Aunque en Milán no están para tirar cohetes, no es ninguna mentira decir que es, junto a Turín, el centro neurálgico del fútbol italiano. Los dos clubes lombardos, Inter y Milan, y la Juventus han acaparado la mayoría de los éxitos balompédicos del país tanto dentro de las fronteras transalpinas como en sus aventuras por competiciones internacionales. De hecho, desde que Lazio y Roma conquistaran las ligas en el 2000 y el 2001, el Scudetto se ha hartado de recorrer los casi 150 kilómetros que separan a estas dos ciudades. Pero hace mucho tiempo, a principios del siglo XX, el trofeo de campeón de Italia no conocía ese trayecto, porque estaba obligado a quedarse en la ciudad de Vercelli, curiosamente, a medio camino entre Milán y Turín.

En tiempos del reinado de la casa de los Saboya, cuando aún estaba por llegar la dictadura de Il Duce y en Italia no sabían, ni se esperaban, que en unos años todo ese territorio acabaría siendo una república, ya entonces, el calcio contaba con una competición liguera. Se creó en 1898 y el Genoa fue su primer gran dominador hasta la irrupción del modesto equipo de la ciudad de Vercelli, que actualmente tiene unos 60.000 habitantes, aunque en esos tiempos contaba solo con la mitad. Fundada por un profesor de educación física de nombre Domenico Luppi, la Società Ginnastica Pro Vercelli no incluyó el fútbol entre sus actividades hasta 1903, once años después de su formación. En realidad, se había creado como una sociedad puramente gimnástica, pero el fútbol ya empezaba a arraigar en el país transalpino y después de acudir a una reunión en Turín, uno de los dirigentes de la entidad, Marcello Bertinetti, quedó encandilado de ese nuevo deporte y compró un balón de regreso a Vercelli para convencer al club de la creación de una nueva sección y para que sus deportistas practicaran su juego con los pies. Y así se sumaron al carro del calcio.

En 1907 ascendió a la Prima Categoria y al año siguiente se inició la historia de un equipo que, aún a día de hoy, puede presumir de ser uno de los más laureados del fútbol italiano.

En los orígenes balompédicos en Italia, el sur no tenía voz, voto ni equipos en la competición nacional. Mandaban los del norte y punto, era la liga de los conjuntos de la Lombardía, Liguria, Piamonte y cualquier región que se situara geográficamente por encima del río Tíber. Pese a esos ‘peros’, era considerado como un campeonato italiano en toda regla. Al fin y al cabo, aunque en sus primeras ediciones se podía contar el número de equipos con los dedos de una mano (fue incrementándose con el paso de los años, llegando incluso hasta más de 80 participantes en alguna edición), valía lo mismo que la Serie A actual con sus 20 equipos y sus 38 jornadas de cada curso. Significaba ser el mejor equipo del país.

En sus primeros años dentro de la Federación Italiana de Fútbol, los Bianche Casacche (Camisas Blancas), como se conoce al club de Vercelli, vivieron inmersos en la Seconda Categoria, aunque no necesitaron mucho tiempo para soñar con cotas más altas. En 1907 ascendió a la Prima Categoria y al año siguiente se inició la historia de un equipo que, aún a día de hoy, puede presumir de ser uno de los más laureados del fútbol italiano. Con Giovanni Innocenti bajo palos; Eugenio Salvaneschi y Vincenzo Celoria en la retaguardia; Guido Ara, Guiseppe Mila­no y Pietro Leone en la medular; y Romussi, Marcello Bertinetti, Vincenzo Fresia, Annibale Visconti y Carlo Rampini formando el ataque, en un sistema 2-3-4-1 sobre el césped. Estos eran los once habituales de un equipo sin un entrenador definido, aunque Bertinetti fuera el más próximo a desempeñar las funciones de técnico. Quizá no era un equipo plagado de grandes jugadores, pero la figura de Carlo Rampini —capitán, líder y goleador del equipo— dio a esa plantilla el plus necesario para convertir al equipo en un conjunto superior al resto.

El Pro Vercelli pidió a la Federación modificar la fecha de la final sin éxito y saltó al campo con jugadores de categorías inferiores en modo de protesta.

