Aunque pueda parecer lo contrario, su caso no es el propio de un mediapunta reconvertido a la posición de mediocentro, como fuera el de Andrea Pirlo hace ya más tiempo con Carlo Ancelotti, sino el de un centrocampista que en su momento, debido a que aun era un futbolista demasiado incompleto, tuvo que adelantar unos metros su demarcación original para no exigir una adaptación completa por parte de sus equipos. Es decir, exactamente lo que también les pasó a los dos centrocampistas que dominaron la Champions League en los dos últimos lustros, Xavi Hernández (2008-2013) y Luka Modric (2013-2018).

Dos nombres que, además, sirven para ilustrar la ascendencia que puede terminar teniendo Miralem Pjanić en el siguiente lustro de la competición. Más allá de nivel y de comparaciones que no aportarían demasiado al debate, está una característica común que comparten los tres futbolistas: el control de los tiempos y las circunstancias. O lo que es lo mismo, la capacidad para entender y determinar cuándo, cómo y por qué acometer una acción en ese momento concreto del partido. O de la eliminatoria.

La dirección, la velocidad, el receptor, la zona. Para ellos todas estas cuestiones relacionadas con el pase son dependientes del contexto general del partido. Porque aunque una jugada pueda parecer la misma en un momento que en otro, la situación de la eliminatoria nunca lo es. La jugada, para ellos, nunca es el todo; es una parte. Y por tanto el pase no es un fin, sino un medio.

 

Para acabar de ser decisivo, Pjanić ha tenido que adelantar unos metros su demarcación. Exactamente lo que también les pasó a los dos centrocampistas que dominaron la Champions en los dos últimos lustros, Xavi Hernández y Luka Modric

 

Esto es algo que se aprende y desarrolla con los años. Porque cuando apareció Miralem Pjanić en la máxima escena del fútbol continental era un mero lanzador. Un gran lanzador, sí, pero todavía no más que eso. Poco importaba que jugara de mediapunta o de interior acompañando a Toulalan, siempre hacía lo mismo: buscar la primera opción que pudiese dañar de la forma más directa posible al contrario. Pero obviamente, esto no siempre es lo ideal. Ni siquiera cuando tienes una gama de golpeo de balón tan variada y exquisita como siempre ha tenido el centrocampista bosnio.

Con el paso del tiempo, Miralem se ha convertido en un director de orquesta como no hay tantos, ni en cantidad ni en calidad, en el contexto europeo. Su capacidad para juntar al equipo al ritmo que desea la Juventus, que no es precisamente el más alto ni de Italia ni de Europa, está permitiendo engarzar todo lo mejor que tiene Allegri a su disposición. Porque más allá de dibujos, sistemas y movimientos, lo más importante es que ahora mismo la Juventus tiene a un superdotado en cada altura del terreno de juego. Pocos como Bonucci para salir, pocos como Dybala para acelerar y menos como Cristiano para finalizar. Y el nexo de ellos es, por supuesto, su director, Miralem Pjanić.

Ahora, a sus 28 años, la edad en la que los grandes centrocampistas explotan, Pjanić es un jugador que comprende todo lo que sucede a su alrededor. Sabe cuándo acercarse al balón para auxiliar, pero también cuando la mejor manera ayudar al compañero para salir es alejarse y ofrecer una línea de pase a espaldas de la presión a Bonucci. Sabe cuándo sí y cuándo no buscar a Cristiano Ronaldo entre líneas. Sabe cómo orientarse para recibir, controlar y pasar. Sabe dónde ir y a quién buscar en cada momento. Miralem Pjanić ahora lo sabe todo… Salvo una cosa: ganar. Porque en el fútbol del Siglo XXI lo que convierte a un gran jugador en uno magnífico es la Champions. Y a Pjanić, aunque no le faltan exhibiciones, porque ya las ha dejado, todavía le queda ganarla. En cuanto lo haga, si es que consigue hacerlo, subirá el único escalón que le falta.