pronto. Optó por ser paciente, aceptó la condición de líder, remató tantos balones como le mandaron y, al margen de la presión y las expectativas ajenas, cuando llegó el momento se sentó en su trono. Ahora ya es tarde para que alguien lo mueva de ahí.