Entre el 29 de abril de 1990 y el 30 de noviembre de 2015 van 25 años, siete meses y un día. En lo que va de una fecha a otra también cabe el fin de la historia de un mito, de una ciudad que no olvida, un agónico descenso, un resurgimiento. Maradona e Higuaín personifican para el Nápoles dos lideratos; el del ‘Pelusa’, conocido como el fin de la época más feliz de la historia de la ciudad sureña; el del ‘Pipita’, algo que invita a soñar con el principio de algo similar. Si durante el último cuarto de siglo Nápoles ha vivido del recuerdo, y así lo hace saber a cualquiera que pasea por sus calles, sus ciudadanos empiezan a sustituir los libros de historia por los periódicos del día. Por fin la realidad es tan apetecible como la memoria, contada, repasada y estudiada hasta la saciedad. Y, sin embargo, esa prensa del día nos remite inevitablemente al 29 de abril de 1990. Alguien está intentando emular a Maradona, dicen, y eso solo puede ser el preludio de algo muy bueno.

En abril se cumplieron 25 años de esa liga que perpetuó para siempre la relación Nápoles-Maradona, la culminación de un mito que se ganó el corazón de la ciudad rebelde antes de su caída definitiva. Fue, entre otras cosas, tan especial esa última vez porque muchos sabían que estaban presenciando la despedida anticipada del ’10’, él título postrero de su carrera, así como la última sonrisa azzurra. Aquella temporada 89-90 el Nápoles la había empezado como campeón de la Copa de la UEFA y con la llegada de  un entrenador, Alberto Bigon, que se estrenaba en San Paolo sin haber cosechado antes un título y con una experiencia más bien escasa en banquillos de primer nivel. También estaban los Ciro Ferrara, Alemao, Gianfranco Zola y Antonio Careca. Pero era, fue y será por encima de todo, el Nápoles de Maradona, quien acaparó todas las cámaras sobre el césped de San Paolo al son de un cántico partenopeo eufórico.

25 años después y con un escenario tan parecido al de principios de los años noventa, el Nápoles volvía a sentirse candidato al Scudetto

El pasado 30 de noviembre, cuando el Nápoles arrebató el liderato al Inter en el mismo coliseo sureño, la familia celeste volvió a dibujar una estampa que puso la piel de gallina. Daniel, el speaker de San Paolo, dirigía a 60.000 gargantas que celebraban al unísono el regreso a la primera posición del Calcio. Pepe Reina caía de rodillas ante su afición, alzaba los puños en alto y espetaba un grito de guerra que definía lo que había sido un agónico final de partido. El estadio, que restaba en su sitio aun con el pitido final del encuentro, entonaba una melodía que bien se sabía Higuaín, el argentino que restaba en medio del coro. Y en la sombra Sarri, ese entrenador casi desconocido, el hombre que un día dejó la prestigiosa banca italiana Montepaschi para dedicarse a entrenar. Para vivir momentos como ese. 25 años después y con un escenario tan parecido al de principios de los años noventa, el Nápoles volvía a sentirse candidato al Scudetto.

Sin embargo, tan solo siete días después de este baño de gloria, el Nápoles pudo cerciorarse de que no es aquel campeón de la UEFA y que Higuaín no es Maradona. Además de que, curiosamente, la actual Serie A resulta ser la liga más disputada de los últimos años, donde hasta tres squadras han presentado sus credenciales y una cuarta, la Juventus, cual fénix, va renaciendo de sus cenizas después de un inicio de liga pésimo. Así, la última jornada de liga el Bolonia bajó de la nube al Nápoles y concedió de nuevo el liderato al Inter. La única nota positiva de dicho encuentro fue el milagro que casi obra Higuaín, con un doblete en el último tramo del partido que no fue suficiente. Eso sí, fue esperanzador. Y recordatorio, una vez más, del astro argentino cuyo semblante engalana fachadas napolitanas.

De hecho, la principal razón del Nápoles para volver a creer en títulos es precisamente esa, el gol. Gonzalo Higuaín, capocanonniere indiscutible de esta Serie A no solo presume de los mejores registros goleadores, sino que es también el jugador más determinante del conjunto con diferencia. Ahora mismo, por ejemplo, ha marcado el doble de tantos de los que logró en las mismas jornadas las dos últimas dos temporadas. Y no solo eso, sino que si sumamos las dianas del ‘Pipita’ y su compañero Lorenzo Insigne, reparamos en que juntos superan los 18 goles de todo el plantel interista en lo que va de liga. A todo ello, podemos añadirle que los chicos de Maurizio Sarri han vencido a Juventus, Fiorentina, Milan e Inter en los encuentros más decisivos hasta hoy del campeonato regular. Pero si hay una competición en la que el Nápoles está siendo verdaderamente demoledor es en la Europa League, con pleno de victorias y un solo gol encajado por 17 a favor.

Con todo, el devenir del Nápoles solo dependerá de cómo afronte los próximos meses de fútbol. Por el momento, un nuevo encuentro de Europa League le espera esta tarde y un duelo de altura contra la Roma se dará cita el próximo domingo. Será en San Paolo, el mismo escenario donde, hace quince días, Maradona e Higuaín coincidieron en espacio y tiempo, donde 25 años se resumieron en un mismo grito partenopeo.

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