CAN 1

En África impera la ley del más fuerte. De poco sirven la trayectoria reciente, la reputación adquirida durante años o los grandes nombres que atesora un equipo. No se respetan las jerarquías ni los galones. Lo único que importa es el aquí y ahora. Cualquier fase de clasificación en el continente negro se convierte en un ejercicio heroico de supervivencia. Para acceder a alguno de los siete grupos que han significado el vivero de selecciones para la Copa de África que arranca esta semana, antes ha habido eliminatorias previas para las selecciones con menos enjundia.

En uno de esos duelos entre combinados de menor nivel, la selección nacional de Guinea Ecuatorial, llamada Nzalang Nacional, volvió de Nuackhott indignada por una nefasta actuación arbitral que permitió a Mauritania alcanzar una victoria parcial por 1-0 en el partido de ida de la eliminatoria. Ya en el partido de vuelta en Malabo, nzalang Nacional pasó como un rodillo por encima de Mauritania y volteó la eliminatoria. Sin embargo, la federación mauritana interpuso una reclamación ante la CAF (Confederación Africana de Fútbol) con una lista de futbolistas no elegibles por Guinea Ecuatorial. Finalmente, la reclamación fue efectiva por la presencia de Thierry Fidjeu, delantero de origen camerunés sin la documentación en regla para competir con nzalang. Los sueños de estar en otra Copa de África tres años después se desvanecían. Al menos, de momento.

En otra eliminatoria previa a la fase de grupos, en esa carrera despiadada hacia la gloria, Ruanda y Congo se disputaban una plaza para acceder a uno de los siete grupos.  Ruanda se impuso en la tanda de penaltis en Point Noire (Congo-Brazzaville) después de un 2  a 2 global en la eliminatoria. Ruanda estaba dentro. Sin embargo, la Federación de Congo tenía un as bajo la manga: un futbolista ruandés estaba jugando ilegalmente. Taddy Birori, que había marcado un hat-trick en la ronda anterior para eliminar a la Libia de Clemente, usaba su pasaporte ruandés para jugar los partidos internacionales con ‘Las Avispas’. Sin embargo, en los partidos con su club, el AS Vita, reciente finalista de la Champions League de África, usaba pasaporte de la RD del Congo y otro nombre: Etekiama Agiti. Un mismo futbolista que usa dos identidades diferentes. La CAF suspendió con dos años de inhabilitación a Birori y descalificó a Ruanda.

LA CRISIS DEL ÉBOLA

CAN 2En ese mismo escalón, en la antesala de la fase de grupos definitiva, se encontraban Sierra Leona y Seychelles. A principios de agosto, durante el estallido del virus del Ébola en África Occidental,  Sierra Leona debía desplazarse a Seychelles para certificar su pase después del 2 a 0 favorable en Freetown.  Un comunicado del Ministerio de Sanidad de Seychelles cayó como una bomba en el aeropuerto internacional de Nairobi. Alli, en Kenia, se encontraba la expedición de Sierra Leona dispuesta a volar hacia Seychelles para dar un paso más en su sueño de estar en una Copa África después de 18 años de ausencia debido a una guerra civil devastadora de la cual hoy aún intentan recuperarse. El mensaje fue conciso: “Seychelles no permite la entrada de la expedición sierraleonesa por miedo a una posible expansión del Ébola. Seychelles antepone la seguridad nacional  a cualquier competición deportiva”.  El miedo era real. Los Leone Stars estaban señalados.

Entre medidas de seguridad anti-ébola, escándalos internos en algunas de las grandes federaciones y el proceso de regeneración en la era post Drogba y Eto’o ha transcurrido la fase de grupos definitiva que debía designar las quince selecciones que debían acompañar a la anfitriona Marruecos en la gran fiesta del fútbol africano.

El Ministerio de Sanidad de Marruecos, para sorpresa general, lanzó un comunicado en el que pedía a la CAF un aplazamiento de la Copa de África por motivos de seguridad. “Un país tan dependiente del turismo no puede correr ningún riesgo”, argumentaban las autoridades sanitarias del país norte africano. La CAF, que ya había cerrado suculentos contratos de patrocinio para el torneo, no podía aceptar un aplazamiento. La Copa de África debía disputarse imperiosamente en las fechas previstas: 17 de enero a 8 de febrero. Ante la imposibilidad de encontrar un punto de encuentro, la CAF, inflexible con las conductas que perturben el  funcionamiento normal del fútbol africano, decidió descalificar a Marruecos para las próximas tres ediciones y buscar una nueva sede. Ningún país norteafricano quiso albergar el máximo torneo continental para no fomentar la imagen de negligencia frente a su propia población. Tampoco asumieron esa responsabilidad Ghana ni Sudáfrica, que ya celebró la Copa África 2013 debido a los conflictos bélicos en Libia, sede inicial. Isaa Hayatou, presidente de la CAF, voló rumbo a Malabo, buscando una tabla de salvación, un refugio donde resguardarse. Guinea Ecuatorial, en un gesto de buena fe, accedió a las peticiones desesperadas de Hayatou. De este modo, Nzalang Nacional quedaba absuelta de la descalificación y volvía a una Copa África tres años después de aquel torneo coorganizado con la vecina Gabón.

