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Rodri, el ojito derecho de Pep

La pelota se trata con cariño. Pases finos, elegantes y entradas limpias. Se permite algún zarpazo, siempre con sentido. Rodrigo lo sabe, y eso nos encanta

“26 añitos, fiera”, habría que cantar si sumamos diez a la canción de Dani Martín. Se dice coloquialmente que ser un fiera consiste en ser una persona muy dedicada o hábil en algún aspecto. Ambas características definen a las mil maravillas lo que es hoy Rodrigo Hernández Cesante. El futbolista ‘citizen’ vive un gran momento en lo futbolístico. Se antepuso con nota a todas las críticas, nada empíricas, generadas cuando Luis Enrique decidió alinearlo como zaguero en Catar, y es uno de los intocables en el Manchester City. Un apóstol de Pep, pieza clave del engranaje que fabrica el mejor tiki-taka del mundo. El Willy Wonka de los ‘Skyblues’ está de dulce, repartiendo cupcakes a sus golosos compañeros.

Si la prolongación de Del Bosque en el campo era Busquets y la de Lucho, Ferrán Torres, según contó entre risas, quizás en broma, la de Guardiola es Rodri. Constructor exquisito de juego que ofrece, a la vez, una salida de balón limpia y una veloz circulación del esférico, sumado a su capacidad de abarcar un gran espacio de campo en tareas defensivas. El español reúne los mayores fetiches del técnico de Santpedor. Tan perversos, maniáticos y meticulosos como los de Christian Grey, disimulados por una personalidad serena en el día a día y que enganchan a todos aquellos que entran a su habitación, su vestuario. Por ello, desde que llegó a la lúgubre -o eso dicen- ciudad del norte de Inglaterra, en 2019, nadie ha jugado más partidos que él con la elástica azul cielo.

A Rodri le hubiese gustado escribir el prólogo del libro de Miquel Sanchis y Carlos Roberto Odio el fútbol moderno. No le importa lo que ocurra más allá del rectángulo de juego. El show mediático le aburre, no tiene redes sociales (hasta las abuelas se han abierto TikTok), ni tampoco tatuajes. Prefiere abstenerse de información redundante y aparcar por completo la faceta de celebridad. Otra de las cosas que ama Pep, quien lo querría como yerno. Tiene claro que ser futbolista conocido nunca sobrepasará al Rodri persona. La fama no le llena, ni la quiere fomentar. Prefiere leer o ver documentales a jugar a la Play Station, y canta e imita igual de bien. Terminó la carrera de ADE en Castellón siendo ya jugador del City y está muy comprometido con campañas solidarias. Y no, no soy una madre hablando de su hijo con las amigas, ni tampoco la biografía de su perfil de Tinder.

Rodri es el jugador favorito de los románticos. De los pocos que siguen jugando con la camiseta por dentro. Uno de esos futbolistas que rehúyen el espectáculo y terminan siendo espectaculares. Que no vistosos. Difícilmente lo verás ocupando portadas, nominado a grandes premios, ni con su nombre estampado en las espaldas de los aficionados. Hernández es para los eruditos del fútbol, los que saben valorar aquello que muy pocos aprecian. Rodri es como un cigarro para un fumador o un vaso de agua un día de resaca. Como el primer café del día o un plan de fútbol, amigos y pizza un sábado noche. Como una ducha caliente en invierno o una fría en verano. Algo sencillo e infravalorado, pero tremendamente placentero. Un cero a la derecha. También en utilidad.

 

Rodri es el jugador favorito de los románticos. De los pocos que siguen jugando con la camiseta por dentro. Uno de esos futbolistas que rehúyen el espectáculo y terminan siendo espectaculares

 

El Manchester City conforma una constelación que hace brillar una urbe lluviosa. Estas estrellas son muy bonitas de ver por sí solas, pero todavía deslumbran más cuando pasan a la acción. Muchos equipos las tienen, pero pocos cuentan con un eje que las conduzca y salvaguarde. Los astros ‘citizens’ forman una amalgama de ‘dieces’ con atributos similares y en constante movimiento. De Bruyne, Foden, Bernardo Silva, Grealish… son cuerpos igual de celestes que el color que visten. Pero hay una estrella, esa que colocas a lo alto del árbol de Navidad, de nombre Erling, que completa el círculo táctico de Guardiola. Rodri da equilibrio a todo lo que tiene por delante, siempre bien colocado, ha pulido sus puntos débiles -si se les puede llamar así- y ha fortalecido sus virtudes. Siempre ha destacado por su anticipación, por ser poderoso en el balón aéreo, capaz de robar sin ir al suelo y especialmente efectivo contra regateadores explosivos. A ello, ha sumado una mejor toma de decisión, con pases más efectivos y un menor tiempo de reflexión. Versado en la construcción del juego, resiste la presión desde múltiples ángulos y ha acrecentado sus recursos en los últimos metros. Los pases de ‘cuchara’ a la espalda de la defensa que sobrepasan bloques compactos son ya marca de la casa. 

No hay mayor elogio que ser considerado el sucesor de Busquets, y más aún, si la propia leyenda te bautiza como tal. Otro que, como Rodri, siempre es olvidado en las galas de premios individuales. A este ritmo, seremos nosotros quienes nos olvidemos de ellas. “Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla”, promulgó el filósofo español George Santayana. No sé si France Football y la FIFA cometerán el mismo error que con el mediocentro azulgrana. Dudo que a Rodri le importe. La historia que sí sabe y quiere volver a reproducir es la de seguir los preceptos de su predecesor, uno de los mejores de todos los tiempos en su posición. Rodrigo Hernández ya ha plantado los mimbres para ello, y tiene a su lado al mejor profesor posible, que le exige y le mima a partes iguales e incluso le llevaría consigo a Yonaguni: Pep Guardiola.

 


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Fotografía de Getty Images.