Patrick Kluivert tuvo en sus botas la última gran euforia ‘ajaccied’ en Europa. Agonizaba ya el descuento en el antiguo Praterstadion de Viena (hoy rebautizado como Ernst Happel), cuando ese imberbe de 18 primaveras, que recién había entrado al campo, alargó lo inimaginable su pierna izquierda para culminar un gol histórico. Des de ese día, el nombre del muchacho no volvería a sonar desconocido, como el de ninguno de sus compañeros. La Copa de Europa de 1995 se fue para Ámsterdam, y desde entonces no ha vuelto a emprender el mismo camino. No hablamos de tiempos tan remotos, aunque para el Ajax da la sensación de haber pasado un mundo desde entonces. Aquel último proyecto triunfal, capitaneado por Louis Van Gaal, se desmembró como tantos otros, pero esta vez no hubo cimentación de nuevas réplicas. El Ajax ha cambiado más en estos últimos 15 años que en los anteriores 100 que constituyeron su hegemónica historia. Un par de detalles más de aquella final que conviene recuperar por el sentido que cobran en el día de hoy: el rival vencido fue el A.C Milan, y en once del conjunto holandés figuraban dos hermanos de corte técnico y zancada elegante: los De Boer.

El Ajax ha cambiado más en estos últimos 15 años que en los anteriores 100 que constituyeron su hegemónica historia

Aquella gesta, la última, tuvo lugar cinco años antes de que el club celebrara su centenario. Durante ese tiempo, y aunque no se vivieron nuevos capítulos épicos de tanta magnitud, el Ajax pudo mantener parte de su prestigio (llegó a la final de Roma en el 96, que perdió ante la Juventus), sobre todo al tratar de mantener todo lo que pudo a algunos miembros de la generación campeona (aparte de los mencionados, también se dieron a conocer otros como Overmars, Reiziger, Seedorf, Van der Sar o el finlandés Litmanen). Pero cuando llegó la fecha señalada, una especie de maldición se ciñó sobre el Ámsterdam Arena. El curso del aniversario se clausuró en blanco, ni tan siquiera con algún título nacional. Y desde entonces se asistió a un declive considerable, ejemplificado en la pérdida de peso progresivo de la entidad en Europa. La cota más alta fueron los cuartos de final de la Champions League de 2003, y la última destacable, los octavos de 2006. Desde ese momento, siempre que los ‘ajaccied’ han participado en la máxima competición continental, sus aspiraciones han terminado en la liguilla inicial del torneo.

Esta noche el club tiene la oportunidad de romper con las malas costumbres y acceder a las eliminatorias definitivas. Pero el pasado reciente fuerza a pensar que, si lo consigue, la hazaña será vista como una sorpresa. El Ajax hace más de una década que ha perdido el poder intimidatorio que antaño poseía. El aspecto de la institución ha cambiado por completo, en parte por su política deportiva. No es que los holandeses no fueran antes un claro exportador de talento, sino que ahora la venta de esos nuevos valores se fragua mucho más precozmente, cuando los jóvenes que destacan son vendidos a más corta edad y a más bajo coste, algo que acaba afectando a su propia trayectoria personal.

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Un duelo con morbo

El equipo visitante llega al partido decisivo de San Siro espoleado por la victoria en la jornada anterior ante el Barcelona del Tata Martino, en la que dejó un primer tiempo de juego asombroso. Además, todavía escuece el desenlace del partido de ida ante los italianos, en el que el Milan recató dos puntos con polémica al empatar en el último minuto con gol de Balotelli, tras un penalti injusto que despertó la indignación de los aficionados holandeses.

Los ingredientes morbosos del choque no acaban ahí. Para el reivindicado entrenador visitante, el duelo tendrá un sabor especial. San Siro fue el escenario en el que debutó en los banquillos del Ajax. De Boer vuelve a un origen que le trae recuerdos complacientes. Aquel 8 de diciembree de 2010, los ‘tulipanes’ hicieron sonar la flauta con un sólido 0 a 2 a su favor. Era el último envite de la liguilla, y esa victoria les permitió salvar los muebles y al menos sellar su presencia en la ya rebautizada Europa League.

Para más inri, Ámsterdam y Milán siempre han sido dos hogares unidos futbolísticamente por muchas situaciones. Sobre todo a la hora de hablar de traspasos sonados. No hay que olvidar que durante la época más dorada de la historia ‘rossonera’, el club italiano se sirvió de la calidad de dos figuras moldeadas en el Ajax: Frank Rijkaard y Marco van Basten. Y más tarde se viviría un caso similar con la llegada de Clarence Seedorf, que también acabaría marchándose por la puerta grande de la entidad de Berlusconi. Y cómo olvidar el capítulo que abrió el presente artículo: la final de Viena de finales del siglo pasado decidida en el último suspiro.

Pero ni la historia más lejana ni los recuerdos más presentes van a influir hoy en el devenir de los acontecimientos. Milán y Ajax se la juegan. Con el Barcelona pendiente sólo de lograr el liderato del grupo y con el Celtic sin nada ya por lo que competir, el foco de atención del desenlace del Grupo H recae sobre San Siro. Quien gane, accede a los octavos. Y el empate está a favor de los intereses locales. Por unos instantes solo importará el presente. Ahora solo hace falta contemplar qué suerte les tiene reservado el destino a ambos conjuntos, que si de algo van sobrados es de historia.