Este artículo sobre Carlos Tévez está extraído del #Panenka141, un número que sigue disponible aquí
“Dejé de jugar porque perdí a mi fan número uno”. Carlos Tévez tenía ocho años y quien iba a verle jugar era su padre (en realidad, su tío, aunque se hizo cargo de él desde que era un niño y él lo consideraba como tal). Quien no se perdía ninguno de sus partidos era su padre. Quien le agarraba la mano en los momentos de debilidad era su padre, siempre su padre. Aunque parezca mentira, porque las apariencias son traicioneras, el ‘Apache’ se despidió del fútbol tras la pérdida de su papá, Segundo.
El argentino siempre fue un tipo ambicioso, impulsivo y con carácter, mucho carácter, pero solamente dentro del campo. Fuera de los terrenos de juego era cercano y familiar. Todos tenemos una faceta que se esconde detrás de las miradas ajenas, y el argentino no era una excepción.
También tenía corazón, y tan pronto como murió el hombre que lo cuidó de niño, el ‘Apache’ lo tuvo muy claro: “Yo ya no juego para nadie”
Eso sí, de su infancia en el Fuerte Apache (un conflictivo barrio de Buenos Aires) nacen, seguramente, las conductas impetuosas que le llevaron a protagonizar varios episodios polémicos dignos del mejor culebrón televisivo. De su discusión con Roberto Mancini, su técnico en el Manchester City, nació una suspensión de varios meses, y de la consecución de la Premier en 2012 surgió una disculpa a Alex Ferguson, técnico del United, tras mostrar un cartel que ponía: ‘R.I.P. Fergie’. Puro Tévez.
Pero también tenía corazón, y tan pronto como murió el hombre que lo cuidó de niño, su padre, el ‘Apache’ lo tuvo muy claro: “Yo ya no juego para nadie”.
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Fotografía de Getty Images.