Tras ascender a la Prima Categoria, ese Pro Vercelli se adaptó rápidamente a las exigencias de jugar en la máxima categoría de Italia en 1908, en un campeonato marcado por la ausencia de algunos clubes habituales ante la imposibilidad de inscribir a futbolistas extranjeros en el torneo y que provocó la creación de un campeonato alternativo no reconocido por la Federación Italiana. En el torneo oficial, el Pro Vercelli pasó la eliminatoria previa de la región de Piamonte ante la Juventus con un empate a uno en Turín y un 2-0 de local. En la ronda final se enfrentó a la Unione Sportiva Milanese, que en 1928 se fusionó con el Inter de Milán, y al Andrea Doria, club de origen de la actual Sampdoria. Dos victorias y dos empates bastaron para que el Pro Vercelli se proclamase campeón de Italia por primera vez en su historia. Un título que daría paso a un dominio casi absoluto del conjunto piamontés durante más de una década en el calcio. En su segundo curso en la Prima Categoria, y esta vez como defensor del título, el Pro Vercelli vio como la lista de participantes incrementaba hasta nueve equipos tras la apertura del campeonato a jugadores foráneos, complicándose así un poco más la posibilidad de repetir el éxito logrado el año anterior. Pero ese equipo liderado por Carlo Rampini y con el fichaje de Carlo Corna para formar dupla de ataque con su tocayo, los Bianche Casacche se llevaron su segundo Scudetto consecutivo al batir al Genoa en las semifinales y a la Unione Sportiva Milanese en la final.

En la temporada siguiente, la 1909/10, la Federación Italiana dio una vuelta al formato de eliminatorias por regiones, para hacer un torneo similar al que se llevaba a cabo en Inglaterra, una liga de ida y vuelta semejante a la actual. Al finalizar las 16 jornadas, el Inter y el Pro Vercelli estaban empatados a 25 puntos y, aunque la diferencia de goles de los Rampini, Corna y compañía era superior a la de los milaneses, se decretó realizar un encuentro entre ambos para definir el campeón. El partido se debía jugar el 24 de abril, el mismo día que la selección italiana, que contaba con nueve futbolistas del Pro Vercelli, disputaba un torneo militar. Ante la coincidencia, el club pidió a la Federación modificar la fecha del encuentro sin éxito y el Pro Vercelli saltó al campo con jugadores de categorías inferiores en modo de protesta. El Inter se impuso 3-10 para ganar su primer Scudetto, privando a sus vecinos de Vercelli de conseguir el tercer campeonato consecutivo. Las dos siguientes ediciones volvieron a separarse por regiones. Los equipos de Piamonte, Lombardía y Liguria se disputaban un hueco en la final en una liguilla previa, del mismo modo que los equipos de Véneto y la Emilia-Romaña lo hacían en el otro grupo. El Pro Vercelli volvió a la senda de la victoria clasificándose en 1911 y 1912 para ambas finales, ganándolas primero contra el Vicenza y después contra el Venezia. Al año siguiente, ya con la inclusión de clubes del centro y el sur italianos, el Pro Vercelli ganó su último título contra la Lazio antes del parón del campeonato de fútbol italiano por culpa de la Primera Guerra Mundial en 1915, con los dos últimos Scudetti para Casale y Genoa.

Después de tres años de espera, en 1919 el calcio volvía a los estadios italianos tras finalizar la guerra. El primer Scudetto después de retomarse la actividad cayó en manos del Inter y los dos siguientes volvieron de nuevo al lugar en el que se habían acostumbrado a vivir desde 1908, en la pequeña ciudad de Vercelli. Esas fueron las dos últimas hazañas de un club que poco a poco fue diluyéndose hasta quedar en el olvido, con el único recuerdo destacable de ser el lugar donde Silvio Piola, uno de los mayores mitos del fútbol italiano y hombre que le pone nombre al estadio del Pro Vercelli, dio sus primeros pasos en la élite. Después de desaparecer en 2010 y reaparecer como Football Club Pro Vercelli 1892, en 2012 volvió a la Serie B, donde aún hoy permanece un humilde club que en su día fue el gran dominador del fútbol italiano.