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Silencio, por favor, va a sonar el himno de la Champions

En el césped, en la grada o en el sofá de casa. No importa el lugar. Cuando el encargado presiona el play y suena la primera nota del himno de la Champions, alcanzamos el Nirvana

himno champions

Es miércoles, he dormido poco, me encuentro mal, se me ha quemado la comida, y he vuelto a faltar al gimnasio tras prometerme -por enésima vez- que no volvería a ocurrir. Hay semanas en las que necesito una dosis de panacea universal, esa mítica medicina capaz de curar todos los males. Voy a la farmacia, me explican que eso no existe pero, cual autómata, pico como un pardillo y termino comprando un medicamento sacado -de manera aparentemente aleatoria- de un cajón kilométrico que, según me cuentan, me irá “de perlas”. Durante años, especialmente en la Edad Media, alquimistas de todo el mundo anduvieron como locos en búsqueda de este mágico remedio sin alcanzar jamás el antídoto anhelado. Dudo de que llegue a abrir lo que me han endosado. 

Es miércoles, he dormido poco, me encuentro mal, se me ha quemado la comida, y he vuelto a faltar al gimnasio tras prometerme -por décima vez- que no volvería a ocurrir. Pero me doy cuenta que los aficionados al fútbol tenemos nuestra propia panacea para contrarrestar las desventuras de las fatigosas rutinas intersemanales. Es noche de Champions. El prospecto detalla una especie de ritual que nos permite adentrarnos en una atmósfera hipnótica de efecto inmediato. 20:45h, el sol se ha puesto, pero aún se ven las nubes. Ropa holgada, sofá cómodo, aceitunas rellenas, patatas de bolsa, pizzas precocinadas y, si puede ser, también amigos. Comienza la noche de las estrellas. Comienza la Liga de Campeones. Saltan los 22 jugadores al césped y, junto a ellos, otros tantos niños íntegramente vestidos del equipo rival del futbolista al que acompañan y una indisimulable emoción que inunda sus rostros. El logo de la competición ondea en el centro del campo. Todo está preparado para el momento sagrado, el instante en que la mente de los presentes sufre un viaje astral y la panacea inicia su efecto. Silencio, por favor, va a sonar el himno de la UEFA Champions League, la liturgia del fútbol, la melodía que informa de que este será un partido especial. A partir de ahora y hasta dentro de 90 minutos, los problemas mundanos quedan en un segundo plano. 

Grandilocuente y majestuoso, es el himno del fútbol. Amado por todos y odiado por nadie, se inyecta en la piel de quien lo escucha desde la primera nota. Con un cautivador crescendo, una musicalidad estremecedora y la solemnidad que ofrece el coro combinado con su factura clásica, el himno de la Champions se convierte en un hito musical de dimensión guerrillera, religiosa, que permite identificarlo desde cualquier parte del planeta y que, sin importar el idioma de su composición, logra transmitir la enormidad del acontecimiento. El televisor no me deja subir más el volumen, quizás no entiende la importancia de ese momento que te conecta con los mejores jugadores de Europa. El cámara pasa –agachado- por delante de los futbolistas, encantados por la música igual que los ratones en el Flautista de Hamelín. Hay quienes rezan, mascan chicle, se frotan las manos, resoplan, balancean su cadera con los brazos en jarra, miran fijamente al objetivo o le sonríen de forma irónica. Cristiano hornagueaba su lengua, Ronaldinho se relamía los labios, Robben mandaba besos a la cámara y yo sigo imitando los gestos en mis partidos regionales. Algunos convencen a sus parejas para que esta bella composición suene en sus bodas, en el vals o en la entrada. Pero que suene el padrenuestro del fútbol europeo. Yo no lo descarto.  