LOS GRUPOS

El grupo A puede parecer el de menor calidad, si es que los análisis previos sirven de algo en África. La anfitriona, Guinea Ecuatorial, deberá rehacerse de un largo periodo de inactividad  a causa de aquella descalificación. Se espera que Juvenal, Nsue y Balboa vuelvan a coger las riendas del equipo ahora dirigido por Esteban Becker.  Gabón tiene un plan claro: organizar un buen sistema defensivo alrededor de su portero, Didier Ovono, y hacer llegar el balón en las mejores condiciones a ‘La Pantera’ Pierre-Emerik Aubameyang. Otro país vecino, Congo, también está encuadrado en este primer grupo. Gracias a una columna vertebral férrea compuesta por N’ganga, atrás, Oniangué, en la zona ancha, y Thievy Bifouma como estilete arriba, ha conseguido sacar del camino a Sudán y a Nigeria, actual campeón. El subcampeón en 2013, Burkina Faso, es el equipo más potente del grupo. Desde Bakary Koné, pasando por Charles Kaboré, Alain y Bertrand Traoré, Jonathan Zongo o Aristide Bancé, componen un elenco de futbolistas de primer nivel continental, todos bajo la batuta del mago Jonathan Pitroipa.

Existen grupos duros, grupos muy duros, grupos ‘de la muerte’ y después, muy por delante, está el grupo C, con Argelia, Senegal, Ghana y Sudáfrica

El estado de ánimo exultante es el denominador común en el grupo B. Zambia, campeón en 2012, ha acabado la fase de clasificación de forma brillante tras un inicio dubitativo. El talento de Emmanuel Mayuka y Rainford Kalaba es el faro que ilumina a los Chipolopolos. Túnez vuelve a creer. Ha pasado más de una década desde que se alzó con el título continental.  Desde entonces, buenas intenciones y pocos resultados. Chikhaoui llevará el timón en el centro del campo para que Msakni explote su instinto en ataque. Cabo Verde sigue creciendo. Dejó una grata impresión en la última Copa África y sólo un problema administrativo le privó de luchar por estar en el pasado Mundial. Es el momento de que Djaniny, Platini y Garry Rodrigues exploten definitivamente. ‘Los Leopardos’ de la RD del Congo accedieron a la fase final como el mejor tercero de los siete grupos. Mongongu, en el eje defensivo, y Mulumbu, en el centro del campo, son los pilares sobre los que se sustenta la velocidad endiablada de Bolasie y Bokila. Se espera, además, que vuelva Mbokani después de la lesión.

Existen grupos duros, grupos muy duros, grupos ‘de la muerte’ y después, muy por delante, está el grupo C. Cuatro gigantes continentales en busca de dos plazas. Argelia, el quipo más sólido de África, parte con la etiqueta de favorito. Después de un notable Mundial en 2014 de la mano del técnico balcánico Vahid Halilodzic y una fase de clasificación holgada con Gourcouff, los ‘Zorros del Desierto’ presentan una fiabilidad poco común.  Esa solidez, añadida a la calidad extra que tienen en tres cuartos de campo con Feghouli, Brahimi, Djabou, hace de Argelia un serio aspirante al título. Senegal está viviendo un buen momento. Un paseo militar por la fase de grupos y un abanico atacante que quita el hipo: Demba Ba, Papis Cissé, Biram Diuof, Moussa Sow, Sadio Mané y Diafra Sakho. Casi nada. Ghana debe rehacerse. Ha sufrido más de la cuenta en la clasificación, salpicada por el escándalo de las primas durante el Mundial. Atsu, Badu y André Ayew serán el principal apoyo para que Asamoah Gyan vuelva a brillar en una competición corta. Sudáfrica ha vuelto. Shakes Mashaba ha diseñado una máquina implacable de contragolpear, con la ejecución inmisericorde de Rantie, protagonista en la clasificación de los Bafana Bafana.

En el grupo D destaca la nueva Camerún. Volker Finke, milagrosamente ratificado en su cargo después del esperpento mundialista, ha aprendido a vivir sin Eto’o, Webó y Makoun (retirados de la selección) ni el castigado Alex Song. Fabrice Ondoa es dueño y señor de la  portería a raíz de dos actuaciones brillantes con la sub20. En el centro de la defensa se ha consolidado uno de los centrales con más proyección a nivel mundial, el heredero natural de Rigobert Song: N’Kolou. Junto a él se erige, imponente, un Stephane Mbia que ya luce galones de capitán. Arriba, el buen momento de Choupo-Moting y el aire fresco de Njie y, sobre todo, Vincent ‘La Perla Negra’ Aboubakar han dado el pase a Camerún con actuaciones memorables. También está en el grupo Costa de Marfil, cómplice de Camerún en ‘La vergüenza de Abidjan’, en la que los ‘Elefantes’ dejaron correr el tiempo para firmar un empate que les clasificaba. Hervé Renard no ha sabido encontrar la solidez en una defensa que hace aguas.  Sin embargo, el poderío ofensivo de Yaya, Gervinho, Bony y Kalou le da a Costa de Marfil para golpear al rival. Guinea, en una de las mayores gestas del fútbol moderno, se ha clasificado jugando sus partidos como local en Casablanca, terreno neutral. Ibrahima Traoré y Soumah serán sus referentes. Seydou Keita estará en otro gran torneo. Junto a Yatabaré, es  la gran esperanza malí.