El tiempo pasa, el mundo gira y el deporte cambia para adaptarse al presente y asomarse al futuro. Son muchos los matices del juego que se han ido transformando y perfeccionando con los años, pero hay una de esas tendencias que brilla con especial clarividencia: en el fútbol de hoy ya no se corre como en el de antes. No es exactamente que se corra más o mejor. Es que se corre diferente. O que ya no lo vemos igual. Ahora cualquier espectador puede apreciar en una carrera en el campo la misma belleza que antes parecía reservada a un regate, una asistencia o un gol. Hemos pluralizado el gusto. ¿Cuántas veces, últimamente, nos ha asombrado una jugada por la velocidad en la que fue ejecutada? Haced memoria; unas cuantas, desde luego. Ya no estamos hechos solo para que nos impacten una finta al portero o un disparo a la red: ahora también podemos quedar maravillados por el feroz esprint de un jugador que ha conseguido atravesar el terreno de juego sin que nadie pudiera atraparle.

Imaginemos la acción. El atacante recibe un balón inofensivo en los aledaños del círculo central, con un toque sutil lo envenena de repente al convertirlo en un autopase, y a partir de ahí enciende el turbo para superar a una mole de adversarios tras un galope prodigioso. Tanta energía desprende esta escena común, que algunos, cuando volvemos a verla en un encuentro, deseamos que el terreno de juego no se acabe nunca para que el delantero no llegue a su destino. Sobran los contrincantes, las porterías, el estadio. Es suficiente con verlo correr. Nos fascina esa exhibición de fuerza, potencia y explosividad, tres cualidades que por otra parte nunca se habían aplaudido tanto en el fútbol como ahora.

Después de todo, el fútbol ha ido evolucionando a lo largo de la historia al ritmo que lo hacían los movimientos de sus ejecutores. Todos los avances que ha reflejado el juego, todos los ajustes que se han introducido, siempre han perseguido un mismo fin: que las cosas sucedieran cada vez más deprisa en el césped. Eso no significa expresamente que los futbolistas tengan que ser más rápidos; se trata más bien de que sepan aplicar con mayor rapidez las consignas de sus entrenadores. Que estén preparados física y mentalmente para que sus equipos compitan a más revoluciones.

Conceptos como la velocidad instantánea, la agilidad y el instinto están íntimamente relacionados con esa deriva frenética que van tomando los acontecimientos en el campo. Por este motivo, con la intención de asegurar esas tres cualidades en sus deportistas, adidas acaba de lanzar la X Speedflow

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, una bota que aterriza en el mercado para asegurarle al jugador que en sus pies tiene la posibilidad de redefinir 
el concepto de velocidad en el fútbol. Aunque, más allá de las distintas innovaciones que plantea la X Speedflow, lo que se propone por encima de todo adidas con esta bota es que el futbolista que la vista tenga cero distracciones sobre el verde. Porque, para que su estado de ánimo sea el propicio para correr, competir y jugar mejor que el adversario, el jugador debe contar con un atributo externo a su cuerpo que le garantice tranquilidad y confianza. Nos referimos a la psicología de Speedfulness: un modo de ayudar a los deportistas a consolidar su mentalidad para que puedan proyectarse en el césped con la máxima velocidad posible.

 

Ya no estamos hechos solo para que nos impacten una finta al portero o un disparo a la red: ahora también podemos quedar maravillados por el feroz esprint de un jugador

 

En la actualidad es difícil concebir una estrella que no incluya entre sus virtudes la de ser capaz de romper un partido con una acción vertiginosa. Benzema ya ha demostrado que puede. Y qué decir de Salah. O de Messi, que en muchas ocasiones nos ha demostrado que andar es otra manera de ir rapidísimo. Son buenos, o buenísimos, porque cuando recogen el balón no es el marcador sino el fútbol el que echa a correr detrás de ellos.

Si se disparan, es imposible no mirarles. Impresionan.

Una vez, un periodista, abrumado por una de sus actuaciones, le preguntó al exjugador chileno Héctor Puebla: “Y usted, ¿cómo lo hace para correr tanto? ¿cuántos pulmones tiene?”, a lo que el entrevistado, tratando de ser honesto, respondió: “Bueno… Uno, como toda la gente, ¿no?”.


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Fotografía de Imago.