 

Grandilocuente y majestuoso, es el himno del fútbol. Amado por todos y odiado por nadie, se inyecta en la piel de quien lo escucha desde la primera nota

 

EL ORIGEN DEL HIMNO DE LA CHAMPIONS

Para conocer el origen de esta magnánima composición musical debemos remontarnos un siglo y medio antes de la aparición del fútbol. En 1727, el compositor alemán Georg Friedrich Händel, director a la sazón de la prestigiosa Royal Academy of Music, recibió el encargo de componer el himno para la coronación del rey sucesor de Jorge I de Gran Bretaña, su primogénito, Jorge II. Hëndel bautizó como Coronation Anthems a esta obra compuesta por cuatro himnos basados en textos bíblicos. El día de la coronación fue un éxito, la música también. Y el público quedó especialmente impactado con una de las cuatro partes: “Zadok, the Priest”. Tanto, que se ha ido repitiendo a lo largo de la historia, hasta sonar en la reciente proclamación del nuevo rey de Inglaterra, Carlos III.

Subidos al DeLorean de Regreso al Futuro, viajamos a 1992, el año de transición entre la añeja Copa de Europa y la actual Champions League. En esa época de cambio, la UEFA pidió al compositor -esta vez británico- Tony Britten la creación de un himno alejado de los típicos cantos de los hinchas que refleje la seriedad, el poder, el éxito y la grandeza de esta nueva competición. El músico aceptó el reto, apostó por la música clásica y se inspiró en ‘Zadok, the Priest’, presentando una versión adaptada a los tiempos actuales que corona el mayor espectáculo futbolístico y retumba en los mejores estadios de Europa. 

La letra se escribió en los tres idiomas oficiales de la UEFA y expresa la reunión del fútbol, una que congrega a los más grandes jugadores del planeta balompédico. ¿Para qué tararearlo, si podemos gritarlo?

“Ce sont les meilleures équipes (Estos son los mejores equipos)
Es sind die allerbesten Mannschaften (Estos son los mejores equipos)
The main event (El evento principal)
Die Meister (Los maestros)
Die Besten (Los mejores)
Les grandes équipes (Los grandes equipos)
The champions (Los campeones)

Une grande réunion (Una gran reunión)
Eine große sportliche Veranstaltung (Uno de los principales eventos)
The main event (El evento principal)
Die Meister (Los maestros)
Die Besten (Los mejores)
Les grandes équipes (Los grandes equipos)
The champions (Los campeones)

Ils sont les meilleurs (Ellos son los mejores)
Sie sind die Besten (Estos son los mejores)
These are the champions (Estos son los campeones)”

Los magos hablan de magia porque nadie más que ellos saben cuál es el truco. “Magia, es la que está por encima de todo. Cuando escuchas el himno te cautiva automáticamente. Tú simplemente quieres saber qué va a pasar”, comentó Zinedine Zidane sobre el himno. ¿De qué trata sino la musicoterapia? De cautivar a los oyentes, sanar a partir de la música y engendrar emociones, recuerdos. El verdadero lenguaje universal, que diría von Weber, y la vida sentimental de la mayoría de la gente, como definiría Leonard Cohen, en referencia a la música. 

 

“Magia, es la que está por encima de todo. Cuando escuchas el himno te cautiva automáticamente. Tú simplemente quieres saber qué va a pasar”, comentó  Zidane sobre el himno

 

Una emoción que se pudo hacer palpable en 2019 gracias al experimento Kit Beats, promulgado por uno de los sponsors de la competición. En él, los padres de esa treintena de niños que escuchan el himno junto a los futbolistas tan firmes como ellos, pudieron sentir el ritmo cardíaco de sus hijos. Se trata de un dispositivo que transmite a los progenitores el grado exacto de emoción que sus hijos perciben desde el césped, latido a latido, y que se divide en dos partes: una mide las pulsaciones de los afortunados presentes en la ceremonia inicial de la Champions y envía esa frecuencia cardíaca a una chaqueta que portan los padres y late tal y como lo hace el corazón de los niños en ese instante. Un momento mágico e irrepetible para estas familias.

El sábado, y por última vez esta temporada, los aficionados al fútbol tendremos una dosis especial de nuestra panacea universal. Una dosis extra, potente. Sonará el majestuoso himno en la final de la Champions. Cambiaremos la ropa holgada por nuestra mejor gala -siempre he estado más sexy con la camiseta de mi equipo-, las aceitunas rellenas por jamón de bellota y las pizzas precocinadas por unas gourmet con Burrata di Bufala y un Don Perignon. Y si nos sabe a poco, este verano recurriremos a Spotify hasta que vuelva a retumbar el próximo septiembre.

 


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Fotografía de Getty Images.